La quinta mafia

 

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Vieste en Apulia | Idéfix / Licencia GNU

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El primero en abrir los ojos sobre lo que estaba ocurriendo fue el fiscal nacional antimafia de Italia. Era marzo de 2017, y Franco Roberti lo dijo sin medios tonos. “En Italia existe una cuarta mafia y se llama la Società Foggiana”, afirmó. “Que no se hable del tema no significa que no exista. Es al revés. Esto es parte del método mafioso, es la prueba que agrava”, continuó.

En realidad podría ser la quinta mafia, tras la Cosa Nostra en Sicilia, la ‘Ndrangheta en Calabria, la Camorra en Nápoles y la más modesta Sacra Corona, en Apulia. Lo que reconocía el fiscal era que, a pesar de los descuidos de la prensa nacional italiana —poco atenta al fenómeno—, en esa misma región turística de Apulia, en el sur de Italia, una red criminal antaño responsable de delitos menores está abriéndose paso a golpe de guerras mafiosas, especialmente en la zona de Foggia, más al norte de Lecce y Brindisi, donde opera la Sacra Corona. El reguero de sangre era ya demasiado obvio.

Tras matar al capo, persiguieron a los dos testigos involuntarios y los dispararon a quemarropa

Cuatro meses después, los últimos datos confirman el escenario que temía Roberti. A plena luz del día, el pasado 9 de agosto a las 10 de la mañana, varios hombres armados abrieron fuego contra otro vehículoen el que viajaban el capo mafioso Mario Luciano Romito y su cuñado. Ambos perecieron casi en el acto, en las cercanías de la carretera por donde viajaban, la desértica ruta provincial 272 de la provincia de Foggia, a pocos minutos de la vieja estación de trenes del pueblo de San Marco in Lamis.

Pocos instantes después, los asesinos se percataron de la presencia de dos testigos involuntarios, los campesinos Luigi (47 años) y Aurelio Luciani (43 años). El comando armado los persiguió mientras intentaban huir de la escena del crimen. Aurelio incluso se bajó del Fiat Fiorino en el que iba con su hermano e intentó escaparse a pie. Fue inútil. Lo siguieron y le dispararon con un Kalashnikov y una escopeta del calibre 12. Una vez alcanzados, los mataron disparándoles a quemarropa. Llegada al lugar, la policía retiró los cadáveres lo antes posible.

Por la crueldad demostrada y la descarada violencia de los asesinos, al Gobierno italiano le costó rebajar la conmoción suscitada entre la opinión pública italiana, que percibió los hechos como una prueba de que el Estado se encuentra ante una situación descontrolada a lo ‘viejo Oeste’ en la que iba perdiendo la partida. Así, el ministro italiano de Interior, Marco Minniti, viajó al día siguiente a Foggia. Allí, ese mismo día, dijo que la respuesta del Estado iba a ser “durísima” y anunció el envío de otros 192 agentes para enfrentarse a esta mafia en auge. En los días siguientes fueron arrestadas en la zona ocho personas, acusadas de varios delitos, desde extorsión a tráfico de armas. Pero ninguna, hasta la fecha, ha sido declarada responsable de los asesinatos de los cuatro hombres.

Asesino sin identificar

Pronto empezaron a circular más detalles preocupantes. Empezando por las cifras de los homicidios registrados por las zonas en que la Societá Foggiana se está imponiendo. Se supo que en los últimos 30 años se han producido alrededor de 300 asesinatos, algunos de ellos con víctimas inocentes o parientes de mafiosos; otros, de personajes vinculados con las riñas de los clanes agrupados bajo el paraguas de la Societá Foggiana y sus rivales. El 80% de estos crímenes había quedado impune, es decir, sus asesinos nunca fueron identificados.

El último año hubo 17 asesinatos de la Società Foggiana, amén de bombas y extorsión

El saldo se elevó a 17 cadáveres este año. Vincenzo Vescera, un treintañero con antecedentes penales, murió acribillado el 17 de enero. Pasadas las nueve de la noche, regresaba a su casa en Vieste, un pueblo en la península del Gargano, cuando le dispararon. Diez días después murió, también en Vieste, Onofrio Notarangelo, de 46 años, hermano de un presunto capo local. A principios de febrero, Giuseppe Anastadio (33), que había estado en la cárcel por el homicidio involuntario de una niña, fue asesinado en el pueblo de San Severo.

El 21 de marzo, la policía informó del homicidio de Giuseppe Silvestri (44), ocurrido mientras conducía por Monte Sant’Angelo, un pueblo cuyo ayuntamiento fue disuelto en 2015 por “infiltración mafiosa”. Matteo Masullo salió de casa el 7 de febrero. Su automóvil fue encontrado poco después de su desaparición, con los documentos y sus teléfonos en el interior. No se ha vuelto a saber de él. Previamente, entre septiembre y diciembre de 2016, ocurrieron cuatro asesinatos y ocho intentos de homicidio; diez bombas explotaron delante de comercios como una forma de castigo para quienes se negaron a pagar extorsiones.

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Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal de la revista mexicana Proceso y colabora con el...

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