Cuando fuimos magnates

 

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Essad Bey
Sangre y petróleo en Orienteessadbey-sangre

Género: Ensayo
Editorial: Espuela de plata
Páginas: 260
ISBN: 978-84-1603-423-9
Precio: 19,00 €
Año: 1929 (2014 en esta edición)
Idioma original: alemán
Título originalÖl und Blut im Orient
Traducción: Gustav Adler

De acuerdo, un título más bien insulso como Petróleo y sangre en Oriente no promete demasiado. Y tampoco es que esa portada sea precisamente irresistible. El nombre del autor, a primera vista, no nos dice nada. Es, en definitiva, uno de esos libros ante los que probablemente pasaríamos sin echar la menor cuenta. Y tal vez por eso sea todavía más feliz, si vencemos todas estas resistencias, el descubrimiento de un texto extraordinariamente divertido, interesantísimo, a ratos cautivador.

Empecemos por el autor: M. Essad Bey (Kiev, 1905-Positano, 1942), fue un judío ruso que se dio a conocer como escritor en alemán. Su verdadero nombre era Lev Nussimbaum, aunque fue bajo el pseudónimo de Kurban Said como pasó a la posteridad, gracias a títulos como Ali y Nino (su obra más conocida, llevada recientemente al cine, y sobre la que pesan sospechas de plagio parcial) así como a biografías de Mahoma, de Lenin y del zar Nicolás II. Aunque no falta quien, escamado por su elevada productividad, cuestiona la autoría de muchos de sus artículos y sus libros…

Cada etapa viene descrita con habilidad de periodista, curiosidad de antropólogo y fantasía de cuentacuentos

El que nos ocupa, publicado en 1929, es el relato de la vida de Essad Bey y su familia en Bakú, capital de Azerbayán, donde su padre era uno de los acaudalados, casi todopoderosos magnates del petróleo, y el forzoso periplo que emprendieron cuando estalló la revolución bolchevique en el Cáucaso. Cada una de estas etapas viene descrita con habilidad de periodista, curiosidad de antropólogo y fantasía de cuentacuentos, sabiendo en todo momento que es al público europeo al que va dirigido.

El Bakú donde arranca la acción es la ciudad violenta y lujosa en la que se dan cita personajes turbios, procedentes de todos los puntos cardinales (“mahometanos, armenios, rusos, polacos, georgianos y suecos”) al olor del dinero y de esos pozos de crudo cuyas emanaciones, explica el autor, se creían recomendables para las afecciones pulmonares. Un mundo que saluda los avances del siglo XX mientras conserva costumbres medievales o aún más antiguas, donde conviven la industria abrumadora y el culto a Zoroastro y la adoración del fuego.

¿Cómo no seguir por las arenas ardientes el rastro de los nómadas hasta la mítica Samarcanda?

También nos asomamos, sin salir del viejo Azerbaiyán, a la rutina de tribus como los jassaien, cuyos hombres tienen prohibido realizar trabajo alguno salvo un día al año, mientras que las mujeres eligen marido y se divorcian al cansarse de la vida conyugal, pues “es un pecado grave vivir con un hombre por el que no se siente atracción”. O los osseten, que se consideran descendientes “del alemán”; o los aicoren, que vienen de los asirios, hablan en dialecto semita y son “los seres más dulces y pacíficos de Oriente”…

En estas, como se dijo, se impone el comunismo, cosa que no sorprenderá tanto a los aficionados a la geografía, dada la proximidad de Azerbaiyán con la vieja Rusia. Al alzamiento de los obreros rojos se suman otras llamativas y sangrientas revueltas, como la de los leprosos y la de los judíos, de tal modo que la vida se pone imposible en el Cáucaso y, en 1918, toca hacer las maletas. ¿A dónde? A Oriente, al Turquestán, tierra de los antepasados del autor.

¿Quién no querría viajar, siquiera leyendo, a un lugar como Kisil-Su, la ciudad del agua roja, por más que se nos advierta de su atmósfera miserable y asfixiante? ¿Cómo no seguir por las arenas ardientes el rastro de los nómadas hasta la mítica Samarcanda o hasta Bujara, donde se dice que “si un rey la abandona, hay que llorar por el rey”? ¿Cómo no soñar con Persia, con Tiflis o con Constantinopla?

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Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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