De donde las apátridas

 

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Teresa Cremisi
La Triunfante

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Género: Novela
Editorial: Anagrama
Páginas: 200
ISBN: 978-84-3397-964-3
Precio: 16,90 €
Año: 2015 (2016 en España)
Idioma original: francés
Título originalLa Triomphante
Traducción: Jordi Terré

Madame,

Usted nos engaña. En la solapa de su novela – sí, dice novela – pone claramente que usted nació en Alejandría en 1945. Pero basta con tornar las primeras cuatro o cinco hojas para que entre los recuerdos de infancia de la nena que comía erizos de mar en la playa de Abu Kir surja el motivo de no poder viajar a Europa « porque hay guerra ». Y cuando las nacionalizaciones de Egipto en 1956, usted viaja con su madre a Italia, en una apenas disimulada huida, y es una adolescente. Que en el siguiente capítulo empieza su vida nueva en Milán, a los 17 años y medio.

Es decir, usted, Madame, nació en 1940 y se ha quitado cinco años en el pasaporte, por coquetería. Algo que ya practicaba su madre que, según usted cuenta, aún en su lecho de muerte le tuvo que decir al doctor: « Lo siento, doctor, he mentido tanto sobre mi edad a lo largo de mi vida que ya no me acuerdo ».

Pertenecen a esa raza de apátridas que tienen demasiados países como para quedarse con uno

La hija, por cierto – es decir, usted – tampoco se acuerda: viene usted de una familia que no archiva certificados de nacimiento, porque en su mundo, los papeles son una mera circunstancia, una casualidad; lo habitual es no conocer el país cuyo pasaporte se lleva en el bolsillo de la chaqueta de lino. Ustedes pertenecen a esa raza de apátridas por arriba: los que tienen demasiados países como para quedarse con uno solo. Pero apátridas al fin y al cabo. Ustedes forman parte de la única etnia del Mediterráneo que no solo no tiene tierra sino tampoco idioma ni religión, ustedes nacen hablando italiano, francés, árabe, griego e inglés, van al colegio de Nuestra Señora de Sión, donde las monjas, llevan flores a los cementerios judíos y no creen en dios alguno. Ustedes son levantinos.

Entre regatas de vela, jornadas de pesca y el gasto a manos llenas para hacer honor al apellido familiar – porque un levantino ha de ser rico, esto es su destino -, ustedes no creen siquiera en el dios del dinero, ese que se acaba ganando y perdiendo por los caprichos de la geopolítica. Como los de Nasser, que hizo Egipto grande de nuevo, y el mundo árabe de paso, pero a costa de que Egipto, para siempre ya, dejara de ser Egipto y se convirtiera en un país árabe.

Cambiar de idioma para siempre. Olvidar que se sabía árabe o griego

Este mundo ha desaparecido, Madame, y usted nos lo cuenta. Permítame decirle: me saben a poco las migajas de recuerdos que nos trae. El pescado en la playa, alguna palmera, los mendigos ante su casa, el sirviente árabe que, como es de costumbre en las buenas familias, es como si fuera de la familia. Y las ensoñaciones ante las fortalezas donde las naves de Napoleón intercambiaron cañonazos con las de Nelson. Treinta páginas, y ya. Nos hallamos en Italia, donde empieza una nueva vida.

Eso sí, no sabe lo que le agradezco haber vertido en palabras el proceso de venir de otro mundo – esas playas, esas ensoñaciones, esa Ilíada cuyos versos nos son más cercanos que los titulares de los periódicos, esa infancia apátrida que nadie en el colegio de Milán quiere ni podrá entender – y buscar ser parte de una civilización concreta, limitada, estrecha, presa en sus propios pequeños horizontes. La italiana, pongo por caso. Aceptar las consecuencias, buenas o malas, tanto monta. Cambiar de idioma para siempre. Olvidar que se sabía árabe o griego. Fingir que no se conoce otra cosa. Elegir la vida que a los demás les fue dada en la cuna. Ser una más. Créame, Madame, que sé lo que es.

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Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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