El Ejército más moral

 

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Hace unos días me topé con una excelente película británica, Testamento de Juventud, cinta basada en las memorias de Vera Brittain.

Vera narra su historia, la historia de una chica británica que creció en el seno de una familia burguesa sin sufrir ningún tipo de preocupaciones o penas, hasta que la Primera Guerra Mundial puso fin a ese paraíso. Su hermano, sus amigos y su prometido murieron uno a uno en los barrizales de Francia. Ella se alistó como enfermera cerca del frente y atendió a cientos de heridos y muertos. Aquella dulce muchacha de pueblo terminó convirtiéndose en una dura mujer.

La escena que más me impresionó tiene lugar cuando ella se encuentra destinada en un barracón repleto de soldados alemanes heridos. Un oficial alemán, no demasiado joven, está agonizando. En su propio delirio ve a su amada, agarra las manos de Vera y le susurra “¿Eres tú, Clara?”, a lo que Vera responde en alemán “Ich bin hier”, “Estoy aquí”. Con una feliz sonrisa en los labios, el alemán muere.

Al final de la guerra, una muchedumbre de ingleses exige una paz vengativa. Vera se sube al escenario y relata esta anécdota. La muchedumbre enmudece.

La película me hizo recordar el caso de Elor Azaria, el soldado que acabó con la vida de un atacante árabe, gravemente herido, que yacía indefenso en el suelo. Fue condenado de forma severa por un tribunal militar, si bien se le castigó con una pena de prisión ridículamente leve de tan solo año y medio. Su abogado, buscando publicidad, ha recurrido la sentencia.

Matar a un enemigo herido o capturado es un crimen de guerra. ¿Por qué?

Un ejército que entrena a sus soldados para matar, ¿cómo les puede pedir que sean clementes?

Para muchos, tal afirmación es un sinsentido. La guerra es lugar de muerte y destrucción. A los soldados se les condecora por matar. Entonces, ¿por qué de repente se considera un crimen matar a un enemigo herido? ¿Cómo es posible que hablemos de un Derecho de la guerra cuando la guerra en sí misma quebranta todas las leyes? Un ejército que entrena a sus soldados para matar, ¿cómo les puede pedir que sean clementes?

Desde el principio de la humanidad, la guerra ha formado parte de la condición humana. Comenzó con las tribus primitivas, que defendían sus limitados recursos alimenticios de los vecinos predadores. Los muertos de aquellos significaban recursos no perdidos.

Los límites de los estragos de la guerra se fijaron tras la finalización de uno de los conflictos más espantosos de la Historia: la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Su principal campo de batalla fue Alemania, un país llano del centro de Europa, sin ningún tipo de fronteras defendibles. Los ejércitos extranjeros penetraron en el país por todos lados para enfrentarse entre ellos. Estos ejércitos devastaron ciudades enteras, asesinando, violando y saqueando.

Aunque comenzó como una guerra religiosa, acabó convirtiéndose en una guerra por la supremacía y el lucro.

No se puede hacer nada para limitar las prácticas que son necesarias para ganar una guerra

Murieron millones de personas. Al final, dos tercios de Alemania quedaron arrasados y se exterminó a un tercio de la población alemana. Una de las consecuencias fue que los alemanes, al no poseer ningún tipo de frontera natural y defendible como mares y montañas, crearon una frontera artificial: un poderoso ejército. Tal hecho marcó el comienzo del militarismo alemán, que culminaría con el delirio nazi.

Siendo testigos de las atrocidades cometidas durante la Guerra de los Treinta Años, los humanistas sopesaron diferentes formas de limitar las contiendas y crear un Derecho internacional. El defensor más destacado de esta idea fue un holandés, Hugo de Groot (“Grotius”), quien sentó las bases de las reglas de la guerra.

¿Cómo se puede limitar una guerra? ¿Cómo pueden ser las armas “puras”, cuando su único propósito es matar y destruir? Grotius estableció un principio muy sencillo: no se puede hacer nada para limitar las formas y prácticas que son necesarias para ganar una guerra. Ningún ejército respetaría tales restricciones.

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Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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