¿Te han lavado el cerebro?

 

Ni uno solo de los cientos de presentadores de telediarios corrigen jamás este tipo de afirmaciones de sus corresponsales. Porque los directores, presentadores, tertulianos y corresponsales tienen todos el cerebro igualmente lavado. El portavoz del Ejército sabe la verdad, desde luego, pero es una pieza central en la máquina de lavar cerebros.

Los sucesos llegaron a un clímax con el asesinato de una enfermera de 21 años, Razan Ashraf al-Najjar, que estaba en ese momento intentando salvarle la vida a un manifestante herido. El francotirador que le disparó en el pecho veía que era una enfermera tratando a una persona herida. Era un obvio crimen de guerra.

¿Hubo un escándalo público? ¿Pidió la prensa una investigación? ¿Sacaron los diarios este suceso en portada? ¿Observó la Knesset un minuto de silencio? Nada de nada. Una noticia menor en algunos periódicos, ni mucho menos en todos. Un excelente artículo de la admirable Amira Hass en el diario Haaretz. Y eso es todo.

Pasaron algunos días, y el escándalo se montó en el extranjero. El equipo de fútbol argentino, con el admirado Messi, canceló un partido amistoso contra el equipo israelí en Jerusalén.

¿Hay un debate entre el portavoz oficial y un tertuliano que no esté de acuerdo? No

Los lavadores de cerebros se dieron cuenta de que era imposible no reaccionar. Así que el portavoz del Ejército publicó un comunicado en el que afirmaba que se había llevado a cabo una investigación. ¿Qué descubrieron? Ah, bueno. Se estableció claramente que nadie había disparado a Razan. Fue alcanzada por una bala que rebotó tras impactar en el suelo, lejos de ella. Eso era una mentira tan descarada que hasta el mentiroso del Ejército debería avergonzarse de elaborarla. El público, con su cerebro ya lavado, la aceptó.

Una de las características del lavado de cerebro es un fenómeno que todo el mundo puede constatar: la ausencia total de una opinión divergente. Cuando un columnista proclama la línea oficial respecto de un suceso ¿hay alguien que exprese una versión alternativa? ¿Hay un debate entre el portavoz oficial y un tertuliano que no esté de acuerdo? En la prensa democrática, eso sería algo normal. Aquí es muy, muy raro.

¿Qué se puede hacer para contrarrestar este lavado de cerebro?

Poca cosa.

En primer lugar: hay una necesidad vital de una segunda voz. El lavado de cerebro solo es eficaz si la voz oficial goza de un monopolio completo. Eso era uno de los objetivos de Haolam Hazeh, la revista semanal que yo dirigía durante 40 años. A todas las versiones falseadas del Gobierno les oponía una versión contraria. Aunque nuestra voz era débil, comparada con la poderosa máquina gubernamental (incluso en aquel entonces), el simple hecho de que hay dos voces, por desiguales que sean, previene un lavado de cerebro total. El ciudadano escucha las dos versiones y se pregunta: ¿Quién tiene razón?

Si todos los grupos a favor de la paz y los derechos humanos en Israel se unieran para establecer un centro de información conjunto, al que se le escucharía, tal vez pudiera romperse el monopolio de la propaganda oficial. Tal vez.

Hay una minúscula banda de columnistas que no tienen miedo: Gideon Levy, Amira Hass…

En el país hay una minúscula banda de columnistas que no tienen miedo de decir la verdad, ni siquiera cuando se considera una traición. Gideon Levy, Amira Hass y unos pocos más. Debemos garantizar que su voz se escuche. Hay que apoyarlos.

Se debe presionar a toda la prensa para que presente una variedad de opiniones sobre los asuntos de guerra y paz, para que se escuche al “enemigo interior”, de manera que el ciudadano pueda formarse una idea propia.

A la prensa extranjera se le debe permitir un libre acceso a las fuentes de información, incluso cuando los medios extranjeros son críticos, “hostiles” y “antisemitas”. A los amigos de la paz israelí-palestina en el mundo se les debe animar a presionar a la prensa en sus países para que publique la verdad sobre lo que está pasando aquí.

No me gusta la palabra “se debe”. Pero en estas circunstancias no hay otra palabra que valga.

El poder de la verdad contra una máquina de lavar cerebros siempre está limitado. Pero al final, incluso si se tarda mucho, la verdad se acabará imponiendo. Necesita valor.

La película ‘El mensajero del miedo’ tiene un final sorprendente: En el último minuto, en lugar de matar al candidato presidencial, el hombre con el cerebro lavado dispara al agente comunista que iba a ocupar el lugar del otro.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 9 Junio 2017 | Traducción del inglés: Ilya U. Topper

¿Te ha interesado esta columna?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación única Quiero ser socia



manos

Página anterior 1 2 3

 
 

Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

Etiquetas

, ,

Artículos relacionados

¿Te han lavado el cerebro?
 
 

1 comentario

  1. Albacora dice:

    Cada vez que leo a Uri Avnery me convenzo mas de que es un Justo

 
 

Deja un comentario