Salafistas contra salafistas

 

Pero el madjalismo no es, ni de lejos, un fenómeno surgido en la Libia de posguerra. En la década de los 90 del siglo pasado fue Gadafi quien invitó al jeque Madkhali para que le ayudara a contrarrestar tanto a los yihadistas como a los Hermanos Musulmanes. Una de las características de esta corriente del salafismo es que no discute la autoridad política del país; tanto es así que el propio jeque emitió una fetua en febrero de 2011 condenando el levantamiento contra el líder libio. Incluso Saadi Gadafi, su tercer hijo, se presentaba a sí mismo como “jeque madjalí” tras su discreta carrera de futbolista.

Yarub Alí, investigador e historiador del salafismo, asegura que, aún siendo un movimiento minoritario, el madjalismo es muy popular entre las élites dirigentes de países musulmanes.

“Aparecen de la nada en todas partes, incluso en el pueblo amazigh más recóndito”

“Además de despreciar tanto a las democracias como a los Hermanos Musulmanes, se caracterizan también por su repulsa del yihadismo, al que combaten tanto en el campo ideológico como en el militar”, explica Alí. El experto añade que resulta plausible que incluso democracias europeas vean con buenos ojos la expansión del madjalismo entre los jóvenes para evitar que estos acaben reclutados por el Estado Islámico.

Si bien el Daesh fue expulsado de Sirte a finales de 2016, varias células yihadistas siguen activas en suelo libio. A principios de este mes, el Daesh reivindicó un ataque suicida contra las dependencias de la Comisión Electoral en Trípoli que se saldó con al menos una docena de víctimas mortales.

Tras el atentado, la elecciones programadas para este año parecen más lejos que nunca. Fathi Ben Khalifa, líder de LIBO, un partido político laico que reivindica “la identidad libia frente a la árabe del Golfo”, cree que los finales de este año serían una fecha “optimista” para los comicios, dadas las circunstancias.

El histórico disidente amazigh no oculta su preocupación por auge del madjalismo: “Aparecen de la nada en todas partes, incluso en el pueblo amazigh más recóndito de las montañas; están muy bien organizados, tienen dinero, armas… Llevo tiempo alertando de la amenaza que suponen para el país, pero puede que ya sea demasiado tarde”, lamenta Ben Khalifa.

“Los madjalíes son un paso en la estrategia de potencias del Golfo por extender su poder”

El bereber describe la exitosa corriente como la “última versión del islamismo más radical”. Apoyar a Haftar en Libia, añade, “no es sino un paso más en una estrategia de potencias del Golfo que luchan por extender su poder por toda la región”. Se barajan hipótesis que apuntan a un posible escenario “egipcio” para Libia; un hombre fuerte que tome el control manu militari como el general Abdelfatah Sisi, que tendría su réplica libia en Haftar, de quien es estrecho aliado.

Sergio Altuna, investigador asociado del Instituto Elcano especializado en el Magreb y el Sahel, recuerda que Egipto tiene una institución que centraliza el poder religioso suní mientras que los núcleos de influencia religiosa en Libia se han descentralizado más si cabe desde la revolución.

“Resulta difícil imaginarse un grupo como el madjalí convertido en hegemónico habida cuenta de su fuerte influencia desde el exterior, aun teniendo en cuenta el repunte en importancia de un islam más ortodoxo ya desde los últimos años de Gadafi”, apunta el experto. No obstante, Altuna considera igualmente importante la reciente filtración de un borrador de ley del Gobierno de la ONU que otorga poderes plenipotenciarios a Rada en el campo de la seguridad, oficializando aún más a la milicia salafista.

El gran muftí de Libia, vinculado a Qatar, rechaza a los madjalíes, respaldados por saudíes

Sadiq al Ghariani, reconocido como gran muftí de Libia tanto por el Congreso Nacional (GNC), el gobierno interino reconocido enre 2012 y 2016, como por su sucesor y rival, el Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA), ha mostrado su rechazo a los madjalíes de forma enérgica, si bien tal vez más por razones geopolíticas que ideológicas: Ghariani, estrechamente vinculado a Qatar, también apoya a grupos de ideología fundamentalista, pero opuestos a Arabia Saudí.

En todo caso, los líderes no religiosos de Libia siguen celebrando encuentros con los madjalíes que desatan todo tipo de especulaciones. Tras dos años de reuniones infructuosas en Cairo, París y Abu Dhabi, una delegación del GNA, el Gobierno libio reconocido por la ONU, se reunía con Haftar en Bengasi. Por el momento, ambas partes insisten en que el encuentro carecía de toda connotación política.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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