Entre terror y discriminación

 

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Una anciana le gritó al personal de seguridad que se negaba a dejarla entrar: “¿Ahora estáis aquí para evitar que asistamos al funeral? ¿Dónde estabais cuando trajeron los explosivos para matarnos?

Esta fue la escena frente a la iglesia de Santa María en Ciudad Nasr el 12 de diciembre de 2016, mucho más al este de la catedral copta, donde mataron a 25 coptos en una explosión el día anterior. El funeral se trasladó ahí por temor a la ira pública dirigida contra los servicios de seguridad y contra el propio Sisi, como demostraron los cantos el día de antes, poco después de la explosión.

Había más seguridad para impedir que los dolientes entraran en la iglesia a llorar la muerte de los que habían perdido que la que había para evitar los explosivos en la iglesia de San Pedro en la catedral. El Estado militarizó y politizó el funeral de las víctimas del bombardeo en la catedral, al que acudieron algunos oficiales para hacer un “control de daños”, los invitados y solo un miembro de cada una de las familias de las víctimas.

Este acontecimiento dejó a los coptos y, de hecho, a muchos egipcios resentidos y enfurecidos.

Las fuerzas de seguridad son sospechosas de ese crimen por un acontecimiento similar

Antes de que Daesh (ISIS) se adjudicara la responsabilidad del ataque, algunos sospecharon del Estado. Que las fuerzas de seguridad sean sospechosas de ese crimen atroz puede parecer increíble e incluso conspirador, pero esa creencia deriva de un acontecimiento similar en la historia reciente.

En la víspera de año nuevo de 2011, se cometió un atentado en la iglesia de Al-Quddisin, en Alejandría. Los ecos de esta horrible explosión, que dejó 21 muertos, aún resuenan hoy. Igual que en relación con el reciente atentado, se ha denunciado la laxa seguridad.

En aquel entonces existía la gran sospecha de que todo el asunto estaba orquestado por los servicios de seguridad. Alrededor de diez días después de este suceso, el 11 de enero de 2011, un hombre se subió a un tren yles  disparó a seis coptos, de los que uno de 71 años resultó muerto. Cuando el perpetrador estaba huyendo del lugar, los pasajeros lo agarraron por el abrigo, pero consiguió escapar dejando el abrigo atrás. Dentro había dejado su DNI, que lo identificaba como un policía de bajo rango.

Para eximirse de toda responsabilidad, el Ministerio del Interior afirmó que tenía un trastorno mental. Sin embargo, ese incidente aumentó la sospecha de que el ministerio, liderado por el infame Habib El Adly, estaba detrás del ataque.

En 2011 se afirmó que hay documentos que ligan a Interior con los atentados en la iglesia

Las protestas masivas tuvieron lugar a principios de enero de 2011 con la firme convicción de que los servicios de seguridad eran al menos cómplices, si no perpetradores, de aquellos ataques mortales a los coptos. Más tarde, en marzo de 2011, tras el asalto al cuartel central de la Seguridad Estatal, se afirmó que se habían encontrado documentos que ligaban a Interior con los atentados en la iglesia.

Además, fueron los blindados del Ejército en octubre de 2011 los que arrollaron a manifestantes coptos fuera del edificio de televisión en Maspero. Para colmo, las fuerzas policiales se quedaron paradas mientras los matones atacaban la misma catedral en abril de 2013 bajo el mandato de Morsi, e incluso dispararon botes de gas lacrimógeno dentro de sus instalaciones.

Si bien este incidente lleva claramente el sello de un grupo terrorista extremista, la indignación contra las fuerzas de seguridad está justificada. Si no de nada más, la seguridad egipcia es culpable al menos de negligencia grave.

Sin embargo, a pesar de este evidente fracaso, el presidente de Egipto, Abdel Fattah Al-Sisi, escribió en su página oficial de Facebook: “El incidente en la iglesia de San Pedro no se debió a una deficiencia de seguridad, sino que fue un fuerte golpe a los terroristas”. Mucha gente se quedó confusa ante la declaración y se sospechaba que se trataba de un perfil satírico.

No es sólo el resultado de un fallo colosal de seguridad egipcio sino de políticas a largo plazo

Este horrible ataque no debe examinarse aisladamente como un simple fallo de seguridad. No es solo el resultado de una planificación minuciosa de los extremistas y un fallo colosal del aparato de seguridad egipcio. Es el resultado de políticas a largo plazo.

A través de la historia reciente de Egipto, hay toda una cultura de promoción del copto inferior, ya sea mediante incidentes sectarios cuyos perpetradores quedan, en su mayoría, impunes, ya sea a través de políticas estatales o de una extendida retórica, se les pide a los coptos que se aíslen ellos mismos y que se resignen a ser el grupo más débil. Hay quien ve estos ataques directos a los coptos como un ataque a la unidad nacional, en lugar de estar dirigidos contra los coptos, lo que nos atrinchera más en una narrativa de negación.

Los coptos no gozan de los mismos derechos a pesar del discurso tan atractivo que Sisi exportó a Occidente asegurando que él está ahí para proteger a las minorías. Hasta la fecha, hay serias restricciones para construir iglesias e incluso para reparar las existentes.

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Wael Eskandar

@weskandar

Periodista (El Cairo). Bloguero y analista, Wael Eskandar ha colaborado con diarios egipcios...

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