Cuatro muertes y un polvo

 

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Blai Bonet
El mar

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Género: Novela
Editorial: Club Editor
Páginas: 254
ISBN: 978-84-7329-198-9
Precio: 18 €
Año: 2010 (2016 en esta edición)
Idioma original: catalán
Título originalEl mar
Traducción: Eduardo Jordá

Año 2016 en esta colección. Al abrir el libro pasé un poco por alto lo de en esta colección. Blai Bonet no me sonaba de nada. Uno de estos autores nuevos, me dije. Mallorca, vi en alguna parte.

Y por supuesto el tal Blai Bonet no podía elegir otro tema que la posguerra, allá por los años cincuenta. Como todos los jóvenes escritores hoy: diríase que la guerra o la posguerra sigue siendo una materia prima a precio de saldo (solo le hace dumping la propia infancia). A ver si al menos le echa arte. Y sí, hay que reconocerlo: cuando en las primeras páginas empieza a modelar el sanatorio para tuberculosos, las obsesiones de los chicos internados, la pobreza de sus familias, esos polvorientos pueblos mallorquines, consigue hechizar en pocas páginas.

No sabemos ni quiénes son de qué bando, si los buques de guerra son republicanos o alzados

Quizás sean esos diálogos cortos, casi telegráficos, casi como una conversación en whatsapp, en la que uno le da al ‘enter’ antes de terminar la frase. Quizás eso de siempre repetir nombre y apellido de las personas, que parece un truco sencillo, pero impacta con una fuerza oscura: como si así se perfilasen más. Un niño que se llama Pau Inglada tiene unos rasgos más marcados que si se llamara simplemente Pau. No sé, pero funciona.

La atmósfera opresiva y amenazante está muy conseguida en la escena de la guerra, ese flashback a la niñez, aunque quizás demasiado: no sabemos ni quiénes son de qué bando, si los de los buques de guerra que pasan de largo son republicanos o alzados, ni quiénes -uno de los dos bandos, fijo, pero ¿cuál? – le han pegado tres tiros al padre de Pau Inglada. ¿Y son los mismos que luego hacen los fusilamientos nocturnos en la tapa del cementerio? No importa, claro que no, aquí estamos hablando de unos niños. Y lo que importa aquí es la primera muerte. Brutal.

La sangre se ve, se ve perfectamente: Blai Bonet no la describe, la pinta

Muerte, Dios, confesiones, las sábanas blancas, el quirófano, el lavabo, vómitos de sangre – en algunas escenas hay que tener una copa a mano si uno no aguanta ver la sangre, porque la sangre, se lo aseguro, se ve, se ve perfectamente, como si estuviera allí mismo, manchando la página, el suelo, la pared: Blai Bonet no la describe, la pinta – y un trasiego de personajes que van desfilando por el pasillo del sanatorio. Algunos tienen derecho a voz propia: Sor Francisca Luna, el cura Gabriel Caldentey. Pero apenas hacen cameos. La mayor parte del tiempo hablan Andreu Ramallo y Manuel Tur, dos chicos tísicos. Amigos.

Lo de voz propia es un decir. En realidad nadie tiene voz propia. Tardé un rato en darme cuenta de que cuando un capítulo se titula “Andreu Ramallo” y luego otro “Manuel Tur” cambia el narrador. Porque la voz no cambia. Nada en el tono narrativo los distingue. Piensan diferentes, sí, pero piensan con las mismas palabras. Eso es un grave error de construcción narrativa incluso para un novelista joven: si se quieren crear personajes han de dotarse de distintas formas de expresarse.

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Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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