Salafistas contra salafistas

 

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Rezos en la Plaza de los Mártires en Trípoli (2011) | © Karlos Zurutuza

Trípoli |  2018

Cuentan con la mayoría de las mezquitas por todo el país; tienen escuelas y hospitales, así como una extensa red de organizaciones de caridad. Por si fuera poco, controlan las principales facciones armadas, tanto en el este como en el oeste. Para cuando los libios se quieren dar cuenta, el país parece haber caído en manos de los madjalíes.

“La confrontación entre Gobiernos rivales así como el resto de los esquemas que hemos manejado ahora se están quedando viejos”, explica Issa Moamar, un informático tripolitano que se resiste a no entender lo que ocurre en su país bajo la premisa de que “todo es demasiado complicado en Libia”.

Los madjalíes se han alineado con cada Gobierno y cada señor de la guerra en los últimos tres años

Tampoco sería una excusa gratuita. Sobre el papel, Libia es un país en el que tres Gobiernos se disputan el poder en Libia: hay dos en Trípoli –uno de ellos respaldado por la ONU- y otro en Tobruk, en el este del país. Cada uno cuenta con una red de alianzas bordadas sobre el tejido tribal libio, y un grupo de potencias extranjeras que los respaldan. A este ya de por sí endiablado escenario se suben hoy los madjalíes, una corriente salafista fundada por Rabi al Madkhali, un clérigo saudí de 85 años, que mueve los hilos desde Medina. Junto a él dirige el movimiento su hermano menor Mohamed Hadi al Madkhali, profesor universitario en la misma ciudad.

Y lo hacen bien. A pesar de su mediocres resultados en las dos comicios celebradas en la Libia post-Gadafi, los madjalíes se han alineado con cada Gobierno autoproclamado y cada señor de la guerra durante los últimos tres años. En Trípoli controlan Rada, la milicia en la que se apoya el Gobierno respaldado por la ONU. Entre sus últimas acciones está el arresto de varios organizadores y participantes de la Feria del Cómic en Trípoli, a los que acusaba de “debilitar la religión y ser fascinados por tradiciones extranjeras”.

En 2102, los madjalíes destruyeron con excavadoras un morabito sufí en Zliten

Por otra parte, en Sirte y Misrata -en el centro del país- los madjalíes fueron uno de los principales arietes en la lucha contra el Daesh en 2016. Y eso aunque – o tal vez porque – su ideología no está demasiado alejada del ultrarradicalismo wahabí: todo indica que las hordas que en agosto de 2012 destruyeron con excavadoras y explosivos un morabito sufí en Zliten, a unos 160 kilómetros al este de Trípoli, formaban parte del movimiento. En todo caso, Mohammed Hadi al Madkhali alabó públicamente la iniciativa e invitó a seguir su ejemplo. Con éxito: hubo más ataques contra santuarios islámicos tradicionales en Trípoli y Misrata.

Hoy, la Brigada 604, originalmente creada para expulsar a los yihadistas del califato, no solo no se ha disuelto, sino que gana en influencia y poder militar durante los últimos meses. Pero quizás los resultados más espectaculares los hayan conseguido en el este del país, alrededor de Bengasi, la segunda ciudad libia, donde cuentan con el apoyo del general Khalifa Haftar.

Exmiembro de la cúpula que aupó al poder a Muammar Gadafi, Haftar fue reclutado por la CIA para convertirse en su principal opositor desde su exilio en Virginia. A su vuelta al país se autoproclamó general del Ejército libio y sus hijos Khaled y Sadam controlan sendas milicias salafistas conocidas por castigos públicos y ejecuciones arbitrarias en Bengasi,

Nada nuevo

Que Trípoli, Misrata y Tobruk -los principales nodos del poder libio- están hoy infiltrados por el jeque saudí es un secreto a voces. Fuentes de la Policía de Misrata confirmaron a este diario que algunos miembros de los Farjani –la tribu a la que pertenece Haftar- han visitado tanto esta ciudad como Trípoli.

Grupos madjalíes buscan acuerdos para allanar el camino al general Haftar hasta Trípoli

“Algo así habría resultado impensable apenas un año atrás”, apuntaba un oficial de Policía misratí que prefería permanecer en el anonimato por razones de seguridad. Según decía, Misrata ha dejado de ser “aquel bloque compacto capaz de combatir en varios frentes a la vez, haciendo de contrapeso frente a las fuerzas del este y del oeste”.

En el oeste del país cobra fuerza la tesis que apunta a que grupos madjalíes de toda la geografía libia buscan cerrar acuerdos para allanar el camino al general Haftar hasta Trípoli. Es en su aeropuerto militar -el único operativo en la capital libia- por donde, supuestamente, entra el dinero del jeque saudí. Por supuesto, la infraestructura permanece bajo el control férreo de la milicia salafista Rada. La brutal devaluación de la moneda libia unida a la falta de liquidez para pagar salarios –Libia es un Estado rentista desde finales de los 60- convierten al país en un nicho de lealtades compradas con maletines.

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Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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