La guerra de Siria se acabó

 

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Los rebeldes sirios se han rendido en Deraa. Esta región, al sur del país, es el lugar donde empezó el levantamiento hace más de siete años, y la importancia de su capitulación va más allá del mero simbolismo. Tras varias semanas de intensos combates y bombardeos de las fuerzas de Bashar Asad y la aviación rusa, que han producido al menos 320.000 desplazados, las tropas gubernamentales han llegado a la frontera de Jordania y se han hecho con el control del estratégico paso de Nasib. Los insurgentes negocian ahora una evacuación hacia suelo jordano o hacia Idlib, en el noroeste, la única área de cierto tamaño que queda en manos de la oposición.

Hace ya mucho que el de Siria es un conflicto multidimensional, como lo fue el del Líbano

La ofensiva gubernamental ha acabado con las zonas de exclusión que costó un año negociar. Pero sobre todo, la reconquista de este espacio supone el final del llamado Frente Sur, la última esperanza de que la rebelión siria pudiese sustituir al régimen de Damasco por un ejecutivo moderado y prooccidental. No es que las apuestas estuviesen muy a su favor -esta semana el Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, ya dejó claro que derrocar a Asad “no es una prioridad” para la Administración Trump-, pero la caída de Deraa implica la muerte definitiva de lo que alguna vez fue el Ejército Libre Sirio (ELS). Hace ya mucho tiempo que el de Siria es un conflicto multidimensional, como lo fue el del Líbano entre 1975 y 1990. Como aquel, el de Siria han sido muchas guerras dentro de una. Y la principal, tal y como la conocíamos, acaba de terminar.

El ELS nació en la primavera de 2011, cuando militares desertores empezaron a proporcionar protección armada a los manifestantes que protestaban contra Assad, y cuyas reivindicaciones eran contestadas a tiros. Estos oficiales se organizaron en la vecina Turquía bajo el mando del malogrado coronel Riad al Asaad, y no tardaron en convertirse en una amenaza para el régimen. Los insurgentes comenzaron a integrar también a civiles que querían luchar contra el dictador; como han señalado algunos expertos, el Ejército Libre Sirio se convirtió en una etiqueta a la que acogerse, al estilo de la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. En la práctica, cada milicia o facción operaba por su cuenta, sin un liderazgo central claro.

Pronto llegaron los patrocinadores internacionales interesados en derrocar a Asad: EEUU, Francia, el Reino Unido, Turquía, Arabia Saudí, Qatar… Varias de estas potencias organizaron en Jordania un Centro de Operaciones Militares (MOC) para coordinar la financiación y entrenamiento de los rebeldes, y un año después otro similar en Turquía, el llamado Müsterek Operasyon Merkezi (“Centro de Operaciones Unificadas”, o MOM). Las potencias occidentales, en cualquier caso, apostaron por la denominada “estrategia del Frente Sur”: el plan, según señala un informe del International Crisis Group, era desgastar a las tropas de Asad en el norte mientras se apuntalaba en territorio jordano una fuerza militar capaz de darle el golpe de gracia en el momento adecuado, aprovechando la cercanía entre la frontera jordana y Damasco.

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Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la...

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