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Laura Casielles

 

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Una fervorosa mediterraneidad

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Laura Casielles | Facebook de la autora

Tres libros en apenas seis años –Soldado que huye (2008), Los idiomas comunes (2010) y Las señales que hacemos en los mapas (2014)– han bastado a Laura Casielles para hacerse un hueco privilegiado en la joven poesía española, de altísima densidad demográfica. Pero más allá de los numerosos premios que ha ido cosechando en este tiempo, y de las abundantes bondades de su lírica, destaca en esta autora, asturiana de Pola de Siero y de 1986, una mediterraneidad militante y fervorosa, extraordinaria en su generación y casi en las letras hispanas contemporáneas, tradicionalmente más atentas a los nortes que a los sures.

Sin duda algo habrá influido en esta querencia el máster en estudios árabes e islámicos que Casielles cursó en la Autónoma de Madrid, sumado a sendas residencias en París y Rabat. Tales experiencias le han permitido, por ejemplo, verter con buen gusto al castellano la poesía de un clásico vivo como el marroquí Abdellatif Laabi, o firmar poemas tan sabrosos y atemporales como este Meknes que ofrecemos, sutilmente exótico y al mismo tiempo familiar, limpio y cercano, irresistiblemente auténtico.

Si la poeta que habita en Laura Casielles sobrevive a sus obligaciones políticas –es, para más señas, Responsable de Análisis de Medios del partido emergente Podemos–, estamos seguros de que la citada producción seguirá incrementándose en los próximos años con grandes alegrías para sus lectores, y notables sorpresas para quienes aún no la hayan descubierto.

[Alejandro Luque]

Meknés

Mediterranía

Y llegó la vida a tu país de aceite
y derramó la lengua sobre las alquitaras.
                                                    Sara Castelar Lorca

Kilómetros de olivos. Ayer
compramos aceitunas en el mercado:
como peces de oro flotaban
en tinajas de aceite.
Un gesto antiguo,
una pala de madera,
una cesta.
De vuelta a casa tras el paseo que resucita las murallas,
las olvidamos en un rincón y luego,
en mitad de la noche,
saciamos el hambre poniéndonos la una al otro
frutos verdes y morados en la boca
como viejos dioses incautos y eternos.
Kilómetros de olivos. Horizonte y suelo,
estela y vías: las líneas de mi mano
también sirven de mapa en esta tierra

[Publicado en: Las señales que hacemos en los mapas (2014)

 *     *      *

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Nosotros, los ilusos

Solíamos soñar
barcos capaces de alzar el vuelo -mecidos por el aire como el mar acuna a los peces-,
abrigos que no ardiesen al atravesar hogueras,
una casa en la que fuera imposible el frío,
seres desconocidos que nos contasen secretos nunca dichos.

Con tierra y llagas en las manos,
con los ojos quebrados de mirar en detalle,
logramos construir
barcos que levitaban varios palmos por encima de las cosas,
abrigos que convertían el fuego en ardiente caricia,
una casa tan llena de gente que el invierno se nos olvidaba.
Adentrándos en la selva encontramos
animales sin nombre a los que enseñamos a pronunciar las palabras decisivas.

La realidad y el tiempo
-sus tormentas de arena, sus sables cruzados, su redoble de muertos-
nos dejaron
cascos oxidados de buques por el suelo,
ruinas de una casa con goteras y grietas,
la piel quemada,
cadáveres de bestias entre los brazos.

Soñaremos ahora
con barcos que con sólo pensarlo se trasladen de estrella en estrella.
Con abrigos que al atravesar las llamas ardan, pero con un fuego que cure heridas.
Con casas que conjuren la llegada del invierno.
Con criaturas celestiales
que ni siquiera necesiten hablar.

[Inédito]

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© Laura Casielles · Primero publicado en Caleta (Dic 2015)

 
 
 
 

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