Pasión de campaña en Teherán

 

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Ciamak Morsadegh en su oficina en Teherán (Mayo 2017) | © Lluís Miquel Hurtado

Ciamak Morsadegh en su oficina en Teherán (Mayo 2017) | © Lluís Miquel Hurtado

Teherán | Mayo 2017

La mirada hosca, grave y sempiterna del ayatolá Jomeiní cuelga retratada de la misma pared que un pergamino con los diez mandamientos en hebreo. Para quien ha crecido oyendo al líder revolucionario chií Ruholá Jomeiní vaticinar hasta la extenuación la destrucción de Israel, y al presidente de ese país proclamarse defensor de la fe sobre la que versa el pergamino, aquella visión resulta insólita.

“Que salga Netanyahu diciendo que él representa a todos los judíos del mundo es como si el líder de Daesh sale diciendo que él representa a todos los musulmanes. O como si un clérigo de rango medio se proclama Papa de todos los cristianos”. Así lo sentencia el doctor Ciamak Morsadegh, calvo, barbilampiño, rechoncho y contundente, director del hospital judío, cuyo despacho principal alberga dichos retrato y pergamino, rodeado por las calles polvorientas, contaminadas y agitadas del islamista sur teheraní, diputado representante de los 25.000 judíos iraníes en el Madchles, el Parlamento de Irán.

“Ahmadineyad es un radical antisionista, pero no antisemita. Ataca a Israel, pero no quiere matar judíos”

“Ser judío no significa estar de acuerdo con cada acción del ejército de Israel, o cada postura de su régimen”, se justifica el médico mientras incurre, como muchos colegas de profesión, en la furtiva contradicción de fumar en el escritorio. “Justo por haber sufrido la peor masacre de la Segunda Guerra Mundial deberíamos empatizar más con los oprimidos. Parte de ellos son los palestinos. E Israel está violando a diario sus derechos humanos y territoriales”.

¿No fue el expresidente iraní Ahmadineyad quien negó el Holocausto y organizó un congreso de revisionistas? “Estamos en un hospital caritativo judío, que atiende a un 80% de pacientes musulmanes, y que durante la crisis económica del período Ahmadineyad recibió de su gobierno dos millones de dólares para salir adelante”, responde Morsadegh. “Ahmadineyad es un radical antisionista, pero no antisemita. Ataca al sionismo, a Israel, pero no quiere matar judíos. Claro que negar el holocausto es inaceptable para los judíos iraníes. Durante su presidencia le recordamos que negar la existencia del holocausto es como negar la existencia del sol”, remacha.

Los judíos tienen reservados uno de los cinco escaños para minorías en el Parlamento

En el Parlamento iraní hay tres asientos para los cristianos, repartidos en dos para cristianos armenios y uno para asirios; otro para los zoroastrianos – una religión milenaria que todavía define la identidad persa – y uno más para los judíos. La comunidad judía vota a su candidato en urnas específicas instaladas en las sinagogas de las principales ciudades habitadas por judíos: Teherán, Shiraz, Isfahán, Kermanshah y Yazd. “Si bien un escaño corresponde a 200.000 votos, con los judíos se hace una discriminación positiva. Por ejemplo, a mí me eligieron con alrededor de 5.000 votos”, recuerda Morsadegh. “El grupo parlamentario de las minorías es uno de los más activos. De hecho, un treinta por ciento de las peticiones de intercesión que recibimos procede de ciudadanos musulmanes”.

“Los radicales sionistas y los antisemitas son dos caras de la misma moneda”, asegura el político. E Irán ama – y patrocina con interés obvio, a diferencia de otras minorías proscritas y perseguidas – a los judíos, añade. Lo que no tolera es el sionismo.

El doctor recuerda con entusiasmo al rey persa Ciro el Grande, que hace 2.500 años decretó el retorno a Judea de los judíos cautivos en Babilonia y subvencionó la reconstrucción del Templo. Por el contrario, Irán abomina la corriente nacionalista, nacida en el siglo XIX, que llevó a establecer un Estado para los judíos en Oriente Próximo, a toda costa.

El sionismo nació en la comunidad judía centroeuropea, la asquenazí, pero la mayoría de judíos en Irán son mizrajíes o incluso sefardíes y no distinguen raza o ascendencia. Sí manifiestan, por otra parte, un profundo sentimiento nacionalista iraní que no desaparece ni entre muchos de los judíos iraníes que abandonaron el país a finales de los 70, cuando el nuevo Gobierno islámico, que había despedazado la sólida alianza del Sha con Tel Aviv y Washington, todavía andaba en pañales pero ya estaba clamando por la destrucción de Israel.

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Lluís Miquel Hurtado

@llmhurtado

Periodista (Tarragona, 1986). Vive en Estambul, donde colabora con el diario El...

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