El último desalojo de los colonos

 

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Desalojo de colonos judíos de Amona en Cisjordania (Feb 2017) | © Ana Alba

Desalojo de colonos judíos de Amona en Cisjordania (Feb 2017) | © Ana Alba

Amona (Palestina) | Febrero 2017

“¡Salgan por favor, saquen a los niños primero para que no sufran daño!”, grita un policía israelí mientras llama a la puerta de una casa prefabricada en la colonia judía de Amona, en Cisjordania, territorio palestino ocupado por Israel desde 1967.

El agente vuelve a golpear la puerta. “¡Salgan!”, repite. Nadie se mueve. Se ven rostros jóvenes en el interior pegados a las ventanas. Observan a la veintena de policías vestidos de azul que se mantienen firmes ante ellos.

Como nadie obedece las órdenes, los agentes proceden a la evacuación forzosa de las 30 personas que están atrincheradas dentro: una familia de Amona y 20 colonos más llegados de otros asentamientos de Cisjordania para apoyarlos. Algunos son menores de edad.

Unos 3.000 policías desalojaban a los 240 habitantes de Amona y a casi 2.000 simpatizantes

Más de 3.000 efectivos de las fuerzas de seguridad israelíes (policía y guardia de fronteras) estaban preparados, el pasado 1 de febrero, para desalojar a las 42 familias de Amona -unos 240 habitantes- y las casi 2.000 personas que los arropaban. En los alrededores se había desplegado el Ejército israelí.

Amona era un “outpost”, una de las colonias que Israel consideraba ilegales. Según el derecho internacional, todas lo son. Nació cerca de Ramala en 1996, en tierras de agricultores palestinos, sin el beneplácito oficial del Gobierno israelí.

En 2006, se demolieron por orden judicial algunas caravanas tras un desalojo con 300 heridos. El Tribunal Supremo de Israel reconoció a varios agricultores palestinos como propietarios de los terrenos de Amona y ordenó destruir el asentamiento completamente en 2014. Pero el proceso se dilató hasta que el Supremo marcó el 8 de febrero de 2017 como fecha límite para evacuar la colonia.

El 30 de enero, las autoridades israelíes entregaron a los colonos de Amona órdenes para desalojar el lugar en 48 horas. Cuando las fuerzas de seguridad llegan al asentamiento la madrugada del 1 de febrero, solo dos familias lo han abandonado. El resto sigue en sus casas a la espera de que las evacuaran, aunque finalmente, doce familias salen voluntariamente de sus hogares. A dos se las ve bajar la colina con los carritos de sus bebés.

El desalojo es accidentado y en algunos momentos violento, pero no excesivamente, aunque se salda con 34 policías y dos civiles heridos y 13 personas arrestadas.

Hay momentos de batalla campal, pero parece tratarse de una obra de teatro ensayada

El primer día, los agentes entran en Amona sin casco y sin gafas de protección. Los jóvenes concentrados en la colonia estallan en gritos, empujan a los agentes, les lanzan piedras, cristales y sustancias químicas. Hay momentos de batalla campal, pero parece que se trata de una obra de teatro ensayada para representarla ante los medios.

Los colonos han instalado pequeñas barricadas ya en la carretera que lleva a Amona, las han rociado de combustible pegajoso para dificultar el paso de la policía y las han cubierto de grandes piedras para frenar a las excavadoras que iban a demoler las estructuras prefabricadas convertidas en casas.

El comportamiento de la policía con los colonos que protestan es exquisito. Los agentes soportan estoicamente insultos, zarandeos y recriminaciones. “Os reclutaron para ser una fuerza moral. ¿No te da vergüenza expulsar a los judíos de sus casas?”, pregunta un colono a una policía que acaba llorando.

Otro le vocifera a un agente: “Estas pobres familias, mujeres y niños, se han pasado el día y la noche llorando porque iban a perder sus casas. ¿No os dan pena? Son judíos, como vosotros”.
Los policías ni siquiera responden a los gritos de los colonos. Su actitud es muy diferente a la mostrada en la aldea beduina de Umm al Hiran, en el sur de Israel, donde también hubo protestas contra una demolición de casas, esta vez ordenada por el Gobierno: dispersaron a los manifestantes con gases lacrimógenos y balas de goma y mataron a tiros a un profesor beduino.

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Ana Alba

@analba

Periodista (Barcelona, 1971). Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma...

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