El zoco de las esposas

 

Le pregunto a la niña si quiere casarse. Ella se sonroja, baja la cabeza. La abuela se molesta: “Por supuesto que ella quiere”. Responde a la señora, burra. ”

¿Está su padre de acuerdo en casarla sin acta matrimonial? “Sí, a la hermana mayor la ha casado a los 14 años. Las chicas no tienen nada que decir. Tan pronto como llega su zman (destino), se casan. ¿Qué van a hacer quedándose aquí? Las chicas están destinadas al marido y a los suegros. Cuanto más tiempo esperan en casa, más se marchitan”. La Hajja mira a su hija y suspira. Ha acusado la flecha de su nuera. “Nos gusta la niña. Volveremos si Dios lo quiere. Mi hermano debe ver a la niña y tu marido ver al pretendiente”, dice Sanaâ. La madre exclama: “¿Por qué verlo? Vuestras caras reflejan que sois buenas personas. ¡Volved! La chica es vuestra “.

“Os daré 15 chicas si queréis. Son educadas, sumisas, no hablan y aguantan todo sin quejarse”

Dejo a esta familia con quien compartí la comida, abrumada por haber mentido y dado una falsa esperanza a esta chica empujada cruelmente hacia una madurez temprana. El intermediario propone volver a ver al padre de la niña. Vuelta al Zoco. El padre no está. Su tío paterno nos recibe. Rico, poderoso: “Bienvenidos, con o sin matrimonio, estáis en vuestra casa”. Mi marido propone volver con el pretendiente. El tío se escandaliza: “Innecesario. Sois buena gente. Quiero ser amigo vuestro. Si mi sobrina no os agrada, está mi hermana, mis otras sobrinas, mis primas… Os daré 15 chicas si queréis. Son educadas, sumisas, no hablan y aguantan todo sin quejarse. Os daré 15 chicas atadas a una cuerda por un anillo en la nariz. Y si levantan la cabeza, se la bajaré”. ¡Creo estar soñando! Le digo al tío que la niña no tiene edad legal para contraer matrimonio y que es difícil tener el certificado de matrimonio. Él se ofende: “¿No hay acta? ¡No soy un crío! Habrá acta. El cadí y los adul (notarios) son mis amigos”. Le pregunto si eso ya lo ha hecho antes “¡Que Dios maldiga a Satanás!”, responde. “He casado a mi hija y mi sobrina a los 14 años”.

Nos vamos. Prometemos volver. ¿Cómo explicar el entusiasmo del tío y todos los padres que hemos conocido? ¡Ha sido tan facil! ¿Por qué este deseo de deshacerse de las niñas a edad tan temprana? Todas las niñas son un peligro en potencia que amenaza el honor de las familias.

¿Por qué casarse a los 13 años, cuando el padre es rico y ella tiene toda su vida por delante?

El intermediario desaparece. Regresa con otro padre. Conducimos hacia otro douar. Una casa grande. Una chica nos recibe. El salón es relativamente lujoso. La dueña nos da la bienvenida. Los hombres hablan de la lluvia y la cultura. Las mujeres, del matrimonio. La chica que nos recibió aparece con otro vestido, peinada y perfumada. Equipada con un cubo de agua y una escoba, comienza a limpiar el patio, como si bailara un vals. Después de la escoba, agarra un cepillo y frota el azulejo con una fuerza que revela la intensidad del sueño de casarse, en un momento en que se supone que las niñas de su edad juegan a las muñeca después de un día de clase. Ella golpea los azulejos y, de vez en cuando, nos mira discretamente para asegurarse de que apreciamos su habilidad. Desaparece, luego regresa con una fregona y otro cubo de agua, continúa puliendo el suelo, sin descanso. Ella lo limpia, lo seca, lo humedece nuevamente para secarlo. Me da pena. ¿Por qué casarse a los 13 años, cuando el padre es rico y ella tiene toda su vida por delante?

Después de beber y comer, me retiro con las mujeres. La anfitriona no sabe su edad. Se casó a los 13 años y muy poco después dio a luz. Su hija mayor se casó a los 14 años, hace un año, y ya tiene un hijo. Nuestra anfitriona tendría, pues, 29 años, su esposo más de 60. Ella está embarazada por séptima vez. La más joven es una niña: “Su salud es delicada porque es una niña de laghyal”. Eso quiere decir que la madre ha amamantado a su hija mientras estaba embarazada, y se cree que esta leche es perjudicial para el bebé amamantado. En realidad, la pequeña tiene síndrome de Down. No tengo valor para decírselo. Le aconsejo de todos modos espaciar sus embarazos para preservar su salud y la de sus hijos. “Mi marido se niega a llevarme a un médico y a comprarme la píldora” responde ella.

“Tuve seis niñas antes de tener un niño. Mi esposo tiene negocios, quiere chicos para que le ayuden”

Una mujer se junta con nosotras, acompañada de una chica embarazada. La primera debe estar en los cuarenta, la segunda no tiene más de 15 o 16 años. Están casados con el mismo hombre, el hermano del dueño de la casa. La mujer mayor tiene una cara tatuada y manos decoradas con henna. La joven tiene cejas finamente depiladas y esmalte rojo en las uñas. Dos generaciones, dos estilos, pero el mismo destino. El marido trabaja en Italia y viene tres veces al año. La mayor justifica el segundo matrimonio de su marido. “Yo no tengo hijos”. Le pregunto si ella es estéril. “No. Tuve seis niñas antes de tener un niño. Mi esposo tiene negocios, quiere chicos para que le ayuden”. La niña mira tímidamente su barriga y suspira: “Yo espero que mi vientre le de niños”. La mujer mayor nos pregunta si queremos ver a su hija, candidata al matrimonio. Ella no sabe su edad, 12 o 14 años. Otra chavalilla, otra inocencia.

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Acerca del autor

Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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