“Soy fascista, ayudo a la gente”

 

A su lado va Aitor Beltrán, un español de Hogar Social, el grupo madrileño -al que muchos comparan con Amanecer Dorado, los neonazis de Grecia-, que ha venido para ayudar en la campaña italiana de CasaPound. Beltrán tiene 40 años, viene de Asturias y vive en la capital de España. “Viajé a Roma hace tres semanas y me iré unos días después de las elecciones. Les estoy ayudando porque es gente que está cerca de la ciudadanía, que no se echa para atrás si tiene, por ejemplo, que hacer un escrache”, insiste. “También he estado en Austria y Alemania. Pero Italia me gusta mucho, los italianos y los españoles somos muy parecidos”, asevera. “No sé si hay otros españoles, creo que soy el único que ha venido esta vez”, explica.

“No es que uno sea racista, pero hay que ayudarles en sus países, que no tienen que venir a Italia”

El blanco preferido de la rabia son los inmigrantes, aunque el repertorio es de lo más variado. Es el fascismo de la indiferencia, modelo siglo XXI. “A ver, no es que uno sea racista, pero hay que ayudarles en sus países, decirles que no tienen que venir a Italia. Eso es también por su bien. ¿Si no hay trabajo para nosotros ¿como va a haber para ellos?”, zanja Continisio.

Hace así gala de la misma retórica (modernizada) de Forza Nuova (Fuerza Nueva), formación fundada en 1997 por Roberto Fiore, antiguo terrorista de extrema derecha. Un personaje que ha llegado a ser acusado de ser un agente de los servicios secretos británicos después de su regreso a Italia tras años de exilio en Reino Unido. Allí se refugió en 1980 poco antes de una redada de la policía italiana contra el grupo Terza Posizione, que él lideraba y que sembró el terror a finales de los setenta en Italia.

Forza Nuova, heredera del grupo terrorista Terza Posizione, comparte líderes con CasaPound

Fiore, cuyo nexo con España incluye -entre otros- a su mujer, la española Esmeralda Burgos, y que se libró de la cárcel en Italia gracias a un juez británico que en 1982 rechazó la extradición reclamada por Roma, es otro de los epicentros del fenómeno. En los últimos meses, la formación también ha abierto nuevas sedes, mientras los militantes organizaban patrullas ciudadanas en las calles y en los trenes para aterrorizar a los inmigrantes. Todo ello, compartiendo con CasaPound no solo el ideario, sino también algunos de sus oscuros líderes. Es el caso de Gabriele Adinolfi, hoy uno de los intelectuales de referencia de CasaPound y antiguo líder, junto con Fiore, de Terza Posizione, tal como recordaba una reciente investigación de L’Espresso. El semanario italiano también sostiene que ambos grupos comparten los mismos esquemas de financiación.

El fenómeno ha vuelto a preocupar a la opinión pública. Más aún después de la brutal paliza (fracturas en la mandíbula, en las órbitas oculares y en la nariz) propinada a un muchacho bengalés en en el centro de Roma, en octubre. Y, tras el ataque de Macerata, donde el neonazi Luca Traini disparó en febrero a seis africanos, porque eran tan negros como el supuesto asesino de una drogadicta blanca.

La banda de CasaPound avanza un poco más. A lo lejos, se ven los horribles edificios grises en ruina. En un lateral hay un automóvil abandonado. A pocos metros se encuentra un centro de acogida para menores imigrantes que llegaron solos a Italia. Sobre ellos nadie dice nada. “Allí, allí, en esas casas. ¿Cuántas familias son? Seguro que unos cuantos nos votan”.

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Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal de la revista mexicana Proceso y colabora con el...

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