Poco chorizo para tanto pan

 

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in Spagnolo Europeo. Per ragioni di convenienza del visitatore, il contenuto è mostrato sotto nella lingua alternativa. Puoi cliccare sul link per cambiare la lingua attiva.

Ali Eskandarian
Sexo, exilio y rock and roll

Género: Novela
Editorial: Malpaso
Páginas: 204
ISBN: 978-84-1599-693-4
Precio: 18,50 €
Año: 2017
Idioma original: inglés
Traducción: Santiago del Rey
Título original: Golden Years

Una mezcla entre Charles Bukowski y Jack Kerouac. La mezcla perfecta, de hecho. Todos los polvos que no echaba Kerouac y todas las carreteras que no recorría Bukowski están aquí. Da envidia. Se lee con gusto. Ah, y hasta hablan de música.

Decía el viejo Uto, que había vivido ahí, que los iraníes son el pueblo más orgulloso del mundo. Que no hay nadie más convencido de su propio valor que un iraní (eso no les impide en absoluto ser hospitalarios, majos, encantadores o buenos amantes, no está reñido). Debe de ser cierto. No solo porque Ali Eskandarian creía que al meter en la caldera mucho sexo del bueno, un generoso chute de drogas, unas guitarras, un coche y un piso comunitario venido a menos ha escrito “la gran novela iraní-americana”, sin necesidad de añadirle un argumento, ni una trama, ni nada por el estilo. También porque esta convicción de ser mejor que los demás permea importantes partes del libro. Rezuma de las escenas en las que el protagonista – Yo, desde luego – cumple su jornada de oficinista ocasional: de algo hay que vivir, pero el simple hecho de que alguien como él (capaz de divertirse imaginando plebeyos aqueménidas escribiendo cuneiforme en el Egipto predinástico) esté obligado a vivir, y encima entre americanos que ni siquiera saben que Kabul no es la capital de Irán, le parece una profunda ofensa personal. Ahora que lo pienso, no digo que no tenga razón.

El sexo en Sexo, exilio…. es maravilloso. Nada bukowskiano, aunque sea de borrachera

Sin ese hastío del yo-no-debería-estar-obligado-a-esto no se entiende la veta oscura que impregna cierta parte de la narración, y que es la que lleva al protagonista por la vía de las drogas, la falta de pasta, el gorroneo (siempre con elegancia persa, y siempre admirado por las chicas). Ali, vamos a llamarlo así, liga mucho, muchísimo, diría uno que no hay chica que se le resista. No digo que no sea una experiencia real. Salía guapo en las fotos. Aseguran sus editores que el tipo fascinaba. Eso sí, de lo que dan ganas es de gritar: Coño, tío, ya te han follado las chicas más maravillosas entre Atlántico y Pacífico, ya has vivido todas las fantasías sexuales que a Bukowski ni le alcanzaba el hígado para imaginarlas, ahora dedícate a hacer rock and roll y a ser feliz, en lugar de meterte cocaina y quejarte de lo mal que te trata la vida, ya ¿no?

Porque eso sí, eso hay que reconocerlo: el sexo en Sexo, exilio…. es maravilloso. Nada bukowskiano, ni aunque sea en plena borrachera y tras meterse cócteles de pastillas que yo ni sabría buscar en Wikipedia. Siempre –casi siempre – es tierno, es una explosión de cariño, de placer compartido, de amor en el fondo, e incluso cuando no hay ternura en el rollo en sí, sí lo hay en la descripción, en la reflexión que el autor hace sobre lo que está sucediendo: Ali no tiene jamás una mala palabra para nadie. En eso es muy distinto a Bukowski; la comparación hacer recordar aquella frase de la pintora iraní Farideh Lashai, exiliada en Fresno: “No quiero que mi hija se pelee con los demás niños. No tolera la agresividad de la educación estadounidense”.

1 2Página siguiente

 
 

Tags

, , ,

Related Posts

About the author

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
Criado...

Poco chorizo para tanto pan
 
 

0 Comments

You can be the first one to leave a comment.

 
 

Leave a Comment