«Los refugiados no son un negocio para Dáesh sino para Europa»

Hassan Blasim

 

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Hassan Blasim (2015) | Bengt Oberger / Creative Commons

Hassan Blasim (2015) | Bengt Oberger / Creative Commons

Tardó años en encontrar un hueco en el mercado europeo literario, que siempre se hace el remilgón ante nombres de los países “de ahí abajo”, si no vienen precedidas de un premio nobel o una sólida fama de imitador de las Mil y una Noches. Y la obra de Hassan Blasim (Bagdad, 1973) tiene muy poco que ver con mundos exóticos, aunque sus relatos transcurran – algunos – en Iraq, (otros se ubican en la Europa de los refugiados e inmigrantes), y mucho con la alocada realidad que vive el mundo actual.

Estudiante de cine en la cuerda floja bajo la dictadura de Sadam Hussein, autor del filme documental The Wounded Camera (2000), rodado en el Kurdistán iraquí, refugiado en Turquía y los Balcanes antes de llegar, en 2004, a Finlandia, donde reside, Blasim es hoy uno de los autores en lengua árabe más prometedores y más innovadores. Hasta ahora, su único libro en español es El loco de la plaza Libertad, mientras aún se espera la traducción de la colección de relatos El Cristo iraquí.

¿Cómo es la vida normal de un escritor iraquí en Finlandia?

«Fui caminando de Bagdad a Helsinki, me costó 4 años. Lo he vivido, he cruzado esas fronteras»

Bueno, llevo viviendo en Finlandia desde hace más de doce años, y al principio fue muy difícil. Es un país pequeño, no tienen una gran tradición en cuanto a inmigración. Cuando llegué en 2004, era realmente duro. Envié mis historias a algún periódico para encontrar un traductor. No pude… Al final fui a la televisión, porque había empezado a filmar en Iraq e hice algunos documentales para TV, y es más fácil comunicarse con la imagen, no con el idioma. Cuando mi libro fue publicado en inglés, y tuvo cierto éxito en Inglaterra, en Finlandia empezaron a interesarse por mí: Ese escritor ha tenido éxito, y está en Finlandia, a ver qué hace… y me tradujeron. Ahora mi situación en Finlandia es muy buena, tengo financiación, trabajo con teatro, me apoyan en los medios de comunicación. Ha cambiado, pero los comienzos fueron complicados.

Cómo refugiado…

Ahora tengo la nacionalidad finlandesa.

Pero al llegar ¿era fácil explicar en Europa que usted es un refugiado, y no un inmigrante común?

Cuando llegué a Finlandia era un refugiado, y con el tiempo me convertí en activista, para explicar qué difícil lo tienen los refugiados ahora en Europa. Ahora cuando viajo por festivales de Europa, hablo más de refugiados. Porque yo mismo hice lo que llamamos el camino ilegal de los refugiados: fui caminando de Bagdad a Helsinki, me costó 4 años. Lo he vivido, he cruzado fronteras: de Iraq a Irán, a Turquía, a Bulgaria, a Serbia, a Hungría… todo ese camino, es terrible, es una tragedia humana.

Esa tragedia es también un tema recurrente en su libro.

«Durante la dictadura de Sadam Husein era para asustarse si te seguía la policía secreta»

No tengo problemas para hablar de refugiados, ni para escribir. Al final soy escritor, escribo ficción. Pero lo difícil en Europa, y por eso lucho, es que no necesitas a gente que lea tus relatos, tu ficción, como documentales o fotografías de lo que pasó. Porque eres escritor y tienes un artista dentro, quieres hacer algo artístico. Puedes ser un activista en los festivales, pero cuando te pones a escribir, eres escritor. De ficción. Te fijas más en el lenguaje, de lo que quieres de la literatura. Pero la gente no lee mucho en Europa.

Y menos libros de países que apenas ubica…

¿Literatura árabe? Ese es el gran problema. Siempre tienen estereotipos respecto a la literatura árabe porque no hay muchos editores que tienen traducciones de literatura árabe. Si decimos Europa, pensamos en gente con estudios, una sociedad libre que se supone que lee mucho, pero no saben nada de otros mundos. En Europa solo leen a escritores europeos.

Antes de venir a Europa, usted vivió en Kurdistán. ¿Sentía que vivía en un lugar diferente de Iraq, o era lo mismo que vivir en Bagdad o Mosul?

Kurdistán no es realmente un país distinto. Porque yo crecí en Kirkuk, que es una ciudad en el norte de Iraq, una ciudad mestiza. Crecí con los kurdos, los turcomanos, los árabes. Así que cuando llegué a Kurdistán, yo conocía la cultura, sus problemas, cómo luchan por la independencia. No era difícil estar con la gente, pero la situación era complicada entonces, porque justo había acabado la guerra civil entre dos partidos, la situación económica era muy mala, y era algo peligroso. Yo cambié mi nombre, Hassan, por un nombre kurdo [Ouazad Osman], porque hice un filme sobre el dictador, y en esa época era para asustarse si te seguía la policía secreta. Por eso me fui de Kurdistán, porque temía por mi familia en Bagdad.

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Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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