¿Contra el terrorismo?

 

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Cualquier apariencia de debate sobre la eficacia de la política antiterrorista egipcia se esfumó el 24 de noviembre de 2017, cuando un comando terrorista mató a 300 personas e hirió a varios cientos en la mezquita de Rawda en Bir-Al-Abed, en el norte del Sinaí en uno de los atentados terroristas más sangrientos de la historia del país.

Un mes antes, 54 miembros de las fuerzas de seguridad caían en una emboscada a 135 kilómetros al suroeste de El Cairo en lo que se ha interpretado como una clara señal del fracaso de la política antiterrorista egipcia.

Basándose en la calidad de la política antiterrorista vigente, numerosos analistas llevaban ya un tiempo vaticinando el deterioro de la seguridad en Egipto. Pocos de ellos han concedido al país el beneficio de la duda y han achacado otros fracasos previos a la mala ejecución. A día de hoy, el debate se da por concluido.

No cabe duda de que la política antiterrorista egipcia es un fracaso. La promesa de Sisi de recurrir a la “fuerza bruta” para acabar con las actividades de los extremistas en el Sinaí indica que no hay asesoramiento político capaz de alterar el rumbo adoptado por los actuales líderes.

Para colmo, además de lo sombrío del panorama todavía existen algunas cuestiones acerca del último atentado a las que no se ha dado respuesta definitiva.

Represión frente a ideología

Uno de los debates más candentes en Egipto y en otros países de Oriente Medio gira en torno a la cuestión de si el extremismo es resultado de las medidas represivas habitualmente aplicadas por el gobierno, o si por el contrario se trata de un factor consustancial y presente de manera inevitable en el tejido ideológico del islam.

Defienden que la violencia es consecuencia del islam y que la represión no tiene nada que ver

Después del atentado de la mezquita de Rawda y de muchos otros anteriores, no faltan quienes ponen todo el peso en la ideología y afirman que las acciones violentas tienen su origen en ideas violentas que a su vez proceden de versículos violentos del Corán.

Defienden que la violencia es consecuencia de la ideología y del islam en particular y que la represión no tiene nada que ver. Otros, por el contrario, postulan que la represión genera radicalización y produce reacciones caracterizadas por la violencia extrema.

Aunque el debate se centra en determinar si el responsable de la situación es el Estado o la ideología islamista, simplificar cualquiera de los dos extremos sería incurrir en una falta de precisión.

La postura que culpa a la represión del aumento del extremismo puede rebatirse analizando las características de la violencia que genera. La represión es un fenómeno común a muchos lugares del mundo, pero no en todas partes se da la reacción de retórica y violencia indiscriminada propia de los extremistas que se adscriben a sí mismos al ámbito islámico. En el caso que nos atañe, la violencia tiene un carácter de excesiva autojustificación y extremismo como para ser solo una reacción a la represión.

Culpar exclusivamente a la ideología islamista no explica satisfactoriamente la violencia ya que la mayoría de los musulmanes no son violentos y en muchos países musulmanes no hay grupos extremistas.

La realidad es que la ideología no surge de modo aislado sino que depende en gran medida del contexto que la rodea.

La represión es el modo más sencillo de producir extremistas

Todo movimiento que se adhiere a una ideología necesita nuevos adeptos. La represión es el modo más sencillo de producir extremistas.

En Egipto, la ideología conservadora radical del wahabismo tiene empuje suficiente como para atraer a nuevos militantes deseosos de llevar a la práctica sus ideas radicales.

En pocas palabras, en Egipto el problema no es solo la dicotomía entre la represión y la ideología violenta sino el sectarismo, la violencia, el apoyo ciego a las autoridades, la injusticia y la brutalidad.

Si bien es cierto que los extremistas son responsables de sus atentados y del asesinato de personas inocentes, no lo es menos que se les ha proporcionado un entorno ideal para el reclutamiento de nuevos extremistas.

La responsabilidad de esta situación recae casi exclusivamente sobre el Estado, la cultura de la violencia y el abandono del debate como modus operandi.

La responsabilidad del estado

Otra de las cuestiones que se desprenden de la masacre de Rawda es cuánta responsabilidad tiene el Estado en ella.

A fin de cuentas, dado el gran número de mezquitas del país y la escasez de miembros de fuerzas de seguridad que hay en comparación, el estado es incapaz de proteger a los fieles congregados un viernes cualquiera en una mezquita en particular.

Este mismo argumento se utilizó en mayo de 2017 cuando un grupo de extremistas detuvo un autobús lleno de cristianos coptos que se dirigían a un monasterio y ejecutó a muchos de sus pasajeros.

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Wael Eskandar

@weskandar

Periodista (El Cairo). Bloguero y analista, Wael Eskandar ha colaborado con diarios egipcios...

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