Entre la cruz y la espada

 

No es solo oportunismo o tacticismo, creo yo. Cuando Hugo Chávez consideraba a Mahmud Ahmadinejad, presidente iraní de extrema derecha, como su gran amigo, no lo hacía por oportunismo: se creía de verdad que los revolucionarios iraníes están en el bando de los buenos en la lucha antiimperialista (es decir, en contra de Estados Unidos, ya que Irán, Rusia, Turquía o China no pueden ser potencias imperialistas en tanto que se oponen a EE UU).

El discurso del Occidente – los malos – que ataca y discrimina al islam – los buenos – está anclado en el código fuente de toda la militancia de izquierda radical, después del derrumbe del movimiento comunista, gracias a treinta años de campamentos internacionales alter-mundialistas. En ese código fuente ha entrado el odio a la Ilustración por antioccidentalismo, al progreso científico asimilado al capitalismo y la destrucción del medio ambiente, a la medicina moderna asimilada a un complot de multinacionales farmacéuticas para envenenar a la gente (acuérdense de Tabo M’Beki, presidente de Sudáfrica después de Mandela, prohibiendo los antiretrovirales a los enfermos de SIDA, inmenso crimen aceptado por toda la izquierda).

Basta con tratar con odio a “los blancos” y a “Occidente colonial” para que no se te llame racista

Con la simpatía al “indigenismo” tenemos en Francia a Houria Bouteldja, fundadora del partido Indígenas de la República y cuyo libro Los blancos, los judíos y nosotros es un tratado de racismo, antisemitismo, odio a los homosexuales y apología del machismo en nombre de la raza y del islam. Pero basta con tratar con odio a “los blancos” y a “Occidente colonial” para que no se te llame racista, porque entonces eres “racializado” (“racisé”), es decir discriminado, y tus posiciones políticas ya no son fascistas sino que participan en la movida progresista “intersectional” y “decolonial”. Dicho así, bienvenido en la izquierda: gracias a esa neolengua – como bien decía Orwell – Bouteldja puede pasearse en reuniones, mítines y manifestaciones de izquierdas, presentada como activista antirracista. Y llamar a “descolonizar” Europa (es decir, borrar su identidad occidental y la Ilustración).

Danièle Obono, diputada de France insoumise, el partido de Mélenchon, reconoció que Bouteldja es una gran amiga y camarada de luchas progresistas. Mélenchon tuvo entonces que denunciar Bouteldja en una carta a la organización antirracista LICRA, y lo hizo de forma clarísima y contundente. Pero al mismo tiempo lanzó una campaña en defensa de “su” diputada Obono, acusando todo el que la criticara de racista (por ser negra).

El asesinato del coronel Beltrame no provoco únicamente homenajes al héroe. También hubo algún que otro militante de izquierda radical que se felicitó de que muriese un poli. Así se expresó un candidato de France insoumise, lo que obligó a Melenchon a expulsarlo y denunciarlo rotundamente. Pero vamos: ese militante, como algunos más (y la propia Obono) ¡no apareció ayer con tal discurso, para sorpresa de todos! El movimiento “La policía asesina”, que pretende denunciar la discriminación y la represión policial en las barriadas, lleva tiempo inmerso en las organizaciones que han dado tantos activistas a la “France insoumise” de Mélenchon.

Mélenchon fue acosado por militantes de la ultraderechista Liga de Defensa Judía, que protegían a Le Pen

El asesinato de Mireille Knoll ha provocado la organización de una manifestación en París. Mientras el hijo de la difunta llamaba a que se manifestara todo el que quisiera, las organizaciones de la comunidad judía controladas por la extrema derecha israelí – esencialmente el CRIF, que pretende representar oficialmente a la comunidad judía francesa – pidió prohibir que participaran Mélenchon y la ultraderechista Marine Le Pen. En la manifestación, Mélenchon y su grupo fueron acosados y expulsados por elementos violentos perteneciendo a la ultraderechista Liga de Defensa Judía. Los “militantes” de esa misma Liga hicieron lo contrario con Le Pen, protegiéndola durante parte del recorrido…

Eso ha sido una vergüenza. Pero, debo decirlo, me ha sorprendido que Mélenchon trajera consigo a Daniéle Obono y también a Clementine Autain, dos diputadas “insumisas” conocidas por sus amistades con Bouteldja, con el predicador Tariq Ramadan y con Marwan Muhammad (promotor de la lucha contra la “islamofobia”), personajes públicos abiertamente racistas y antisemitas que se pasean por los espacios de la extrema izquierda como por su casa. ¿Qué pretendía con eso? ¿Lavarle la cara a esos militantes y dirigentes? ¿Esos que dan espacio a activistas que preparan ideológicamente a los asesinos?

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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