Entre la cruz y la espada

 

El yihadista que tomó rehenes el 23 de marzo en el supermercado de Trèbes, después de haber matado al hombre a quien robó el coche y haber disparado contra gendarmes por la calle, degolló al coronel de gendarmería Beltrame. Pues en los canales de televisión y radio, eso se ha presentado como “graves heridas al cuello”, conforme al comunicado del Gobierno. No vaya a ser que los franceses se enteren que este hombre heroico ha sido degollado en tierra de Francia tal y como hacen los de Daesh en Iraq y Siria.

El presidente del partido de Emmanuel Macron, el insoportable Christophe Castaner, declaró en televisión que el terrorista no era “alguien que haya entrado en la radicalidad religiosa. Estamos ante un golfo de barrio que, habiendo recibido una convocación a un tribunal, pierde la cabeza y se cree que va a obtener redención con el terrorismo, el radicalismo islamista”.

Un auténtico yihadista debe ser un salafista puro que no bebe, reza todo el día, y no es delincuente

Es decir: un auténtico yihadista debe ser un salafista puro que no bebe, que reza todo el día, y no puede ser un delincuente. Un tío riguroso y creyente como el modelo de ciudadano honesto vendido por Arabia Saudí. Pero entonces, si es buen creyente, ¿cómo puede ser un terrorista?

El líder de izquierdas Jean-Luc Mélenchon llegó a decir en televisión, hace unos meses, que un terrorista, al haber matado a gente, dejaba de ser musulmán. Así daba crédito al discurso oficial de aquellos imames que se lavan las manos respecto al estado de animo de una generación que han educado en el odio a la democracia, a las mujeres, a los derechos humanos y al país occidental en donde han nacido y viven.

Mélenchon ha hecho bonitas declaraciones homenajeando el valor y el ejemplo dado por el sacrificio del coronel de gendarmería Arnaud Beltrame, y ha condenado sin pelos en la lengua el escandaloso asesinato de Mireille Knoll. Pero nunca dice “terrorismo islamista”, ni “islam político” ni “islamismo”. Macron sí lo ha dicho. En su discurso en el funeral de Beltrame ha calificado con bastante claridad el fenómeno terrorista islamista y la difusión del radicalismo en un parte de la población francesa musulmana.

La verdad es que basta con escuchar lo que te cuenta tu policía y lo que te dicen las encuestas. También puedes estar atento a trabajos como el de Gilles Kepel, que describe cómo el tráfico de drogas y la violencia que impone están hermanados con el desarrollo del islamismo. También explica como el internacionalismo islamista, después de la derrota de Al Qaeda, favorece como nueva forma de lucha las acciones suicidas individuales, que necesitan pocos medios y casi nada de logística.

Pese a la explicación “clásica” de izquierdas, la exclusión económica no influye en la radicalización

En una encuesta de varios años recientemente publicada (La tentation radicale, Presses universitaires de France), los sociólogos Anne Muxuel y Olivier Galland han constatado que un 20% de los jóvenes de Francia que se definen musulmanes aceptan la idea de tomar las armas para defender su religión. Un 81% considera que la explicación religiosa del origen del mundo es la que vale, frente a un 27% de jóvenes cristianos que se lo creen. Los investigadores resaltan que, al contrario de la explicación “clásica” de izquierdas, la exclusión económica no influye en la radicalización; sí influye el sentimiento de discriminación y la aceptación de la violencia como modo de relacionarse en el ámbito social.

La izquierda no habla de la violencia y la inseguridad, temas que deja a la derecha desde hace treinta años, junto a la inmigración y la inseguridad cultural que la llegada masiva de extranjeros instala en el pueblo. Solo se queda con la explicación de la exclusión económica, y valora el discurso sobre la discriminación como un vehículo para movilizar a las categorías populares de origen inmigrante. Lo que pasa es que ese sentimiento de discriminación lo manipulan los imames en Francia – formados par Qatar, Arabia Saudí y Turquía – para atraer a los jóvenes al islamismo. Y llevamos décadas viendo a las fuerzas de izquierdas, alcaldes, concejales, sindicatos y partidos, hacerle guiños a esa gentuza.

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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