Poco chorizo para tanto pan

 

Lluís Llach
El chico del Maravillas

Género: Novela
Editorial: Destino
Páginas: 508
ISBN: 978-84-2335-262-3
Precio: 21,50 €
Año: 2017
Idioma original: catalán
Traducción: Victoria Pradilla
Título original: El noi del Maravillas

No no: el teatro Maravillas del título no es el Teatro Maravillas que a muchos de ustedes les suena. Aquel se halla en Madrid. El teatro de Lluís Llach, en cambio, está en el Paralelo, es decir en Barcelona, como sospecharán viendo el apellido del autor. No existe, por supuesto, o mejor dicho existe porque lo ha creado Llach. Es un teatro de revista, ya saben: de piezas musicales adornadas con chicas que hacen como que bailan para enseñar lo máximo de pierna, cachete o superficie tetil que la censura permite, lo cual no es mucho. Al menos no en la posguerra.

Si existieran premios al personaje de reparto, Mireia Ventós se lo llevaría

Pero la historia empieza antes: en 1929, y empieza como una – a primera vista ligeramente flemática – saga familiar en la que una familia barcelonesa, los Batrina, lega el teatro a la siguiente generación. Durante una decena de páginas asistimos a un planteamiento de personajes que parece más bien un cuaderno de apuntes de un escritor que aún no ha encontrado un estilo de narración. Pero esto cambia cuando el autor va perfilando a Mireia Ventós. La chica que, a fuerza de haberse criado entre poleas, telones y focos, trepa como los gatos y se convierte en tramoyista. Y en anarquista. Llegamos a 1936.

Si en Literatura existieran premios al personaje de reparto, Mireia Ventós se lo llevaría: las escasas cien páginas en los que ella lleva a cuestas el protagonismo del libro, se nos harán cortas. Lástima que las demás 400 ya no le incumben y que su rol en esta historia se ciñe esencialmente a ser la madre de Roger Ventós, el barítono en el papel que corresponde al barítono: ocupar todo el escenario.

¿Hace falta una corbata para disfrutar de Bizet?

Y aquí tenemos el problema: para que un personaje lleve el peso de una narración, con los demás agrupados alrededor para hacerle los coros, necesita un perfil humano, demasiadohumano, con sus claroscuros, sus contradicciones y sus dudas: Homo sum, humani nihil a me alienum puto. Sí, incluido lo de puto. Si no se pelea con nadie – y Roger Ventós es buen chico y no se pelea nunca con nadie: es lo que se dice un cacho pan–, al menos debe estar en guerra con sus entrañas. Siquiera un poco. Unas dudas. Así fuesen existenciales, o musicales. Quizás una reflexión, hecho desde un palomar en un teatro modesto, sobre el negocio que supone la música, y especialmente la música clásica: ¿un arte destinado solo a quienes pueden pagar una entrada al Liceu? ¿Hace falta una corbata para disfrutar de Bizet?

No, de todo esto aquí hay tan poco que desaparece en las 500 páginas (de letra no muy chica: la lectura no se hace larga ni pesada). Sí hay una reflexión musical, una, sobre las formas de dar sentido – serenidad o terror – al Requiem de Faure, casualmente una de las obras clásicas que el propio Lluís Llach ha cantado, nos enteramos en internet. Y que a alguien que padece amusia congénita, como es mi caso, le abre perspectivas.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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