Sin acidulantes

 

Y es un poco una pena, porque Adriana Vázquez sí que tiene un perfil muy bien labrado, una personalidad de claroscuros fascinante, un pasado de cuneta que la convierte en una buena mala, es decir una mala que tiene razón de serlo, como debe ser en Literatura. Aquí se nota que el autor se ha tomado en serio su trabajo y que tiene bastante buen toque de cincel. El personaje funciona, lo único que se ha corrido es el rímel de los diálogos.

Aquí no hay velos de danzarina oriental ni dátiles con té. Hay cerveza, whisky y porros

Eso, los diálogos… En la vida real nadie le diría tampoco a Sepúlveda: “Su problema no requiere ningún conocimiento particular, basta con que se descargue la aplicación correspondiente” , salvo si se trata de Juan de Mairena en un examen de lenguaje poético, o como guiño irónico a un colega (pero no a un desconocido tras el “Oiga, perdone”), o bien como rasgo que caracteriza – y entonces hay que hacerlo de forma sostenida – a un personaje petulante.

También puede decepcionar que siendo una novela que transcurre en Tánger, salen muy pocos marroquíes, y prácticamente ninguna marroquí, salvo dos de breve cameo, pero hay que reconocer que los que salen – en primer y casi único lugar Messi, el virgilio local de Sepúlveda – están bien trazados: es vida real. Aquí no hay orientalismos, no hay menús de guía turística, no hay velos de danzarina oriental ni dátiles con té. Hay cerveza, whisky y porros cuando tocan. Valenzuela conoce muy bien Tánger, y ha sabido dibujarla sin una nota falsa. Limones negros tiene un contenido relativamente bajo en Marruecos pero el que hay es natural, sin colorantes ni acidulantes. Y eso ya es razón para aplaudir la novela.

Otra razón es que entretiene, desde luego. Llevarse Limones negros a la playa no es perder el tiempo. Dice una lectora amiga que es incluso mejor que Tangerina, la primera novela del autor, en la que Sepúlveda tiene que desentrañar una trama de acusaciones falsas en la homónima ciudad. Uno desea que Valenzuela siga escribiendo: quizás le acabe saliendo una Beldía, que es como llaman en Marruecos – en el sur, no sé si en Tánger – los limones de la variedad no importada sino cultivada en el terruño, el bled.
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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
Criado...

Sin acidulantes
 
 

1 comentario

  1. Alberto Gómez Font dice:

    Gustáronme las dos novelas tangerinas de Javier Valenzuela. A los que amamos esa ciudad nos gusta que nos cuenten historias que pasan en sus calles, sus bares y sus palacios.

 
 

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