El hombre del pan desnudo (2013)

Mohamed Chukri

 

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Desde abajo, casi desde la tumba

Retrato de Chukri (Portada de El hombre del pan desnudo)

Retrato de Chukri (Portada de El hombre del pan desnudo)

Es el maestro, no hay quien lo niegue. Literatura marroquí ha habido mucha, y buena. Pero nadie como Chukri ha vivido antes tanta vida para contarla luego desde muy abajo.

Es esa inmediatez que conecta vida y obra la que chocó tanto a la buena sociedad marroquí cuando intentó publicar El pan desnudo en 1972: escribía como la vida misma, con toda su crudeza. Contaba la verdad. Porque la llevaba impresa en la piel. Era escritor, pero también era, había sido, aquel personaje, el adolescente de la calle, entre alcohólicos, contrabandistas, putas.

Es esa doble cara de Chukri que se convierte en el argumento de la obra homenaje de Zoubeir Ben Bouchta, dramaturgo de Tánger, la ciudad que adoptó el niño de la calle rifeño como suya. Un cementerio, una estatua que son dos hombres. Dos en uno: dos veces Chukri. Y un personaje extraño, Mairrouda, que quiere saber cuál de los dos es el verdadero.

El hombre del pan desnudo se estrenó en noviembre de 2013 en Tetuán, como homenaje al décimo aniversario de la muerte del escritor. El autor ha cedido la primera escena para su publicación en la revista Caleta (Diciembre 2015) y se presenta aquí en versión bilingüe. Escrita en árabe clásico – el mismo idioma que usa Chukri en sus novelas – es una de las obras de teatro más recientes de Zoubeir Ben Bouchta (Tánger, 1964), tras hitos como Lala Yamila (escrito en magrebí), An-nar al-hamrá (El fuego rojo, 2006) y Aqdam baidá (Pies blancos, 2008).  A ellas siguió Tingitanus, que recurre a la mitología griega y a figuras como Hércules, Anteo y Deyanira, y de la que M’Sur publicó un fragmento en 2010.

Pero Chukri no ha sido solo maestro de prosistas: entre su obra de novela, relato y ensayo también asoma un drama: La felicidad, rompedor en su sencillez y su atrevida visión de una sociedad distópica en su liberación. Porque pese a que su nombre estará siempre asociado a ese pan desnudo que comió en las aceras polvorientas, fue más, mucho más, que un escritor de las calles de Tánger.

[Ilya U. Topper]

El hombre del pan desnudo

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[Texto original árabe]
النص العربي

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Personajes
(por orden de aparición)

Ri
Chuk
Mairruda

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Primera Escena

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Se ilumina un terreno abandonado que parece un erial o un cementerio sin ninguna afiliación religiosa; no es cristiano ni judío ni musulmán. Un cementerio que se parece a todos estos cementerios y a ninguno.

Mairruda, custodia del cementerio, es una mujer de mediana edad, con rasgos indefinidos. Examina extrañada la simetría de dos personajes plantados en sus sitios, espalda contra espalda sin moverse, a la manera de una única estatua con dos caras semejantes, y como si ambas fueran la misma cara que se repitiera en ambos lados de esa estatua. Escudriña sus rasgos.

Mairruda: Nariz aguileña, bigotes rubios, suave gabardina marrón, boina vasca. Ese recién llegado parece que hubiera venido buscando compañía y no para el entierro, donde la muerte es la dueña del lugar. [Examina un registro abierto que tiene entre las manos] ¡Y han enviado el cadáver desde el hospital militar en ropa civil! [Pausa] ¡Los muertos de hoy en día! Ya no hay quien le infunda a la víctima el respeto que merece la solemnidad de la muerte, en veneración y santificación. [Pausa] Se atreven a enviarnos sus muertos no sólo sin mortaja, sino ¿con sus ropas de vivo y todo? ¿Cómo se atreven a algo tan detestable, tan nauseabundo?

[Examina la cabeza de la estatua]

Parece que la cabeza no se la afeita. Las tijeras no le han tocado ni un solo pelo. Les pareció excesivo cortarle el pelo de la cabeza y las ingles y las axilas. Y seguro que encima se han traído el cadáver sin lavar. ¿Y la mortaja? Esa se la habrán quedado para usarla para algo más importante.

[Mira el registro en sus manos y lee prestando gran atención]

Han apuntado en la libreta de su muerte que el recién llegado no era ajeno a los cementerios, porque el registro menciona su tiempo de errores literalmente:

[Lee del registro; todo lo que lee se refleja por escrito sobre la pared del cementerio]

“No sé qué me incita siempre a pasear por los cementerios. ¿Es la paz que tienen o se trata de una costumbre de cuando dormía en ellos? ¿O es mi amor a la muerte? 1)

También registra que este nuevo huésped ejercía la escritura, por eso han hecho un inventario de lo que llevaba encima el cuerpo; y resulta que contiene diversos lápices en las formas y tamaños que de costumbre guardaba en un bolsillo secreto de su gabardina. [Saca lápices del bolsillo interior de la gabardina. De forma espontánea intenta escribir con ellos sobre el registro. Todo lo que dibuja se refleja inmediatamente sobre la pared del cementerio].

“Escribí… en los cementerios judíos, en los cristianos y los musulmanes, y especialmente en los cementerios cuya edad se remonta al siglo diecinueve en Tánger; quizás sea porque los cementerios antiguos inspiran más, o porque me gusta la muerte antigua” 2)

[Le habla a la estatua]

Ahora descubro el secreto de por qué te enviaron con toda tu complacencia terrenal. Porque tú vienes aquí para revivir tu otra vida, cuando te ha expirado lo de revivirla allí. [Mete la mano en el bolsillo de la gabardina y rebusca]. Has vivido una excepción y ahora mueres como excepción para que resucites aquí con tu gabardina habitual puesta, y con los dos paquetes de tabaco que nunca dejabas de llevar en el bolsillo.

[Saca una cajetilla de Olympique azul]. El Olympique azul para incendiar las mañanas negras. [En seguida saca una cajetilla de Marlboro] Y el Marlboro para la ceniza de las tardes rubias. [Saca un mechero]. Y en medio de los dos, un mechero blanco sin marca. Quizás lo perdieras o te perdiera en la muchedumbre de las palabras o las carcajadas fugaces. ¿Qué hago contigo, forastero de aspecto raro y lunático? [Pausa] Habitualmente, lo que se manifiesta en los cadáveres del cementerio nada más enterrarlos es una impotencia y una flaccidez en los miembros, congelados por una fría parálisis. No volverán a temblar sus almas tranquilas con la emoción de la visita de un familiar un amigo; luego se van resignando a su habitáculo. En cuanto se les pone la cabeza sobre una almohada, se les acaricia para que se entreguen al letargo del tiempo último.

[Silencio largo. Contempla la estatua, luego le habla:] Me da como si viera en ti una fuente de vida. Como si no hubieras muerto. ¡Desde que caíste por aquí, tu cadáver está en estado de revuelta y rebelión! ¿Podría pensarse que fueron los del hospital militar que se han equivocado al enviarte aquí en lugar de enviarte a una fiesta de firma de tus libros en la biblioteca nacional?

[Se acerca más a la estatua para escudriñar los rasgos de su cara] Con tu nariz aguileña pareces apresurado y ansioso. En cuanto te estableces en un sitio ya te apresuras a cambiarlo por otro. Te tumbamos y te pusiste de pie, te sentamos y te erguiste. Todos los enterrados se sumergen en su sueño horizontal bajo mi tierra, excepto tú, que te empeñaste en dormitar de pie como el monte Tidghin 3), no te cansas ante la obstinación de los días, con las mordeduras de su frío, la roedura de su bochorno. En tu mirada tienes visiones suficientes, en tu arrogancia hay fragmentos de violencia tribal. [Pausa] Forastero, no te pareces a los demás enterrados. ¿De dónde sacaste este libro? ¿De detrás o de delante? ¿Te ha caído del cielo o subió hacia ti desde los infiernos del subsuelo? ¿Y lo recibiste con tu mano derecha o tu izquierda?

Chuk [la primera cara de la estatua] Recibí mi libro con mi mano derecha. [Le extiende con la derecha un libro titulado “El pan desnudo”].

Ri [la segunda cara de la estatua]: Es con la izquierda que recibí mi libro. [Le extiende con la mano izquierda un libro titulado “Tiempo de errores”].

Mairruda [acepta los dos libros y los contempla mientras habla consigo misma]: Uno que está enterrado con dos libros ¡ése es el poderío que le han concedido! [Como en un examen]: ¿Eres tú Mohamed Chukri, llamado el hombre del pan desnudo?

[La estatua se divide de golpe en dos personas. Se separan uno del otro y se quedan mirando]

Chuk y Ri [los dos juntos y con una entonación rápida y telegráfica]: Sí, yo soy Mohamed Chukri, llamado el hombre del pan desnudo.

Mairruda: Pero si en realidad fuisteis uno; ¿cómo os habéis convertido de repente en dos?

Chuk y Ri: Dos en uno.

Mairruda [les grita resuelta]: ¡No me liéis! ¿Cuál de vosotros dos es Mohamed Chukri llamado el hombre del pan desnudo?

Chuk y Ri [ambos]: Yo.

Mairruda: ¿Sois uno o dos?

Chuk y Ri: Dos en uno.

Mairruda: En el habla de este mundo, dos en uno significa dos. En el Juicio Final, no obstante, se exigirá que seais uno, con un solo libro. Vosotros sois dos con dos libros. Así pues ¿quién de los dos es Mohamed Chukri, llamado el hombre del pan desnudo? ¿Tú o tú?

Chuk y Ri [ambos]: Yo.

Mairruda: ¿Me queréis volver loca, joe? ¿Sois dos o uno?

Chuk y Ri: Dos en uno…

Mairruda: Equivale a dos. Y yo quiero uno con un solo libro.

Chuk: Soy escritor y lo que haya escrito.

Mairruda: ¿Con la derecha o la izquierda?

Ri: Cogí el libro por la fuerza…

Chuk [completa la frase]: …para vivir.

Mairruda: ¡Cómo si eso te hiciera vivir!

Chuk: Yo soy quien hizo vivir al escritor y la escritura.

Ri: Yo soy quien vivía al escritor y la escritura.

[Su conversación, de entonación rápida, se va entremezclando hasta que se convierte en una canción que cantan ambos]:

Soy quien hizo vivir al escritor y la escritura.

Soy quien vivía al escritor y la escritura.

Mairruda: Yo soy aquí la custodia de la trayectoria de vuestras vidas hacia vuestras muertes. Y el registro dice que los dos sois un solo muerto, de manera que no se puede aceptar que os conceda dos tumbas. Eso no sería justo. Ni siquiera tratándose de un escritor cuya fama se haya extendido a toda la humanidad y hasta al mundo de los espíritus. Tenéis derecho a una sola tumba, al igual que el resto de los mortales. Como sabéis, últimamente se muere mucha gente y el precio de las parcelas ha subido y no es razonable que sigamos distribuyendo las tumbas según caprichos experimentales copiando a diestra y siniestra. [Pausa].

Ri: No soy una copia…

Chuk [completa]: …soy un escritor y lo que haya escrito.

Mairruda [les grita]: ¡Callaaaaaos! ¡Quiero de vosotros dos que os reencarnéis para que me habléis del escritor y lo que haya escrito para saber quién de vosotros dos es el original y quién el derivado!

[A Chuk]: De ti quiero que te reencarnes en un escritor con la elegancia de tu aspecto juvenil y la madurez de tus miradas. Ahora bien, [a Ri] a ti te corresponde reencarnarte en el niño de la calle que fuiste.

[Chuk corre hacia el otro lado del escenario y se sienta en una silla al lado de una mesa donde se acumulan libros y diccionarios y se dedica a escribir].

Chuk: Soy escritor y lo que haya escrito y si no me crees, pues aquí me tienes en el Café Central acumulando a mi alrededor libros y diccionarios. Escribo lo que me surja de biografía y ego.

[En este instante, Ri, llevando bajo el brazo una caja de limpiabotas, se dirige hacia donde está Chuk para ofrecerle el servicio. Chuk coloca uno de sus pies sobre la caja de limpiar mientras que sigue ocupado escribiendo sin prestar la menor atención al niño limpiabotas Ri, que se dedica a abrillantar su zapato].

Ri: Yo soy la biografía y yo soy el ego. Si no me crees, pues aquí me tienes en la flor de mi niñez limpiando las botas de un escritor que me escribe para que yo lo viva.

[Se difunde la oscuridad en el lugar, exceptuando una franja de luz tenue dirigida sobre Chuk y Ri en su actitud].

Fin de la primera escena

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1) Tiempo de errores. Mohamed Chukri. Pág. 42, 1º ed. Rabat, 1992.
2) ídem
3)
Tidghin es la cumbre más alta de la cordillera del Rif; su altura alcanza 2.465 metros

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© Zoubeir Ben Bouchta (2014) |  Traducción del árabe: ©  Ilya U. Topper  · Primero publicado en castellano en Caleta (Dic. 2015).

Texto original árabe de la 1ª escena  ·   النص العربي للإضاءة الأولى

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