El violento rastro del Ejército (II)

 

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Un peligro de las prácticas actuales de persecución de disidentes lo pone de relieve Nabil El Boustany, un joven que ha sobrevivido a 70 días de desaparición forzada y detención en la prisión de Al Azouli y a cuya familia se le ha mentido explícitamente sobre su paradero.

Nabil logró salir con la experiencia sin ser radicalizado y mantiene una actitud mental positiva ante la vida. Dice: “El verdadero peligro de estas prácticas no es sólo que las personas se radicalicen y planifiquen su venganza, sino que el aparato de seguridad no haga el trabajo que le corresponda ni se oponga a los radicales ni a las amenazas contra la seguridad”.

Nabil presenció cómo las víctimas de desapariciones forzadas volvían a desaparecer dentro de las cárceles y afirma que muchos de los que él conoció dentro de la prisión militar no eran radicales y que incluso algunos eran partidarios de Sisi.

El aparato de seguridad que mata a inocentes de manera despreocupada y luego disfraza estos asesinatos de actos heroicos, tiende a volverse ineficaz en la lucha contra las verdaderas amenazas a la seguridad.

El ministro del Interior, por ejemplo, ha usado muchos de sus recursos para perseguir y atacar a activistas pacíficos por cuestiones triviales como publicaciones en facebook y expresar sus opiniones. Mientras tanto, los autores de los ataques en Tanta y Alejandría se las arreglaron para encontrar explosivos, encontrar la manera de llegar a las iglesias el Domingo de Ramos y hacerse estallar dejando 45 muertos y 126 heridos.

Se declaró el estado de emergencia, pero no aporta nada nuevo y contrarresta muy poco. Incluso sin ello, las instituciones estatales operan libremente sin responsabilidad alguna.

Los bombardeos son otro fallo de seguridad, y no porque se colocaran erróneamente los detectores de metales. Hay poco que la policía armada con detectores de metales pueda hacer para frenar a un terrorista suicida, así que los agentes también se han convertido en víctimas de las fallidas medidas de seguridad de las instituciones.

Las deficiencias son mucho más profundas y están ayudando activamente a que los enemigos del Estado pongan en la diana las instituciones estatales y la Iglesia copta, cuyos líderes han apoyado descaradamente al régimen.

Más objetivos

No sólo son las víctimas las que salen perjudicadas sino también aquellos que ocasionan estas injusticias.

Las políticas actuales dejan a los soldados que sirven en el Sinaí expuestos como blancos fáciles de los militantes. Al alienar a los residentes del norte del Sinaí, el Ejército ha perdido la cobertura logística necesaria para la seguridad. Las batallas no se limitan a un armamento superior, sino que también dependen de la inteligencia, el entrenamiento, la información y la gobernanza, algo de lo que carecen los hombres que luchan en el Sinaí.

Sin el conocimiento del terreno ni el apoyo comunitario, el Ejército es como un ocupante extranjero. Sin la ayuda de los residentes del Sinaí, los soldados quedan desamparados en sus puestos con uniformes que los exponen como blancos.

Bajo tales condiciones, los soldados ya no representan la nación ni la defienden, sólo se representan a sí mismos y lo máximo que pueden esperar es ser capaces de defenderse ellos mismos. Carecen del conocimiento, la información y el entrenamiento adecuados para combatir a un enemigo local.

No es de extrañar entonces que el otro esté deshumanizado y que las ejecuciones que ocurren diariamente se normalicen. El norte del Sinaí se ha convertido en una zona en la que no se aplican las leyes y los uniformes representan diferentes equipos que combaten en el terreno. Los soldados matarán por su supervivencia y venganza, sabiendo de sobra que se encuentran en peligro y que carecen de lo básico para mantenerse a salvo. Sus líderes no garantizarán su seguridad ni tendrán en cuenta si operan fuera de la ley, y ni siquiera la decencia humana.

De hecho, incluso respecto a la policía que trata con manifestantes, Sisi se ha encargado de que ya no exista un marco en el que juzgar a un agente de policía que haya matado a un manifestante haciendo un uso excesivo de la fuerza. Queda claro que esta política se aplica aún más a los efectivos del Ejército que atacan a los residentes del norte del Sinaí.

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Wael Eskandar

@weskandar

Periodista (El Cairo). Bloguero y analista, Wael Eskandar ha colaborado con diarios egipcios...

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