Por qué estoy enfadado

 

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Estoy enfadado con la élite de la comunidad mizrají. Y mucho.

La palabra ‘mizrah’ significa oriente en hebreo. Los judíos orientales son aquellos que durante siglos vivieron en el mundo islámico. Los judíos occidentales vivían en la Europa cristiana.

Naturalmente, ambos términos son incorrectos. Los judíos rusos son “occidentales” mientras que los marroquíes son “orientales”. Con solo echarle un vistazo a un mapa nos daremos cuenta de que Rusia está mucho más al este que Marruecos. Lo correcto habría sido llamarlos “norteños” y “sureños” pero ya es demasiado tarde.

Normalmente a los occidentales se les llama asquenazíes, término que deriva del nombre en hebreo antiguo para Alemania. Por su parte, a los orientales se les solía llamar sefardíes, de Sefarad, la palabra en hebreo antiguo para España. No obstante, solo una pequeña parte de los orientales desciende verdaderamente de la floreciente comunidad judía que habitaba en la España medieval.

En el Israel de hoy en día, el antagonismo entre los asquenazíes y los mizrajíes crece de año en año y conlleva hondas repercusiones políticas y sociales. No es exagerado decir que es el fenómeno determinante de la sociedad israelí actual.

Me temo que una vez más voy a contar mi intervención personal en el tema antes de continuar.

Los “pioneros” sionistas que llegaron a la Yafa árabe la odiaron nada más verla

Los últimos años que pasé en mi Alemania natal antes de nuestra huida transcurrieron bajo la sombra de la esvástica, los últimos seis meses ya bajo el dominio nazi. Llegué a odiar Alemania y todo lo alemán. Por eso, cuando nuestro barco arribó al puerto de Yafa me invadió el entusiasmo. Solo tenía diez años y Yafa en 1933 era lo opuesto a Alemania en todos los aspectos; ruidosa, humana, llena de olores exóticos… Me encantó.

Según aprendí más tarde, la mayoría de los “pioneros” sionistas que llegaron a la Yafa árabe la odiaron nada más verla porque se consideraban europeos. Entre ellos se encontraba el mismísimo Theodor Herzl, el fundador del sionismo, que para empezar no quería ir a Palestina. La visitó una sola vez y le repugnó su carácter oriental. Prefería de lejos la Patagonia.

Quince años más tarde, durante la guerra de independencia israelí, me ascendieron al insigne rango de jefe de pelotón y pude elegir a mis reclutas entre inmigrantes de Polonia o de Marruecos. Elegí a los marroquíes y la recompensa por ello fue mi propia vida: Cuando yacía herido por el fuego enemigo, cuatro de “mis marroquíes” arriesgaron sus vidas para salvarme.

Aquello fue un anticipo de lo que habría de venir después. En cierta ocasión nos concedieron unas pocas y muy preciadas horas de permiso, pero algunos de mis soldados se negaron a abandonar sus puestos. “Las chicas de Tel Aviv no quieren salir con nosotros”, se quejaban; “para ellas somos negros”. Tenían la piel solo un poco más oscura que nosotros.

“Las chicas de Tel Aviv no quieren salir con nosotros: para ellas somos negros”

Me volví muy consciente de este problema por más que todo el mundo negara su existencia. En 1954, cuando ya era redactor jefe de una revista de noticias, publiqué una serie de artículos que causaron sensación titulada Ellos, los (palabrota) negros. Fue entonces cuando los asquenazíes que todavía no me odiaban comenzaron a hacerlo.

Después tuvieron lugar los disturbios de Wadi Salib, un barrio de Haifa donde un policía había matado a tiros a un mizrají. Mi revista fue el único periódico en todo el país que se puso del lado de los manifestantes.

Pocos años después, un pequeño grupo de mizrajíes fundaron un anárquico movimiento de protesta e hicieron suyo el término estadounidense Panteras Negras. Yo les ayudé. Es famoso el comentario de Golda Meir acerca de ellos: “No son buena gente”.

Ahora, muchos años después, una nueva generación ha tomado el relevo. El conflicto interno domina muchos aspectos de nuestra vida. Los mizrajíes son aproximadamente la mitad de la población de Israel, y los asquenazíes la otra mitad. La división se manifiesta de muchas formas, pero lo habitual es que la gente no quiera hablar de ello abiertamente.

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About the author

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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1 Comment

  1. Luciano Tanto ha detto:

    siempre interesante, avner, especie de Garibaldi en eterna contramano, que cuando no le gusta la realidad, la inventa…

 
 

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