Siete años después de Tahrir

 

Analistas y observadores internacionales han tildado de pantomima estas elecciones, sin rivales reales y celebradas en medio de una creciente represión contra las voces críticas y los medios de comunicación. El único rostro que se repiteen miles de pancartas, vallas publicitarias y carteles repartidos por El Cairo, el el de Sisi.

El Gobierno “ha dejado muy claro que no hay espacio para la oposición, que cualquiera que le haga frente será neutralizado y que ha sido capaz de consolidar el poder hasta el punto de que no tiene rival ninguno”, sostiene Timothy Kaldas, investigador del Instituto Tahrir para Políticas de Oriente Medio (Timep). “Será una representación teatral, puesta en escena por el régimen para aparentar un mandato popular para la segunda legislatura de Sisi”, apunta Amy Hawthorne, investigadora del Proyecto sobre Democracia en Oriente Medio (POMED).

“No es mi culpa. Juro por Dios que desearía que hubiera más candidatos y que la gente eligiera a quien quisiera. Pero aún no estaban listos”, dijo Sisi en un discurso televisado.

“Sisi es el que nos salvó de ser una Siria, una Libia. Es un gran hombre e iré a votarle”

“Sisi es el que nos salvó de ser una Siria, una Libia. Es un gran hombre e iré a votarle”, comenta Yaya, tendero, en el popular barrio cairota de Bab al-Khalq. “Vamos a elegir a Al Sisi porque es la única opción para Egipto. Aunque hubiera más candidatos, le seguiría votando a él”, afirma sonriente Nura, acompañada de su madre en un colegio electoral del centro de la capital. Otros muestran hastío: “¿Para qué ir a votar? Si ya sabemos quién va a ganar”, dice Islam, un estudiante de 24 años.

“Si ya sabemos quién va a ganar, ¿por qué tanta publicidad? Ese dinero podría haber ido a algo más importante”, se lamenta Ahmed, taxista, mientras recorre el trayecto del aeropuerto al centro de El Cairo, jalonado de cientos de carteles con el rostro de Sisi, muchos de ellos pagados por empresarios privados.

“Se arreglará el agua y la electricidad del municipio que consiga mayor número de votos”

Ante la obvia desidia, y el llamamiento al boicot de más de 150 figuras políticas de la oposición, el Gobierno intentó atraer a los votantes mediante transporte gratuito, sobornos, regalos e incentivos. Según testimonios recogidos en las calles, se han ofrecido cantidades de 50 libras (2 euros, una suma atractiva en un país donde millones viven con menos dinero de este al día) o sacos de alimentos a quienes acudiesen a las urnas. La Comisión Nacional Electoral anunció que se impondrían multas de hasta 500 libras (23 euros) a quienes no fueran votar, una medida que, pese a estar en vigor desde 2014, no se llegó a aplicar en elecciones anteriores, como las parlamentarias de 2015.

En la provincia norteña de Beheira, la gobernadora declaró que se “arreglará el agua, sistema de residuos y electricidad del municipio que consiga el mayor número de votos”, como promesa de “premiar a aquellos que vengan (a los colegios electorales) en grandes cantidades”. En otras provincias se ofrecían incentivos similares en forma de inversiones.

La Iglesia copta, cuyo patriarca, Teodoro II, se declara ferviente admirador de Sisi, pidió ir a votar, y la institución islámica Dar el Ifta catalogó incluso de “antiislámico” no participar en los comicios. Todo en vano. La participación se quedó en el 41,5% de los casi 60 millones de ciudadanos inscritos en el censo electoral. Seis puntos menos que en las elecciones de 2014, cuando la participación llegó al 47,5%. Eso sí, Sisi se llevó el 97 % de los votos válidos, un porcentajo aún mayor que el de 2014 (96,7). Musa Mustafa Musa se hizo con menos del 3% de las papeletas, por detrás de los votos nulos, que alcanzaron el 7,3 % del total de papeletas, es decir 1,7 millones.

Los Hermanos Musulmanes, antes ilegales pero tolerados, sufren una represión “nunca vista” bajo Sisi

Quienes defienden el boicot a las elecciones han sido acusados de “filoislamistas” por políticos y periodistas afines al régimen. Y la acusación de “pertenencia a banda terrorista” ha sido utilizada con ligereza por la Justicia, muchas veces también contra activistas laicos o periodistas críticos con el gobierno, a los que así se asociaba a la oleada de atentados con bombas contra comisarías y puestos militares en 2013 y 2014, atribuidos a los Hermanos Musulmanes. Esta cofradía, fundada en 1928 por el clérigo Hassan Banna, y muy arraigada en la sociedad egipcia, con extensas redes sociales y de caridad, sufre una represión “nunca vista” bajo Sisi, afirman los analistas. En tiempos del presidente Mubarak se les toleraba en la clandestinidad, y en varias ocasiones pudieron presentar candidatos formalmente independientes a las elecciones parlamentarias, llegando a ganar en 2005 el 20% de los escaños.

Si los hermanos en 2011 capitalizaron las revueltas de inspiración democrática de Tahrir para ganar las elecciones de 2012 con Mohamed Morsi, ahora han sido prácticamente descabezados. Miles de simpatizantes de Morsi murieron en 2013 en el desalojo de la plaza de Rabaa, donde protestaban contra el golpe militar de Sisi, y otros miles se hacinan en las cárceles, incluido el expresidente Morsi, condenado a varias cadenas perpetuas.

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Acerca del autor

Alicia Alamillos

@Ali_Arena

Periodista (Córdoba, 1992). Tras pasar por la mesa Internacional de ABC y...

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