Ba El Hadj y el ramadán (I)

 

opinion

Casablanca | 1999

 

Una tienda de alimentación al por mayor. Un mostrador mayor. Una caja registradora mayor. Un patrón de volumen mayor. Un almacén mayor. Pequeños chavales flacos, escuchimizados, sucios, con la mirada apagada, con la infancia y la adolescencia sacrificadas. Aplastados bajo el peso de los sacos y las cajas que transportan sobre sus frágiles hombros, mientras que todos los clientes los requieren a la vez. El patrón se ha ganado dos títulos: uno es “Ba”, o sea padre, adquirido por la edad y sobre todo por el respeto que le confiere su buena reputación. El otro es “El Hadj” y se debe a sus múltiples peregrinaciones a La Meca, porque es un buen musulmán.

“Cuando estás chafado, siempre de equivocas a tu favor, nunca en contra”

Ba El Hadj disfruta con el contacto de cada billete y cada moneda que entra en su caja. Y tiene una crisis de nervios con cada pieza de calderilla que sale de la caja. Llega un visitante. Ba El Hadj se pone de mal humor. “Otra vez el tipo gafe este. Tiene malos ojos”:
El visitante: “Buenos días, Ba El Hadj”.
Ba El Hadj: “Ahlan, ahlan, qué alegría de verte. Justo estaba pensando en ti. Vivirás mucho tiempo, tienes buen aspecto. Me traes suerte. Te aprecio mucho, hijo de mi tierra”.
El visitante: “He venido a desearte un buen ramadán”.
Un cliente cuenta la vuelta. “Me faltan 16 dirham. Calcúlalo otra vez”.
Ba El Hadj cierra los ojos, se concentra y gruñe: 115 + 72 + 69 +… = 925 dirham”.
El cliente: “¡Calcúlalo con boli y papel!”
Ba El Hadj: “¿Me tomas por ladrón? ¿A mí, el hadj?”
El cliente saca una calculadora del bolsillo y anuncia la suma.
Ba El Hadj pone cara de estar de acuerdo. “Que Dios me perdone. El ramadán me deja chafado. Aquí tienes la vuelta”.
El cliente: “Qué curioso. Cuando estás chafado, siempre de equivocas a tu favor, nunca en contra”.

“Es un drama, lo de prohibir el alcohol: 40 días antes de ramadán, 30 durante y 15 después…”

Ba El Hadj se gira hacia su visita: “¿Has visto a ese hijo de p…? Duda de mi honradez”.
El visitante, ingenuo: “¿Y por qué no usas una calculadora con rollo de papel para expedirle el ticket al cliente? Ahí ya no habría errores”.
Ba El Hadj: “¿No habría errores? Si yo diera la vuelta siempre correcta, todavía sería el pequeño ayudante que era a mis doce años. Me vine del pueblo con nada más que un par de babuchas y una chilaba. Dios dice: ‘Siempre que haya descuido entre el vendedor y el cliente’, es decir siempre que el vendedor engañe al cliente”.
El visitante, escéptico: “Estás seguro de que Dios dice eso? ¿Viene en el Corán?”
Ba El Hadj: “Si no era Dios, era el profeta”.
El visitante, desconcertado: “¿De verdad ha dicho eso? Me sorprende… ¿Cómo te va el ramadán?”
Ba El Hadj: “Ay, hijo. El ramadán se va y vuelve con más fuerza cada año. Pero nuestras vidas se consumen. Echo mucho de menos el vasito con cubitos de hielo”.
El visitante, divertido: “¿Eso es todo? Bébete tu harira con un cubito de hielo y cierra los ojos, así soñarás que estás bebiendo otra cosa”.
Ba El Hadj: “Estás de coña. Pero es un drama, eso de prohibir el alcohol. Cuarenta días antes de ramadán, treinta días durante y quince días después. ¡Un calvario!”

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Acerca del autor

Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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