«La guerra es una barbaridad, pero hay guerras justas»

David Rieff

 

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David Rieff (Sevilla, 2016) | © Alejandro Luque

David Rieff (Formentor, 2016) | © Alejandro Luque


Formentor (Mallorca) | Septiembre 2016

Para los más desinformados, es el hijo de Susan Sontag, el mismo que hizo viajar a la gran escritora estadounidense a la Sarajevo asediada por las bombas. Veinticinco años después de ese conflicto, David Rieff (Boston, 1952) es un reputado analista político, firma habitual en The New Republic, Harper’s Magazine o Los Angeles Times Book Review. Como estudioso de los conflictos armados, cubrió Balcanes, Iraq, Palestina, entre otros focos, y creó en la Universidad Americana el proyecto Crímenes de Guerra para estudiar estos trágicos fenómenos.

Es autor de títulos como Camino de Miami (1987), Los Angeles, Capital of the Third World (1991), The Exile (1993), Slaughterhouse: Bosnia and the Failure of the West (1995) y A Bed for the Night: Humanitarianism in Crisis (2003). Sin embargo, uno de sus libros más polémicos fue Contra la Memoria (2012), que ahora ve la luz en Debate, en edición revisada bajo un nuevo título, Elogio del olvido. En un muy correcto español habló para MSur de este y otros asuntos.

¿Qué le llevó a la antigua Yugoslavia?

«Pensé ir a a Bosnia para escribir un artículo para The New Yorker. Y me quedé tres años»

Fue un error [risas]. En el verano del 92, es decir, al inicio de la guerra en Bosnia, yo vivía en Berlín. Alquilé un apartamento allí para escribir un libro sobre la emigración, no de la emigración actual en Europa, la de África y Oriente Medio, sino de personas del Este, del antiguo imperio soviético. Yo creí que escribiría un libro sobre eso, pasé un tiempo estudiando la frontera pero regresaba cada noche y veía la televisión: imágenes de una Bosnia quemada. Pensé ir allí para escribir un artículo para The New Yorker. Y me quedé tres años [risas]. Me equivoqué, pero hay errores de esa magnitud que cambian tu vida.

¿De qué modo cambió la suya?

Pasé de ser un escritor sobre todo focalizado en la emigración, asuntos culturales y otros temas similares, y me convertí en una versión – no exactamente, pero más o menos– de corresponsal de guerra. Pasé 15 años haciendo reportajes sobre muchas guerras: de Bosnia a Ruanda, de Ruanda a Sudán, de allí a Liberia, de Liberia no sé adónde, y luego Iraq, Kosovo, Israel y Palestina… Y decidí parar. Soy demasiado viejo, y no tengo tantas ganas de escribir reportajes. Me interesa más hacer libros como el mío de la memoria.

¿Su cuartel general siempre fue Sarejevo?

Sí, pero pasé bastante tiempo en el norte, también. Empecé en el norte, en una región ocupada por las fuerzas serbias, cerca de la ciudad de Banja Luka, no tan lejos de la frontera croata.

A veces está uno en el centro de la noticia, pero no es garantía de entender lo que está pasando alrededor. ¿Le costó mucho entender cómo se había llegado a ese punto?

«Cuando escribes algo, después de publicado no es propiedad tuya. Los lectores deciden si es verdad, mentira…»

Bueno, un periodista responsable trata de leer mucho, de hablar con personas diferentes, recoger opiniones diferentes, incluso contradictorias. Y bueno, tratas de hacer tu tarea. Pero en cuanto al éxito, eso corresponde decirlo a otros. Cuando escribes algo, después de publicado no es propiedad tuya. Son los lectores los que deciden sobre qué es verdad, mentira, falsificación, libertad…

¿Era inevitable tomar partido por los sitiados en aquellas circunstancias? ¿Era posible la objetividad?

«Es difícil simpatizar con los que disparan sobre ti»

Mira, la objetividad es un sueño. Es muy, muy necesaria, no digo que no. No soy un filósofo francés posmoderno, creo absolutamente en la verdad. Pero la objetividad es un fin, es como el horizonte. Antes del gps, no había manera de navegar en un barco sin el horizonte, pero el horizonte no existe. La objetividad no existe, pero sin insistir sobre su importancia no puedes navegar tu profesión de periodista. Hubiera sido muy difícil no tomar parte por los ciudadanos asediados en Sarajevo, pero es mi opinión. Es difícil simpatizar con los que disparan sobre ti. No renuncio, de ninguna manera, a mi apoyo hacia el gobierno de Bosnia. En 2016 no soy el intervencionista que fui en el 92 o el 93. En esto he cambiado mucho, pero en cuanto a las víctimas y los agresores, tengo la misma opinión veinticinco años después.

Alfonso Armada, que también estuvo en Sarajevo, me contó que allí dejó de ser pacifista…

Nunca fui pacifista [risas]. No, para mí hay guerras justas. No tengo la menor duda sobre eso. Y nunca la tuve. Hay, por supuesto, guerras que parecen justas en su momento, y después, cuando examinas la realidad, retrospectivamente… Y la guerra, insisto sobre ello, es siempre una barbaridad, una masacre de inocentes, no importa la justicia o la injusticia con que se haga. Pero no tengo problema en observar las dos ideas, la guerra como matadero y la posibilidad de una guerra justa. También es obvio para mí que hay muchas más guerras injustas que justas.

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Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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