Solteros, ellos

 

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¿La soltería para nuestros hombres? Bieeeeeeeeeen.  ¿La soltería para nuestras mujeres? ¡Aaah no! ¡No vamos a llegar hasta ahí! Ellos viven en el alborozo. Ellas, en la pena.

Las chicas se casaban a partir de los 10 años, los chicos a partir de los 16, para canalizar su sexualidad, evitar la deshonra de las chicas y la depravación de los chicos.

La adolescencia era algo desconocido: se pasaba de ser niño a adulto directamente. Hoy en día, la adolescencia se considera indispensable para el desarrollo del cuerpo y de la personalidad. Es también la etapa en la que los jóvenes están escolarizados o en pleno aprendizaje. De lo contrario, son víctimas del trabajo precoz.

Los padres casaban a sus hijos según criterios propios a cada familia. Los hijos podían estar casados aunque fueran lactantes, fetos, o incluso antes de su concepción: “Mi tío tuvo un hijo. Mi abuelo decidió que si mi madre tenía una niña, se casaría con él. Nací dos años más tarde; me casé con mi primo.”

La soltería de las chicas se convertía en una vergüenza a partir de los 20 años. Hoy, la edad media para casarse es de 27 años para las mujeres y de 31 para los hombres. Al ser una población joven, la franja de solteros es importante.

El matrimonio, institución sólida

El hecho de fijar algunos criterios relativos al alma gemela es una de las razones del aumento de la edad para casarse. La esposa ideal debe ser moderna, guapa, inteligente, con estudios y con salario. También debe ser tradicional en lo que se refiere al hogar y a su relación con su marido. Debe ser sumisa, tener una relación tradicional con su familia política. Debe mantener su hogar como una buena ama de casa, servir al marido y no esperar de él una repartición de las tareas domésticas. Moderna fuera, pero tradicional en casa.

La esposa ideal debe ser moderna, guapa, inteligente… Moderna fuera, pero tradicional en casa

No debe privar a su marido de su libertad y debe dejarlo vivir su vida como cuando era soltero. Pero ella está obligada a olvidar su vida de soltera, a perder el contacto con sus amigas no casadas que podrían llevarla al desenfreno y dedicarse a su marido e hijos. Las decisiones importantes las tomará el marido, sin que ella las cuestione.

Las mujeres sueñan con maridos modernos, liberados de su madre, que las quieran y que les manifiesten su amor, que dialoguen, que respeten su dignidad y su libertad. Quieren una repartición justa de las tareas y de las tomas de decisiones y tener aficiones en común. La búsqueda del cónyuge ideal se convierte en una dura prueba. Los hombres modernos temen a las mujeres modernas luchadoras. Ellos están fascinados con ellas, pero en las relaciones premaritales.

Las mujeres temen a los esposos que se metamorfosean en hombres tradicionales. Una crisis de confianza que desemboca en una crisis matrimonial. Traumatizados por demasiados ejemplos de parejas fracturadas o reventadas por culpa de la incompatibilidad de carácter, hombres y mujeres se toman su tiempo para encontrar a la persona ideal.

Pero mientras que los hombres se toman su tiempo sin temor a perjuicios, las mujeres resultan desfavorecidas por una sociedad en la que la soltería femenina está fuera de lo común.

El soltero se encarga de su hogar y cocina, pero una vez casado, abandonará sus tareas de mujer

¿Cómo viven los hombres la soltería? ¡La libertad! ¡La buena vida! En casa de sus padres, la madre mima al soltero y este vive como en un hotel. Si vive solo y tiene los medios, su casa la mantiene una limpiadora. En caso contrario, se encarga de su hogar, cocina, adquiere una experiencia aun sabiendo que es provisional porque, una vez casado, cortará con sus tareas de mujer.

A la salida del trabajo, siempre tiene un plan de diversión con sus amigos. Puede frecuentar todos los lugares públicos, volver tarde a casa sin ser acosado por los ligones. Si la inseguridad crece en las ciudades, el hombre corre menos riesgos que la mujer.

Asimismo, se libra de las maledicencias y del control de su familia. Si recibe a mujeres en casa, no se preocupa por sus vecinos. El soltero continúa frecuentando a sus amigos casados. Sus esposas no se sienten en peligro al invitarles a sus casas. Al contrario, lo invitan para presentarle chicas jóvenes.

La sexualidad del soltero: rica, densa, variada. ¡Está satisfecho! La sociedad exalta la virilidad. Si el soltero está buscando una esposa, lo hace entre la diversidad de las compañeras sexuales. Fidelidad y soltería masculina son incompatibles. H. 35 años, abogado: “Disfruto de mi vida. Es normal. Un día me casaré y tendré que rendir cuentas para salir.”

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Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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