Retazos del genio

 

Oír decir al gran cómico cosas como “Pero vamos a ver, señores, no se puede cantar una soleá a las 4 de la tarde. Se canta a las 5 de la mañana, con tres botellas de Carta Blanca en el cuerpo y tres paquete de Winston. Esto es así, por derecho”, poniendo su buen decir al servicio de una retórica más que superada, provoca una incomodidad que saca al espectador aficionado de la gran historia que se está contando.

Tales factores fueron apagando en este espectador la ilusión por ver un monumento cinematográfico a la altura del personaje. Pero lo que más me chocó, y en esto tengo quizá exclusivamente la culpa, es que apenas encontré imágenes que no hubiera visto antes; no como periodista que tiene que abordar la figura de Camarón para su trabajo, sino como simple curioso de Youtube.

Los seguidores más inquietos no hallarán mucha sorpresas, apenas jirones del genio

No dudo que quienes hayan conocido a José Monge solo por sus grabaciones encontrarán aquí grandes tesoros, pero los seguidores más inquietos no hallarán mucha sorpresas, apenas jirones, retazos del genio. Al terminar el visionado, recordé que un buen amigo, al ver La búsqueda, el documental sobre Paco de Lucía realizado por su hijo Curro, me dijo que no le habría importado que durara tres horas más, tan magnética es la imagen del guitarrista y tan eficaz su inclusión en el filme. Siento decir que en este caso no pude evitar mirar alguna vez el reloj.

Sería injusto, sin embargo, no reconocer algunos de los méritos de la cinta, que gana considerablemente hacia el final, con las magníficas grabaciones de los conciertos de Camarón en el Cirque d’Hiver o las sesiones de grabación de Potro de rabia y miel, cuando ya la enfermedad había firmado su sentencia de muerte. También creo que queda muy bien retratada la paradójica tosquedad del personaje, casi un analfabeto, en contraste con su fabuloso, insondable universo sonoro; el tímido enfermizo combinado con el hombre público dispuesto a derribar barreras sin importarle lo que dijeran; el hombre de pueblo, amante de la vida sencilla, del campo y del cuchareo, y la estrella internacional que dio la vuelta al mundo.

Todo, eso sí, está esbozado en esta producción a la que le auguro, sin ser un gran profeta, una feliz vida en la cartelera y óptimos ingresos en taquilla, pero que, bien que lo lamento, se ha quedado corta en el empeño de mostrar al mayor cantaor de todos los tiempos sobre la pantalla grande. Quizá era una misión imposible, quizá todos los que lo hemos intentado en libros, radio o televisión, estábamos condenados a un relativo fracaso. Pero confío en que detrás de nosotros venga gente con más talento o creatividad, y quizá menos fascinación, que sepa hacerlo mejor.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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