Un país cansado del sectarismo

 

La influencia que tienen los diferentes actores extranjeros en Iraq ha sido fundamental para explicar el rechazo de muchos ciudadanos a participar en el proceso electoral a pesar de su deseo de avanzar. Mahmud (nombre supuesto), es un farmacéutico musulmán suní de 33 años que coincide en que Abadi (perteneciente a la mayoría chií), debería seguir como primer ministro. Pero no ha ido a votar. “Iraq no tiene control sobre sí mismo. La influencia de Irán, de Arabia Saudí, de Estados Unidos, es total. Abadi es como el director de una empresa al que el propietario, cualquiera de nuestros vecinos, puede despedir”, explica el farmacéutico. Pero reconoce que necesitan ayuda: “Eso lo tiene claro todo el mundo en Iraq”.

“Iraq no tiene control sobre sí mismo. La influencia de Irán, de Arabia Saudí y EEUU es total”

Quien quiera que sea el ganador, tendrá tres meses para forma Gobierno. Algunos creen que se sabrá después del mes de ramadán, que termina a mediados de junio, aunque otros no son tan optimistas. Si Abadi logra los apoyos necesarios, tendrá que seguir manteniendo buenas relaciones con Washington (de quién recibe apoyo) y Teherán (que respalda a muchos de sus aliados políticos), algo que el presidente estadounidense, Donald Trump, no ha puesto nada fácil con su reciente decisión de abandonar el pacto nuclear.

“Antes había bloques políticos fuertes que lograron tener muchos votos, pero este año eso no va a ocurrir. Está todo muy fragmentado dentro de los propios grupos que ya están en el Parlamento. Además la influencia de Irán en Iraq es cada vez menor a causa de las circunstancias actuales, con la posición de Irán bloqueada por el mundo, amenazada por EE UU. Esto afectará a Iraq y al resultado de las elecciones”, argumenta el analista político Faidel al Badrani. Considera sin embargo que “todas las posibilidades están abiertas en la actualidad”. Incluso que Hadi al Amiri, líder de las milicias Hashd Al Shabi, las Unidades de Movilización Popular, podría ser respaldado por Estados Unidos.

Estados Unidos querrá limitar la influencia de Maliki y al Amiri, el líder de la agrupación política paramilitar, como demasiado cercanos a Irán. Teherán, por su parte, buscará retener y expandir su influencia. Los kurdos están muy debilitados por su fragmentación política, escasez de dinero y la pérdida de Kirkuk, pero aún tendrán un papel importante en la formación de un nuevo gobierno.

¿Qué quieren los iraquíes?

Yussuf Ahmad y su esposa votaron en un colegio de Al Amiriya. Él es un iraquí alto y grueso, de nariz ancha y recta con el pelo rizado y gris, un mostacho tupido y los ojos marrones enmarcados en cejas como escobones. Tiene dos hijos y cinco hijas y se enorgullece de que dos de ellas sean ingenieras. “Para ellos lo que quiero es que se acabe la sectarización y el tribalismo de una vez por todos. No quiero ver más violencia. La historia, la cultura, los recursos del pueblo iraquí son ricos, su naturaleza es de convivencia”.

“Los iraquíes desconfían de su clase política pero tenemos esperanza de que las cosas cambien”

Para Badrani, experiodista y doctor en Comunicación, estas elecciones son otro paso en el proceso para conseguir la aspiración de muchos iraquíes, el ‘dawla madanía’, un Estado verdaderamente civil, donde las leyes se aplican a los ciudadanos por igual, y no se instauren bloques determinados por la categoría religiosa, étnica o tribal.

Porque los iraquíes están exhaustos. No es sólo que gran parte del país, sobre todo en el norte, haya quedado reducido a escombros (harán falta unos 100.000 millones de dólares para reconstruirlo), ni que las infraestructuras o los servicios básicos no funcionen; ni los cortes de electricidad o de agua, ni la incomodidad de las calles cortadas y la omnipresencia de hombres armados, policía, ejército, milicias… Su agotamiento va más allá.

Es un cansancio emocional acumulado en tres lustros de conflicto y que se refleja en los rostros de los iraquíes de cualquier edad que discuten en los cafés de Bagdad. Ya sea en el histórico Shabandar de la calle Muttanabi, o en el izquierdista Al Ridhan del barrio de Karrada, donde un suicida mató a casi 400 personas hace dos años. Cualquier espacio es bueno para mirar al futuro y los iraquíes lo hacen con exigencias, con hartazgo, con críticas… pero con esperanza. “Los iraquíes desconfían de su clase política pero tenemos esperanza de que las cosas cambien”, detalla Badrani.

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Nuria Tesón
Periodista y escritora (Zamora, 1980). Vive en El Cairo.
Tesón ha trabajado para varios medios españoles en...

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