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afroasiáticas

 

Las lenguas semitas —árabe, hebreo, arameo, amhárico— y las bereberes —tamazigh, tamasheq— se suelen agrupar en una familia común, la afroasiática. A este vasto conjunto pertenecen otras dos grandes ramas: las lenguas chadianas, como el hausa, habladas al sur de Sáhara hasta el norte de Níger y las cushitas, difundidas en la costa del Mar Rojo, en grandes partes de Etiopía (donde predomina el oromo) y en toda Somalia.

A estos grupos se añade la rama egipcia, a la que pertenecía el recientemente extinto copto y el idioma de los faraones, utilizado en las inscripciones jeroglíficas.

Aunque las lenguas afroasiáticas no pertenecen al bloque indoeuropeo, sí comparten con éstas ciertas características estructurales, especialmente visibles en el caso del árabe, cuya gramática fue estandarizada siguiendo el modelo griego: la división de una frase en sujeto, verbo y objeto (directo o indirecto), una conjugación verbal con formas de singular y plural, a  veces también dual, primero, segunda y tercera persona, la definición de las preposiciones y pronombres… Además, los siglos de contacto entre lenguas como el árabe o tamazigh y lenguas como griego y latín han hecho que ambas ramas comparten un importante número de raíces, mientras que otras parecen derivarse de un fondo común a todos.

 
 
 

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