Balón a la grada

 

Étienne Barilier
El vértigo de la fuerza

 

Género: Ensayo
Editorial: Acantilado
Páginas: 144
ISBN: 978-84-1674-886-0
Precio: 12 €
Año: 2016 (2018 en España)
Idioma original: francés
Título originalVertige de la force
Traducción: Manuel Arranz

 

El atentado contra la redacción de Charlie Hebdo del 7 de enero de 2015 fue, además de una masacre en la que perdieron la vida 12 personas, un verdadero reto para Europa. Una prueba de fuego para comprobar qué tan sólidos eran los fundamentos de nuestro pensamiento, de nuestra ética y, en resumen, de nuestras viejas y prósperas sociedades. A la vista de los ríos de tinta que corrieron después de aquel crimen múltiple, paralelos a los ríos humanos que salieron a las calles para condenarlo, no me atrevería a decir que hayamos salido muy airosos de la prueba.

Y no puedo decirlo, desde luego, de la aportación del suizo Étienne Barilier, de la Universidad de Lausana, estudioso de Albert Camus, que en El vértigo de la fuerza parte de la matanza perpetrada contra el semanario satírico para hacer su propio análisis de la cuestión. Lo primero que sorprende es el modo en que toma aquella noticia como pretexto encaminado a desarrollar su idea del islam, sin tener en cuenta dos elementos básicos: quiénes eran las víctimas, y quiénes los verdugos. No hemos salido del primer párrafo cuando ya levantamos la primera ceja al leer que la plaga del nuevo siglo es “el crimen como deber sagrado”.

Leemos que la plaga del nuevo siglo es “el crimen como deber sagrado”

Es decir, partimos de la idea según la cual existe un dios que, a diferencia de la divinidad cristiana que observa entre sus mandamientos la proscripción de matar, impone a sus fieles la obligación de hacerlo: a unos por blasfemos, a otros por homosexuales, a estos por cristianos, a aquellos por judíos. Y a quienes dejan con vida, los humillan o los venden como esclavos. ¿Y todo para qué? Para rendir culto a la fuerza bruta, es decir, la superioridad física acompañada de la ausencia de frenos morales. Eso, viene a decirnos Barilier, es el islamismo.

Claro que esa afirmación tan tajante necesita un respaldo bibliográfico, el hallazgo de unas fuentes que demuestren que la violencia vinculada a Dios forma parte de la “cultura” musulmana. Y el ensayista no parece interesado en indagar en la poesía hedonista de Abu Nuwas, ni en la más reciente pero no menos gozosa de Maram al Masri; ni en las reflexiones sobre el amor de El collar de la paloma, de Ibn Hazm, ni en los ensayos de Maalouf, Ben Jelloun o Edward Said, por poner algunos ejemplos de amplio espectro de autores árabo-musulmanes de ayer y hoy.

Por el contrario, Barilier acude, para nuestra perplejidad, a un pasaje de una novela del argelino Rachid Boudjedra, en el que asoma un sádico profesor que golpea a un niño por defender que su madre es pura aunque menstrúe. Y por si fuera poco, añade otra escena de un autor senegalés, Cheikh Hamidou Kane, donde otro maestro se aplica con similares formas contra el alumno que no reproduce exactamente un versículo coránico.

Al Qaeda, Daesh… son demasiado espectaculares como para no ceder a la tentación de sacar patrones

Barilier suma uno más uno, dos, y le parece suficiente pesquisa para colegir que lo que une a ambos autores, y con ello a toda la comunidad musulmana, es la naturalidad con que se acepta que los docentes torturen a los infantes en nombre de la religión. Y si toleran eso con sus propios hijos, ¿de qué no serán capaces con los infieles, con los enemigos? Barilier, a quien imagino bien criado en su cantón natal, no imagina quizá que hasta hace nada las escuelas españolas repartían estopa al alumnado por no saberse la tabla del 3 o los afluentes del Ebro. Y eso no informa tanto de un carácter nacionalcatólico, como del subdesarrollo imperante y de la ausencia de herramientas pedagógicas alternativas a “la letra con sangre entra”.

Barilier, no obstante, está demasiado convencido de haber dado con la explicación de todo como para entrar en esos matices. Al Qaeda, el Daesh, Boko Haram, son demasiado notables, demasiado espectaculares, como para no ceder a la tentación de sacar patrones de ellos. Lo que va quedando de manifiesto conforme avanza el texto es que el suizo ha comprado con todos sus complementos la teoría del Choque de las Civilizaciones y del enfrentamiento Oriente-Occidente, Jesucristo-Mahoma, lo que no deja de ser una prueba de pereza mental.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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