Preguntas de niños

 

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¿Cómo llegamos al mundo?
¿Cómo nacen los niños?
¿Quién escribió el Corán?
¿Cómo se forma el universo?
¿Dónde se va el sol cuando se pone?
¿Por qué se casan los adultos?
¿Adónde vamos cuando morimos?
¿Cómo es el trono de Dios?
¿Por qué vamos a la iglesia?
¿Qué son los chiíes?
¿Por qué a mamá se le hincha el vientre?

Cuándo éramos pequeños,
nuestras preguntas eran simples de forma pero profundas de significado. Preguntábamos por cualquier cosa. No teníamos líneas rojas. Nuestra mente pequeña estaba todo el rato trabajando para hacer cristalizar una pregunta que sirviera para entender el universo que nos rodeaba, y luego hacíamos esa pregunta.

Hacíamos la pregunta para entender. Para formarnos una imagen en esta pequeña concepción del mundo que estábamos descubriendo con una hermosa fascinación infantil.

Crecimos… y alguna pregunta empezaba a dar vergüenza, otra ya no la permitía la religión.

Nos miraban mal por esa pregunta incómoda. Acababan aplastando así una cuestión molesta tras otra.

Aprendimos de forma gradual que hay preguntas que no deben hacerse, por acuciantes que sean. Debemos guardárnosla en nuestro interior hasta que, de forma gradual, la vayamos olvidando.

Quizás esto sea nuestro desastre verdadero: que hayamos dejado de hacer preguntas molestas

Quizás precisamente esto sea nuestro desastre verdadero: que hayamos crecido. Que hayamos dejado de hacer preguntas molestas. Que hayamos aprendido a acallar todo lo que expresa una duda. Que hayamos aprendido a aceptar las cosas como son, con tal de no incomodar a los demás con nuestras preguntas sobre el universo, sobre el mundo, sobre Dios y la religion, sobre el sexo y el amor.

Cuando la base de todo el cuento entero es la pregunta. La duda. La búsqueda de una respuesta.

Si el mundo ha avanzado es únicamente porque los grandes científicos y filósofos no tenían miedo a las preguntas, no se asustaban ante la duda. Eran las preguntas las que posibilitaron que se desarrollara la medicina, la física, la astronomía, la filosofía y las demás ciencias. En cambio, hoy, nuestra educación se basa esencialmente en reprimir las preguntas incómodas.

Aprendamos de nuevo a no tener miedo a las preguntas, ni siquiera a las que no tienen respuesta. Porque toda respuesta es producto de una pregunta, de una duda, es consecuencia de una investigación, una verificación, un desarrollo. La certeza nos mantiene donde estamos. Nos aleja de la verdad, evita los cambios y nos impide ir hacia adelante.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en MC-Douliya · 18 Junio 2018 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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Acerca del autor

Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario ...

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