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Hizbulá ha jugado bien su carta, mostrando unidad mediante la voz omnipresente del secretario general, Hassan Nasrallah. Ha conseguido que durante la campaña electoral se han obviado totalmente asuntos espinosos, como el nunca realizado desarme de la milicia de Hizbulá o su injerencia, al margen del Gobierno, en Siria.

Parece incluso que su apoyo a Asad y el freno que los milicianos libaneses han puesto al avance del Frente Nusra y otros grupos yihadistas cuando se acercaban a la frontera libanesa, han subido su popularidad. Y si vuelve a atraer a Aoun, el partido-milicia chií, que sube de 14 a 15 diputados, volvería a tener influencia suficiente para vetar una política que no sea favorable a Irán.

Encaje de bolillos

Los libaneses que sí fueron a votar tuvieron que hacer un ejercicio de equilibrista. En los hacinados pasillos de los colegios electorales donde había más miembros de las fuerzas de seguridad que ciudadanos, los votantes cargados de paciencia buscaban su nombre entre las listas colgadas con chinchetas en un panel, mientras los policías le daban a uno sin querer con la culata del rifle.

Algunos partidos se alían en unos distritos electorales y compiten en otros

Antes de entrar a los propios colegios, los voluntarios de cada partido, atrincherados tras mesas y sillas de plástico cubiertos con toldos y rodeados de cajas apiladas de botellas de agua, galletas y zumos de fruta, explicaban sin mucho éxito el nuevo sistema electoral proporcional y el concepto del voto preferencial. Muchos al final decididieron poner la cruz junto a la foto del candidato que conocen, y listo.

Al ya escaso entusiasmo se añade la reforma electoral, poco comprendida: el cambio de un sistema mayoritario a uno proporcional. En teoría debería significar una ruptura con el patrón tradicional de poder que se dividía durante la última década en dos grupos mayoritarios parlamentarios y rivales: la coalición del 14 de Marzo, encabezada por Saad Hariri y la del 8 de Marzo, liderada por los bloques de Hizbulá y Michel Aoun.

Los 128 escaños, divididos en partes iguales entre cristianos y musulmanes (bloque en el que se integran los drusos) están subdivididos entre las diferentes ramas de cada religión. En el entramado sociorreligioso de este diminuto país de 4 millones de habitantes con 18 confesiones reconocidas y 15 estatus civiles, acorde a estas, el sistema electoral es un auténtico encaje de bolillos.

Pero a excepción de la alianza de Hizbulá y Amal, ambos de electorado chií, las grandes fuerzas políticas no han formado listas electorales conjuntas a nivel nacional. Algunos se alían en unos distritos electorales y compiten en otros, dependiendo de los intereses personales. El resultado favorece el clientelismo para comprar votos, que desanima incluso a quienes venían entusiasmados.

“Yo, la verdad, no sé a quien voy a votar. Ninguna lista me convence”

“Estoy emocionada de poder votar. Somos muchos jóvenes los que queremos participar en el proceso democrático de nuestro país, pero el problema es que a los independientes no les dan voz”, explica Sara, una joven ciudadana, en un colegio electoral de Hamra, un barrio beirutí que es feudo de Hariri. “Yo, la verdad, no sé a quien voy a votar. Ninguna lista me convence. Aquí en mi distrito de nueve listas solo hay dos candidatos independientes y no los conozco”.

Sara habla en un colegio electoral femenino, donde la mayoría de las votantes llegan acompañadas de sus hijos, esperando a que el marido acabe de votar en el colegio de enfrente. En Líbano, votar es como ir al baño: los ciudadanos se separan por sexos. No es una innovación sino una norma de toda la vida, explica Begoña Lasagabaster, coordinadora en íbano de ONU Mujeres.

Esta norma, nada habitual en países oficialmente islámicos – Libano mantiene una estudiada división multirreligiosa, pero no es laica – quizás haya influido en el escasísimo número de mujeres parlamentarias, muy por debajo del de otros países de la zona: un 3 por ciento, cuando un 56 por ciento de las mujeres tiene educación secundaria y un 23 por ciento participa en el mercado laboral.

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Acerca del autor

Ethel Bonet

@Qarnabit

Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.
Ha estudiado Filología Árabe en Alicante...

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