“Soy fascista, ayudo a la gente”

 

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Un niño juega a la pelota en una plaza de Venecia (2016) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Un censo de gitanos en Italia para expulsar a los que no tengan la ciudadanía. Y no a todos juntos, porque “los que sean italianos desgraciadamente hay que quedárselos”. Fue casi la primera propuesta política del ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, menos de tres semanas después de jurar el cargo. Solo un día antes, Salvini se había felicitado por la acogida del buque Aquarius, con 629 migrantes a bordo, en España, porque ahora, dijo “Italia ya no es el felpudo de Europa”. Era una postura coherente para el líder de la Liga, (antes Liga Norte), que nunca había ocultado su xenofobia, aunque ya no apela al independentismo del la mitad norteña de Italia sino a los sentimientos nacionalistas de todo el país.

Hay quien compara el censo propuesto de gitanos al de judíos en la época fascista

La frase recorrió las portadas de prensa europeas, y suscritó también en Italia protestas inmediatas, incluso por parte del propio socio de la coalición de la Liga, el Movimiento 5 Estrellas. El dirigente de la formación y ministro de Economía, Luigi di Maio, recordó que un censo de carácter étnico es anticonstitucional en Italia “y no se hace”. Aparte de ilegal era innecesario, recordó Carlo Stasolla, presidente de la Asociación 21 de Julio, que ofrece asistencia a este colectivo, porque ya existen estudios y datos sobre los campamentos de gitanos en Italia.

“Recordemos también que los gitanos italianos han estado presentes en nuestro país durante al menos medio siglo”, agregó Stasolla en un lapsus que curiosamente pasó desapercibido: la presencia de gitanos están documentada en Italia desde hace medio milenio, en concreto desde 1422. No hay cifras exactas, pero se estima que en el país hay entre 130.000 y 170.000 gitanos, y que la mitad son ciudadanos. Roberto Malini, miembro del centro de derechos humanos Everyone Group, cifra en 70.000 los gitanos italianos y en unos 30.000-40.000 los llegados desde los países de Europa del Este, sobre todo Rumanía.

No faltaba en Italian quien asemejaba la propuesta del censo al que se impuso a los judíos italianos durante la época fascista: también entonces se quiso distinguir entre “italianos de verdad” y quienes no lo eran, pese a ser ciudadanos desde hacía siglos. Pero precisamente esta alusión a la época de Mussolini encuentra cierto eco positivo en una parte – reducida pero desacomplejada – de la población italiana.

CasaPound avanzó del 0,14% de los votos en 2013 al 0,91 % en marzo pasado

“Para empezar, que quede claro: yo soy fascista”, afirma Mauro Antonini, uno de los fundadores de CasaPound, el partido neofascista de Italia. Tiene 38 años y es uno de los 12 directivos romanos de los 20 que forman parte de la cúpula del partido. “Pero una cosa era ser fascistas en la época de (Benito) Mussolini y otra es serlo hoy. Ahora lo que nos interesa es ayudar a la gente. Este país está a la deriva y nadie se ocupa de los problemas reales y cotidianos de los italianos. ¿Sabe cuánto hay que esperar para hacerse una radiografía en un hospital público?”, pregunta el político.

El movimiento, nacido en 2003 alrededor de una casa okupada en Roma y que toma prestado el nombre del poeta Ezra Pound, intenta construir su apoyo popular, basado en el rechazo a los inmigrantes y una confusa amalgama de consignas autoritarias, nacionalismo y proteccionismo económico. Un ideario explosivo y de penetración aún desconocida que ha resucitado algunos usos y costumbres de la Italia fascista (1922-1943), razón por la que algunos han empezado a pedir su ilegalización.

Aunque CasaPound todavía no pasa de ser el décimo partido del país, alcanzó el 0,95 por ciento de los votos en las elecciones generales de marzo pasado, un neto avance desde el 0,14 por ciento en las elecciones de 2013. En la región de Lacio, que incluye la capital, era aún mejor: un 1,6 por ciento, si bien lejos del 3% necesario para obtener un escaño en el Parlamento regional.

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Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal de la revista mexicana Proceso y colabora con el...

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