«ETA tenía un trato reverencial con la Iglesia Católica»

Jon Juaristi

 

Usted conoció la universidad vasca como catedrático. ¿Era el nido de abertzales que se ha dicho alguna vez?

No era una situación cómoda, a partir del 96-97 creo que fui el primer profesor al que pusieron escolta. En el 97 me fui a Nueva York, en el 98 a Sevilla, y cuando volví ya no podía dar clase. La situación se había vuelto tan tensa e irrespirable que me fui a Madrid. Pero tampoco quiero exagerar. La Facultad de Vitoria no era la peor, aunque sí había un continuo hostigamiento a los profesores no nacionalistas: a Xema Portillo le quemaron el coche, a Paloma Díaz-Mas le colocaron un artefacto incendiario, a mí carteles y una estupenda pancarta en la fachada, de arriba a abajo. Era incómodo.

La Iglesia acaba de pedir perdón por la connivencia con el terror. ¿Tarde, mal y nunca?

«Es cierto que ETA no ha matado, como dijo alguien, “ni curas ni banderilleros”»

La Iglesia institucionalmente estaba muy dividida en el país Vasco: había una parte con los nacionalistas, con HB y ETA, y otra en contra. Como no me considero parte de la Iglesia desde hace mucho, no es que prestase mucha atención a lo que hacía o decía. Es cierto que ETA no ha matado, como dijo alguien, “ni curas ni banderilleros”. ETA tenía una especie de trato reverencial con la Iglesia Católica.

Una vez le oí decir que la memoria no le interesa a nadie. Habida cuenta del interés que suscita el “relato” en el País Vasco, parece que hay a quien sí le interesa…

Se perderá. Es un poco complicado pretender que se pueda recordar largo tiempo algo. Todo irá cayendo en el olvido. Ortega decía que cada 15 años cambia la estructura de la vida. No te digo nada desde 2003, cuando ETA mató a Joseba Pagazartundua, hay una generación que no tiene esa angustia cotidiana con el terrorismo. La recuerdan de segunda mano y les molesta, supongo que no quieren quedarse fijados en eso.

Dedicó un poema a Sarrionandia, compañero suyo en el grupo Pott. ¿Podremos leer algún día a un autor como él sin tener presente que fue etarra?

«Había un fanatismo en la atmósfera muy terrible, y estaba la presión de la cuadrilla»

A Sarrionandía lo que pasa es que se le ha traducido poco, lo último fue un ensayo suyo, sobre el Rif, Seremos moros en la niebla, sobre un pariente que hizo una gramática amazigh… Lo de Sarrionandía es un poco trágico, ha vivido mucho tiempo fuera del País Vasco. Hay una cierta pérdida, obsolescencia de la literatura de una generación determinada, a la que se añade esta lejanía, siempre de una forma ideologizada, con ETA como telón de fondo. Yo creo que Sarrionandía no ha estado en ETA en los últimos 20 o 30 años, pero ha sido uno de los beneficiarios de la situación.

¿En qué sentido?

Se ha hecho con su espacio protegido.

Para mucha gente, Sarrionandía es una canción…

Sí, Sarri, Sarri, Sarri… Muchos de los que cantan eso no saben que era el más joven de nuestro grupo de amigos escritores, Pott. Cuando le conocí, tenía 17 o 18 años. Empezaba a estudiar en Deusto, era simpático, ilusionado. Pero bueno, en ese país todo estaba patas arriba en aquel momento.

Recuerdo también a Ion Arretxe, del que se han publicado póstumamente las memorias de su paso por Intxaurrondo. Cuando lo leí, pensé si no hubo una juventud vasca casi forzada a elegir entre la heroína y ETA…

El problema es que el impacto de ETA fue muy destructivo, en el país y en varias generaciones. Había un fanatismo en la atmósfera muy terrible. Y estaba la presión de la cuadrilla. Leí un libro de Arretxe, el primero creo. No me gustó, había demasiada búsqueda de de justificación… Al menos tenía el arrojo de plantarse frente a ETA.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Jon Juaristi
 
 

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