Una salvación y una condena

 

Los palestinos ya no confían en Washington. “EEUU ha pasado de ser mediador a ser parte del conflicto, Israel y EEUU están unidos contra los palestinos”, dijo Sahira Kaman, secretaria general del Partido Democrático Palestino, presente en la manifestación. “Con este paso, la Administración de EEUU ha cancelado su rol en el proceso de paz y ha insultado al mundo, al pueblo palestino y a la nación árabe e islámica y ha causado incitación e inestabilidad”, declaró a la prensa Nabil Abu Rudeineh, portavoz del presidente palestino, Mahmud Abás.

“Mi padre era reacio a marcharse, pero grupos judíos entraron en casas y estábamos aterrados”

Las marchas y los muertos son solo la consencuencia visible actual de un conflicto nunca resuelto, iniciado con la Declaración Balfour de 1917, en la que Londres prometía la creación en Palestina “de un hogar para el pueblo judío”, pero fijado hace 70 años con la Nakba, que se conmemora cada 15 de mayo. Lo recuerda Diana Safieh, palestina de 78 años, aunque no puede recurrir a los álbumes para rememorar sus vivencias. El 13 de mayo de 1948 se despidió para siempre de su casa en el barrio de Baka de Jerusalén.

“Mi padre era reacio a marcharse, criticaba a los que huían. Pero grupos judíos empezaron a entrar en casas y estábamos aterrados”, recuerda Safieh, que tenía entonces 7 años. “Nos fuimos con lo puesto, el pasaporte y las llaves, dejamos comida, muebles, y joyas y dinero en el banco, cosas que nunca recuperamos”, relata la mujer, propietaria de una agencia de viajes para peregrinos.

La familia Safieh, católica y de las élites de Jerusalén, se refugió en Líbano, pero regresó a Jerusalén, cuya parte oriental seguía bajo dominio de Jordania. Cuando en la guerra de los Seis Días, en junio de 1967, los israelíes ocuparon el este de la ciudad y levantaron la frontera, Diana y su padre corrieron al barrio de Baka, en la parte oeste, la israelí.

“Nuestra casa estaba intacta. Vivían unos judíos tunecinos. Un señor nos invitó a entrar, pero mi padre no quiso. Años más tarde regresé. En la casa vivían cuatro familias de judíos polacos o rusos, habían añadido dos pisos. Me insultaron y me fui llorando”, cuenta Safieh.

“Israel era un país socialista de gente sencilla e idealista que no iba tras el dinero”

Pero lo que para los palestinos fue un drama, cientos de miles de judíos oriundos de Europa lo vivieron como un momento de alivio: tras siglos de discriminación – a ratos muy dura, sobre todo en Rusia – y un genocidio a manos de la Alemania nazi tenían por fin un Estado que les iba a garantizar la protección. El 29 de noviembre de 1947, cuando la ONU aprobó el plan de Partición de Palestina para dividirla en dos estados, uno judío y otro árabe, legimitando así el establecimiento futuro de la nación, fue una fiesta. “Muchos vecinos vinieron a casa porque éramos los únicos de la calle que teníamos radio. Bailamos toda la noche”, explica la israelí Rivka Shpak Lissak, de 84 años, en su casa de Rishon Lezion.

La alegría se repitió el 14 de mayo de 1948, cuando David Ben Gurion proclamó el Estado de Israel. Shpak Lissak solo tenía 13 años, pero aún recuerda aquel día histórico y la guerra entre Israel y varios países árabes.

“Vivíamos en Holon. Muy cerca estaba el pueblo árabe de Tall al-Arish. Por la noche disparaban a nuestras casas”, comenta Shpak Lissak, de padres polacos que emigraron a Israel en 1925 y 1932. Parte de su familia murió en el Holocausto.

Esta autora de siete libros sobre historia americana y judía evoca con nostalgia los tiempos en que Israel “era un país socialista de gente sencilla e idealista que no iba tras el dinero”, afirma. Algo que ha cambiado, en su opinión. “Divido la historia de Israel entre el antes y el después del Likud (el partido de la derecha, al que pertenece Netanyahu). No me gusta cómo ha evolucionado la sociedad. Netanyahu ha destruido lo que construyeron los laboristas: los kibutz, los sindicatos, la justicia social, la igualdad. Hay una gran diferencia entre ricos y pobres, la educación ha empeorado, los hospitales no reciben el dinero que tocaría, que va a los asentamientos (en territorio palestino) y a los religiosos, y hay más odio entre comunidades”, asegura Shpak Lissak mientras muestra un álbum de fotos en blanco y negro que relata su vida entre 1933 y 1950.

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Acerca del autor

Ana Alba

@analba

Periodista (Barcelona, 1971). Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma...

Una salvación y una condena
 
 

1 comentario

  1. Alfred dice:

    Israel no tiene vergüenza. Trata de lavar su imagen participando en competiciones europeas (Eurovisión, Eurobasket…)pero no es más que un estado fascista que viola los derechos humanos del pueblo palestino.

 
 

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