Poco chorizo para tanto pan>

 

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Javier Valenzuela
Limones negros

Género: Novela
Editorial: Anantes
Páginas: 310
ISBN: 978-84-9465-623-1
Precio: 18,05 €
Año: 2017
Idioma original: español

No hay limones negros en Marruecos. De hecho, no hay, que yo sepa, limones negros en ninguna parte, salvo los mercados de Iraq – y quizás Damasco o Acre – donde se llaman numi basra y se cuenta que se cultivan únicamente en Basora. Dicen otros que no es verdad: que llegan desde la India y se importan a través del puerto de Basora.

Tampoco hay limones negros en la novela Limones negros ni, si me apuran, ningún otro cítrico que juegue un rol en la trama. Imaginamos que el título está escogido como los ilustradores de portada en la época franquista escogían la imagen de una rubia con pistola para ilustrar una edición semiclandestina de Curzio Malaparte.

En Marruecos, un muerto es muchísimo más peligroso que un vivo

Ahora que lo pienso, una rubia con pistola podría muy bien ilustrar la portada de esta novela, sin decepcionar demasiado al lector, aunque la chica que se encontrará será morena y usa armas muy distintas. Pero armas, al fin y al cabo. El dinero es un arma: cuando hay mucho se puede volver mortal. Incluso en Marruecos, donde los delincuentes suelen tener bastante cuidado en no usar el filo cortante de los billetes. En Marruecos, un muerto es muchísimo más peligroso que un vivo. A los vivos se les puede comprar. Los muertos hablan.

Ahí está uno de los puntos flojos de la novela: para ubicar un asesinato en Tánger hay que tener la trama muy bien atada, con una necesidad bien materialmente ineludible, bien emocionalmente imperiosa. Si no, no es creíble que ocurra.

Tampoco es creíble el intento de cerrar la novela con otro posible asesinato: hay personas que son incapaces de idear fríamente un plan para matar a una persona con el propósito real de llevarlo a la práctica. Usted, lector. Yo. Sepúlveda, el profesor de Literatura cincuentón que trabaja en el Cervantes de Tánger.

Fabricar una trama delictiva que incluya desfalcos multimillonarios es bastante arriesgado

Porque Sepúlveda es un tipo normal. Y bien dibujado: uno de los aciertos de Limones negros es contar con un protagonista totalmente creíble, alguien que actúa como actuaríamos usted y yo. Salvo en lo del final. Que obviamente es para buscarle un cierre que selle un poco mejor – pero sin conseguirlo – la fisura entre la trama de Adriana Vázquez, la morena peligrosa, y la vida de Sepúlveda, que no pertenece a esas esferas. Porque las esferas de Adriana Vázquez son altas, muy altas, muy por encima de donde usted, lector, yo y, me atrevo a afirmar, el autor de la novela, Javier Valenzuela, tenemos el morro de asomarnos. Fabricar una trama delictiva para una novela negra que incluya desfalcos multimillonarios por empresarios – el mismísimo presidente del BankMadrid – bien relacionados con la Moncloa y con los alrededores del Palacio marroquí, así como los servicios secretos de dos continentes, es bastante arriesgado, si uno no está totalmente seguro de dónde pisa.

Es esa ambición de escribir una novela negra a lo grande lo que le rebaja la nota final a la obra: no se puede decir que el autor haya fracasado, no hay errores de bulto ni flecos demasiado sueltos, todo es más o menos como lo imaginaríamos – usted, lector, y yo – sin conocerlo. Pero justo por eso deja un sabor soso. No sé cómo hablan entre ellos los multimillonarios, ni cómo hablan con su guardaespaldas o con su jardinero-chófer-amante. Pero estoy casi seguro de que no hablan como yo lo imaginaría. Estoy casi seguro de que no hablan como en las novelas.

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Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
Criado...

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1 Comment

  1. Alberto Gómez Font dit :

    Gustáronme las dos novelas tangerinas de Javier Valenzuela. A los que amamos esa ciudad nos gusta que nos cuenten historias que pasan en sus calles, sus bares y sus palacios.

 
 

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