Entre la cruz y la espada

 

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El día 23 de marzo, Francia sufrió un nuevo atentado islamista, cerca de Carcasona, en el que un yihadista kamikaze mató a varias personas que iban de compra en un supermercado parecido a lo que puede ser en España un Mercadona de pueblo. Allí degolló a un coronel de gendarmería que se entregó heroicamente para liberar uno de los rehenes.

El día anterior se descubrió en París el cadáver de Mireille Knoll, una anciana judía sobreviviente de la shoah, asesinada y quemada en su piso por dos jóvenes islamistas. Un año antes, en el mismo distrito de París, Sarah Halimi, judía ortodoxa, murió tras ser torturada varias horas. La tiró por la ventana su vecino al grito de “Alá es grande” y “He matado al Sheitán”. Un grupo nutrido de policías esperaba en la escalera sin entrar en el piso, por miedo a toparse con un terrorista vestido de chaleco explosivo.

¿Quién se atrevería aún a negar la ola de violencia contra los judíos de Francia? Nadie, pero…

Pero hicieron falta meses de trabajo de la periodista Noémie Hallouia para que la Fiscalía reconociera el carácter de crimen antisemita, después de que la mayoría de los medios lo callaran y los partidos políticos miraran a otro lado. Entonces estábamos en plena campaña electoral para la elección presidencial. Esta vez, con Mireille Knoll, no se pudo repetir tal denegación.

Esos nuevos brotes terroristas han desatado una lógica emoción en nuestro país; homenajes, condenas, funeral de Estado para el gendarme Arnaud Beltrame, una fuerte manifestación en París contra el antisemitismo.

Doce años después del secuestro y asesinato del joven Ilan Halimi por “la banda de los bárbaros”, compuesta por un grupo de golfos que dominaba la vida de su barriada en un municipio vecino de París, seis años después de la matanza perpetrada por Mohammed Merah en Toulouse – mató en una semana a tres militares, un profesor y tres pequeños alumnos de una escuela judía, grabándose con una cámara GoPro -, después de varias agresiones y violaciones de personas culpables de ser judías en municipios de las afueras de París, y después de la matanza de enero 2015 en el Hyper Cacher de la Porte de Vincennes… ¿quién aún se atrevería a negar la ola de violencia contra los judíos de Francia?

Ahora, nadie. Pero hay bastante gente empeñándose en negar que eso tenga que ver con el integrismo islamista en Francia. Son los mismos que niegan la realidad de esa ola fascista que recorre parte de la población de Francia de origen inmigrante que, sea francesa o no, se identifica como musulmana. Dicen que el integrismo islamista no es un problema importante y que denunciarlo sería una obsesión racista (islamofobia). Para eso, primero es necesario denegar el carácter yihadista de los atentados.

Dudaban de que el asesino de Niza fuera del Daesh, porque salía de discotecas y ligaba con ‘blancas’

Nadie ha podido negar el vínculo con Daesh y Al Qaida de los atentados de enero y noviembre 2015 en París. Pero inmediatamente después de la matanza del 14 de julio 2016 en Niza, ya empezaron algunos medios (destacando Libération, Le Monde y, por supuesto, Mediapart,) a dudar que el autor del atentado – que mató, arrollándolas con un camión, a 86 personas de la multitud que estaba concentrada en el paseo marítimo para asistir a los fuegos artificiales de la fiesta nacional – estuviera afiliado a Daesh: porque se le había conocido bebiendo, saliendo de fiesta en discotecas y ligando con “blancas”. De Merah, el asesino de Toulouse, ya dijeron que váyase a saber si no fue manipulado por servicios secretos. Del asesino del jefe de empresa Cornara, que fue decapitado en junio 2015 y cuya cabeza fue colgada en la reja de la empresa con banderas de Daesh, se dijo que estaba loco, quitando hierro a su reivindicación islamista, y el gobierno tardó un año en reconocer el carácter terrorista del acto. Poco se dijo del asesinato en junio 2016 de un policía y su pareja, a manos de un hombre que se reivindicó de Daesh. El que degolló al cura de Normandía durante la misa en julio 2016 también generó dudas en esos medios sobre si era realmente de Daesh. Del asesino de Sarah Halimi se dijo que era paranoico; lo ingresaron en un hospital psiquiátrico, hasta que un año después se reconociera el carácter antisemita del crimen. Incluso cuando se arrestaron los dos asesinos de Mireille Knoll, algunos medios intentaron decir que eran meros delincuentes.

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Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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