«Cualquier maricón de pueblo se hartaba de follar en el Rocío»

Nazario

 

Cuenta también sus años en Morón, cuando era una de las mecas del flamenco. ¿Cómo fue su contacto con Diego de Morón, maestro de tantos guitarristas?

Diego era uno de los intérpretes máximos de la guitarra, equivalente a Ravi Shankar en la india o a cualquier gran instrumentista iraní. Además, era un creador, no de los que se dedican a repetir lo que hacen otros. Sonaba su guitarra diferente a todos, incluidos sus sobrinos, que tocaban muy bien pero no llegaban al alma.

Cuando habla de la soledad de Diego, no me queda claro si insinúa que fuera homosexual…

No, no, era un hombre un poco asexuado. No pasaría nada si lo fuera, Mairena era abiertamente homosexual, y eso no quita que fuera un buen cantaor y una buena persona, pero Diego no…

También conoció a Fernanda y Bernarda, otras grandes artistas. ¿Cómo era ser lesbiana en aquel mundo rural, cerrado?

«Antes de conocer a Diego de Morón odiaba el flamenco, porque lo identificaba con Valderrama»

Como ocurría con La Paquera, Fernanda y Bernarda eran superfamosas y llevaban esa conducta semioculta, aunque había voces que decían que mantenían relaciones con Fulanita o Menganita. En general no se comentaba nada de eso, todo era en voz baja. No solo en el caso de ellas, sino de cualquier lesbiana. Era algo incomprensible por parte de muchos machos, no se entendía que hubiera relaciones sin penetración por medio. Otro tipo de sexo no existía para ellos.

Morón supuso un baño de jondura. ¿Se hizo purista allí?

Que me guste María Callas y no Elisabeth Schwarzkopf no es purismo, es conocimiento. Si conoces, puedes decir “este me gusta más, este menos”. No me considero purista porque me gusten Proust o Celine. Hay montones de obras que son superfamosas y me gustan, y otras no. Que me guste Diego del Gastor, Juan Talega o Borrico, y que Menese, Curro Malena o El Lebrijano no me hicieran gracia, es una forma de ver el arte como otra cualquiera. Yo antes de conocer a Diego y a los flamencos de Morón odiaba el flamenco, porque lo identificaba con Valderrama y Antonio Molina. Me gustaban solo los fandangos, porque soy casi de Huelva, pero no lo consideraba un arte superior. Cuando me meto a fondo, veo que como cantaba Rosalía de Triana o La Piriñaca no ha salido nadie que valga la pena. ¿Dónde está el Bambino de hoy? No hay nadie ni con la garra ni con la calidad de su voz. Y no niego el valor que puedan tener Camarón u otra gente, pero no me compraría un disco suyo. No es mi música.

Leyendo sus andanzas sevillanas, se descubre que usted llevaba una doble vida, pero la ciudad en cierto modo también. ¿Había dos Sevillas, una hetero de día y otra homosexual de noche?

«Los maricas descarados acababan en cárceles de Huelva, de Badajoz. Eso genera miedo»

Bueno, eso pasa con toda la sociedad. Mira el Rocío, era un mariconeo horroroso, toda aquella gente que se hartaba de follar aprovechando las borracheras. Siempre se hablaba de La Chester, un homosexual que tenía un puesto de tabaco en La Campana, y luego en el Rocío tenía una tienda de campaña en la que había colas de tíos para follar. Y no solo la Chester, cualquier maricón de pueblo se hartaba de follar en el Rocío, se desinhibía.

¿Pero Sevilla…?

Eran los años 60, estábamos en plena Ley de Peligrosidad Social. Los maricas descarados acababan en cárceles de Huelva, de Badajoz. Eso genera tanto miedo que no vas por la calle soltando plumas como hoy. Incluso había un argot para que no se enteraran de lo que hablábamos. Había que esconderse en estudios de amigos, de artistas… Y también era de dominio público que en cines como el Coliseo o el Trajano había relaciones entre hombres en el gallinero, en los asientos y en los váteres. También en los jardines.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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