Dinero, amistad, amor, sexo

 

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Tradicionalmente, los hombres mantenían a las mujeres. El dinero era un asunto de hombres. Hoy en día, las mujeres reciben un salario por su trabajo. Los esquemas tradicionales evolucionan. Pero, ¿cuál es la actitud ante el dinero en las nuevas relaciones hombre/mujer fuera del matrimonio? ¿Se percibe todavía al hombre como “financiero”? ¿Quién paga la cuenta cuando se sale? ¿Las mujeres? ¿Los hombres? ¿Ambos?

Interesémonos por las chicas jóvenes y mujeres solteras. Entre las chicas jóvenes, hay dos categorías: aquellas salidas de sectores sociales pudientes, que tienen dinero, y aquellas de clases más desfavorecidas, que tienen poco o nada de dinero.

Algunas chicas jóvenes, cuando tienen dinero, se niegan a que les inviten a lo que sea por principios: “¡Me niego a depender de un hombre! ¡No estoy en venta!” Los hombres invitarían a las chicas jóvenes para engatusarlas y tener derecho sobre su cuerpo.

Muchas piensan que si un hombre quiere su compañía, tendrá que aflojar la pasta

Sin embargo, es fácil proteger el orgullo cuando se tienen los medios. Las desfavorecidas afirman no tener elección: “Mis padres son pobres. O acepto que mis colegas me inviten o no salgo.” Muchas de estas chicas son conscientes de su situación de dependencia pero no dudan en tragarse su orgullo por un momento de placer.

Son más numerosas, adineradas o desamparadas, aquellas que piensan que si un hombre quiere su compañía, este tendrá que aflojar la pasta.

Esta otra categoría se queja de la pesadumbre de los hogares, donde la falta de espacio da lugar al hacinamiento y la agresividad. De ahí la huida hacia lugares agradables: “Mi casa es un infierno. No tengo un espacio para mí. Duermo en la sala que sirve de comedor, salón y dormitorio.” En estos hogares cohabitan varias parejas, con lo que la tensión aumenta: “Vivimos apiñados en tres habitaciones: mis padres, mis cinco hermanos y hermanas, mi abuela y mi tía viuda. Me siento mejor en una cafetería.”

La mala alimentación empuja a buscar mesas llenas: “Como mal en mi casa. Si tengo la ocasión de que me inviten en un restaurante, no me privo.”

La escasez de actividades de ocio y su precio excesivo hacen que muchas jóvenes caigan en los brazos de los hombres. “Sueño con hacer música, danza, teatro. Mis padres son pobres. Ir a cafeterías y a restaurantes me entretiene.” “Ni siquiera tengo cómo pagarme una entrada para el cine al mes. Los hombres me invitan.”

“Ni siquiera tengo cómo pagarme una entrada para el cine al mes. Los hombres me invitan”

La pobreza y la ausencia de infraestructuras culturales y deportivas al alcance de la población, ¡atentan contra la dignidad y el orgullo!

Generalmente, entre amigos de la misma edad, cada uno paga su parte: “Cuando salimos en grupo con amigos del instituto, sabemos que ninguno tiene muchos recursos.”

Sabiendo que los amigos de la misma edad no tienen recursos, muchas solteras, en busca de ocio, prefieren salir con hombres mayores que ellas, que tienen un sueldo: “Con ellos descubro lugares agradables y no me aburro.”

La búsqueda del lujo es una motivación: “Con los jóvenes, pasamos horas en la misma cafetería. Ni mi presupuesto, ni el de mis amigos nos permiten frecuentar lugares lujosos o consumir varias veces en el mismo lugar. ¡Los hombres mayores me miman!”

“No permito que un hombre me invite. Si no tengo los medios, no salgo”

“El joven no es consumidor. ¡Es un bouwasse!” Bouwasse designa en Marruecos al cliente que pide una taza de café que le dura dos o tres horas. Para hacer durar el disfrute, no le da tragos, sino que simplemente pone sus labios en el borde de la taza. Besa la taza. De ahí la expresión bouwasse, besucón.

Las solteras de mayor edad son presas de su sueldo. Algunas, cuando pueden pagar sus pasatiempos, son dignas: “No permito que un hombre me invite. Si no tengo los medios, no salgo. No me gustan las relaciones basadas en el beneficio.”

Sin presupuesto para el ocio, muchas chicas se dejan cuidar por los hombres. En muchas ocasiones, la tradición perdura a pesar de la evolución de la sociedad. Se sigue considerando al hombre como aquel que tiene que pagar. Muchas chicas jóvenes piensan que es el rol de los hombres. Utilizan este pretexto para aprovecharse de cada situación. Hay que lamentar que este perfil se extiende cada vez más en una sociedad donde la pobreza y la frustración hacen estragos y donde se evalúa a la persona según las apariencias de fortuna.

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Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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