Cirugía contra la ablación

 

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Mujeres en El Cairo (2013) | © Imane Rachidi / M’Sur

El Cairo | Agosto 2017

 “Quiero volver a ser una mujer normal”, dice Rafia, una joven sudanesa que pide información en un centro de cirugía estética de El Cairo. Ella sufrió la mutilación genital femenina (o ablación) cuando apenas rozaba la adolescencia. Tiene ahora veintiún años y quiere recuperar la función de su clítoris porque necesita “sentir lo mismo que otras mujeres”.

Rafia ha decidido someterse a una operación de reconstrucción de esa parte de su cuerpo que su madre decidió extirparle para insensibilizarla, siguiendo lo que casi todas las familias de Egipto y Sudán, y una amplia franja de África al sur del Sáhara, creen una obligación religiosa. En las regiones periféricas de El Cairo, tanto musulmanes como cristianos están convencidos de que la intervención es imprescindible para preparar a las niñas para el matrimonio: amputar el clítoris es la única vía, consideran, para tener acceso a una vida matrimonial y social honrada.

Curiosamente, unos la justifican con el Corán, y otros, con la Biblia, si bien no aparece en ninguno de los libros sagrados y se practica también en sociedades africanas no adheridas a ninguna religión monoteista. Con todo, Egipto es uno de los países que lideran las estadísticas de la ablación, con más del 90% de las mujeres mutiladas.

“Nunca he podido disfrutar del sexo; necesito saber si es posible someterme a una cirugía”

Rafia no sabe ni por dónde empezar. Recurre al Centro de Ginecología Estética y Reconstructiva de la capital egipcia para resolver sus dudas. “No tengo más piel dentro pero aún sigo teniendo un poco de clítoris. No se puede ver con facilidad pero se siente con el dedo”, detalla sobre los restos de esa mutilación que le fue practicada

“Nunca he podido disfrutar del sexo y me da vergüenza desnudarme completamente delante de un hombre, nunca lo he hecho. Quizás a alguien le pueda sonar absurdo, pero necesito saber si es posible someterme a una cirugía plástica para recuperar la parte mutilada”, expone Rafia a los especialistas de la clínica. Hay que hacer un análisis: la forma de cortar no siempre es la misma, y algunas niñas no tienen manera de recuperar el órgano.

Según los médicos, no obstante, es muy raro que durante una mutilación se elimine todo el clítoris. Normalmente, se corta solo la parte visible; cuánto es depende bastante del pulso y el ojo de la curandera que realiza la operación. En algunas regiones de Sudán y sobre todo en Etiopía y Somalia se cosen luego incluso los labios mayores para cerrar la vulva, dejando solo un pequeño agujero para la orina y la menstruación. Para el coito hay que volver a abrir, de forma dolorosa, la parte cicatrizada.

La ablación siempre se produce en la ilegalidad, en clínicas privadas o a manos de curanderas

Incluso cuando la intervención es del tipo egipcio, menos profunda, no es exenta de riesgo mortal. En mayo pasado, una joven de 17 años falleció tras habérsele practicado la ablación en un hospital privado de la ciudad de Suez, en Egipto. Se llamaba Mayar Mohamad, y la intervención desembocó en una grave hemorragia que provocó su muerte. Su caso salió a la luz tras la denuncia de la familia por su fallecimiento. Demostró una vez más que las leyes que desde 1997 prohíben la ablación en Egipto – con nuevas penalizaciones y agravantes cada pocos años, tras algún escándalo – no han servido de gran cosa. Eso sí, la operación siempre se produce en la ilegalidad, en clínicas privadas y a menudo a manos de curanderas sin conocimientos médicos.

“Tratamos a 4-5 mujeres por semana y devolvemos el clítoris cortado a su estado natural”

El cirujano plástico Amer Saif al Din confirma que hay mucha probabilidad de que Rafia vuelva a recuperar la sensibilidad. Su caso tiene solución porque, a pesar de los graves daños sufridos, sigue teniendo parte del clítoris. Según explica el médico, esa parte restante del clítoris puede ser “remodelada y reconstruida después de la mutilación. El resultado siempre dependerá de la cantidad que ha sido sustraída”. Saif Al Din ha tratado a mujeres de Egipto, pero también a muchas de Sudán, Eritrea y Somalia. “De media, tratamos a unas cuatro o cinco mujeres por semana, que suelen tener entre 20 y 30 años, cuando deciden que ya no pueden más y recurren a la cirugía para sentirse más completas. Lo que hacemos es devolver el clítoris cortado a su estado natural”, explica.

Aún sigue recordando el caso de una joven que intentó operar, pero que no tuvo éxito. Tenía 19 años y fue circuncidada cuando tenía seis años, por su propia madre. Es egipcia y le contó todos los detalles de la barbarie que le hicieron cuando aún era una niña. “No se siente normal, ni siquiera hablaba del tema con sus amigas porque estudiaba entre chicas de clase media, que no habían sido mutiladas, y a ella le daba vergüenza contarlo”, rememora. Tiene problemas de menstruación, incluso dolor para orinar, y sobre todo, muchísimos problemas de autoestima. “Le arruinaron la vida”, sentencia.

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Imane Rachidi
Periodista (Chauen, 1991). Vive en La Haya.
Nacida en Marruecos, Rachidi se traslada en 2002 a España, donde...

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