Mayo se acabó

 

El Black Bloc reproduce al “movimiento autónomo” que tuvo mucho protagonismo en Italia en la década setenta, y que en París dejó su huella en 1979, en una hazaña similar a lo del Primero de Mayo de 2018: el destrozo “revolucionario” de todas las tiendas y del mobiliario urbano (seguramente ya capitalista) de la plaza de la Ópera, el día en que llegaba la inmensa manifestación de los obreros de la siderurgia opuestos al cierre de los altos hornos franceses. Estuve en esa manifestación (¡qué joven era!) y recuerdo la complacencia de los medios televisivos de Estado hacia los autores de destrozos, entrevistando a algún gilipollas diciendo las mismas estupideces que el Black Bloc de 2018.

En 1979, los sindicatos trincaron a unos “autónomos”… con documentación de policía

Recuerdo la evidente pasividad de la policía mientras eso ocurría, y después la carga de los antidisturbios en contra de toda la manifestación, bajando el Bulevar des Italiens con carretillas elevadoras: parecía esa antológica escena de la película Soylent Green, de Richard Fleisher, con Charlton Heston. Los mismos destrozos, la misma pasividad de los mandos de la policía, la misma mecánica de provocación y descalificación de las manifestaciones populares, los mismos “useful idiots” glorificándose en los medios de Estado.

Ese día de 1979 un grupo de esos provocadores atacó la sede del diario comunista L’Humanité (en ese barrio estaban entonces todos los periódicos de Francia). Pero en esos tiempos el “servicio de orden” comunista y sindical era fuerte y temible. Resistieron el embiste y en la reyerta trincaron a unos “autónomos” con documentación de policía, expuesta el día siguiente en conferencia de prensa. Viendo como un millar de Black Bloc han podido moverse en orden y a sus anchas en todo París, el recuerdo de 1979 se hace muy presente.

Ya vemos, de mayo 1968 a mayo 2018 algunas cosas no han cambiado. Otras si, y mucho.

En 1968, la manifestación tradicional del Primero de Mayo había sido inmensa, algo que sorprendió y emocionó a las organizaciones convocantes y a la propia gente en la calle (un sentimiento parecido al 8 de marzo de 2018 en España). Viendo como subía la revuelta estudiantil y como el gobierno se veía sumamente inquieto y a la defensiva, el sindicato CGT (equivalente a CC.OO.), entonces dominante en la clase obrera y tutelado por el partido comunista, lanzó una huelga general. Esa huelga cuajó inmediatamente y dejó Francia paralizada, produciendo rápidamente problemas de abastecimientos en gasolina y en productos alimenticios, cortes de electricidad y gas. Todas las fábricas de Francia estaban ocupadas, eso era tan potente como la huelga general de 1936, que consiguió las tres semanas de vacaciones pagadas. En aquellas semanas, hasta el servicio de escuchas telefónicas de la policía se puso en huelga.

La dirección del partido comunista francés consideraba a la extrema izquierda una enemiga

El 13 de mayo 68, décimo aniversario de la segunda conquista de poder por De Gaulle en 1958, la manifestación parisina mezcló estudiantes y obreros, en una marea humana que espantó al poder con el lema “Diez años ¡basta!”. Los Ministerios quedaron vacíos, y que De Gaulle salió a Alemania a encontrarse con generales del ejercito francés (tenia varias divisiones estacionadas en Alemania desde 1945 y hasta 1992: allí hice la mili).

Aquel día nació la mitología de la “convergencia de las luchas”: eso era la reivindicación de los lideres estudiantiles maoístas e izquierdistas, que pretendían entrar en las fabricas ocupadas a hacer mítines y liderar el movimiento obrero para “tumbar el capitalismo”. Pero la dirección del partido comunista francés consideraba a la extrema izquierda como una enemiga que favorecía las provocaciones fascistas y la derecha, veía esa agitación de “falsos revolucionarios” como contraria a los intereses de la inmensa mayoría de los estudiantes, y no iba a permitir que los activistas izquierdosos entraran en las fabricas. Y no entraron.

El PCF y la CGT tenían entonces la fuerza para liderar el movimiento obrero. Organizaron las negociaciones con el gobierno, primero secretas, con el joven Jacques Chirac, al que Pompidou mandó entrevistarse con el líder sindical comunista Henri Krazucki. Eso llevó a los famosos acuerdos de Grenelle (nombre de la calle donde esta ubicado el Ministerio de trabajo) con un incremento fuerte y generalizado de las nóminas y con ventajas sociales históricas, así como derechos nuevos para los sindicatos.

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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1 comentario

  1. Maria Victoria Rodriguez Peña dice:

    ¿En qué libro dice eso Houria Bouteldja? Me interesa para investigarlo, me parece peligrosísimo.

 
 

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