Entre la cruz y la espada

 

Enfrente, el presidente Macron ha dado pasos enormes para desmantelar la laicidad republicana, pretendiendo acabar con un rasgo fundador de la identidad política y cultural de este país. Ante los clérigos católicos ha prometido hacer retroceder la separación de la Iglesia católica y del Estado (plasmada por ley en 1905). A los representantes de los Hermanos Musulmanes, que controlan la representación oficial del islam en Francia, ha prometido medios públicos para configurar un “islam de Francia” y ha prometido vigilar al “extremismo laico” – claro, esos laicos son peligrosos, basta con ver todos los atentados y crímenes cometidos por activistas laicos ¿no? – .

Para una próxima entrevista en televisión ha escogido como periodista a Edwy Plenel. Plenel, fundador del periódico digital Mediapart, es grandísimo amigo del predicador mediático Tariq Ramadan, y ha perpetrado un libro titulado “Para los musulmanes”, defendiendo que en la sociedad y en las leyes se acepten las normas de vida que quiere imponer el integrismo islamista… como muestra de progreso social.

Macron no ha hecho ni un gesto hacia los componentes de Charlie Hebdo, tres años después del atentado

Cuando, hace unos meses, Ramadan (actualmente encarcelado) fue acusado de violaciones y violencia sexual, el semanario Charlie Hebdo se mofó del predicador y de su amigo Plenel. Plenel contestó denunciando la “guerra contra los musulmanes” que llevan a cabo los redactores de Charlie. Hablamos de una redacción masacrada en enero de 2015 por una pareja terrorista en nombre de Daesh, después de meses de campaña implusada, entre otros, por Plenel y Mediapart, que denunciaban el supuesto racismo de ese semanal satírico anarquista. Y es ese personaje que Macron escoge para lucir en televisión.

Macron no ha hecho una visita, ni un gesto, hacia los componentes de Charlie Hebdo, tres años después del atentado. Macron no es Charlie. No quiere a esa República laica. No quiere a su pueblo libre. Tiene programada la liquidación del Estado de bienestar, y entonces necesita que su pueblo sea controlado por religiosos: católicos para los blancos, islamistas para los moros, sectas cristianas para los negros (y rabinos para los judíos que quieran quedarse, claro). Cuanta menos seguridad social, más clérigos y más misas.

Para tal programa, sabe que tiene a su oposición de izquierda, dirigida por Mélenchon, lastrada en su lucha por la laicidad porque aparece como anticatólica al ser tan complaciente con el islamismo, cuando es el islamismo el que ya ha transformado la vida de millones de franceses en las barriadas obreras y populares, imponiendo normas en el día a día parecidas a las de Egipto hoy (siendo las mujeres las que han sufrido el retroceso más grave y visible).

La izquierda cree que puede ganar mediante las luchas sociales, debiendo permitir que se olviden los atentados y la inseguridad cultural que tiene ese país enfermo. Esa es su gran debilidad.

El pueblo que se levantó con el lema “Je suis Charlie” sigue ahí, sigue en pie

Y es que Macron y su oposición de izquierda radical comparten al fin y al cabo la misma posición: no son Charlie. El pueblo de Francia inundó las calles de este país el 11 de enero con el lema “Je suis Charlie”, en la mayor concentración popular desde 1945, rechazando el islamismo y la pretensión de una religión de ordenar lo que se pueda decir y dibujar. Desde entonces, Macron y las demás fuerzas políticas francesas se empeñan en promover políticas contrarias a lo que el pueblo francés manifestó, a ver si olvida y se conforma con lo que hay.

Sin embargo, en la manifestación tras la muerte de Mireille Knoll he visto algo importantísimo. Hace doce años (asesinato de Ilan Halimi), hace seis años (matanza de Toulouse) e incluso hace tres años (matanza del Híper Cacher), las manifestaciones en contra de los crímenes antisemitas solo concentraban organizaciones y miembros de la “comunidad” judía. Pero el otro día en París, a pesar del CRIF y de la extrema derecha judía, la concentración se parecía a la del 11 de enero 2015: por primera vez no era comunitaria sino unitaria, con ciudadanas y ciudadanos de todo origen. Mostraba que el pueblo que se levantó con el lema “Je suis Charlie” sigue ahí, sigue en pie. Eso da esperanza, a pesar de los pesares.

·

© Alberto Arricruz |  18 Abril 2018 · Especial para M’Sur

¿Te ha interesado esta columna?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación única Quiero ser socia



manos

Página anterior 1 2 3 4

 
 

Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

Etiquetas

, ,

Artículos relacionados

Entre la cruz y la espada
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario