El gas que puede reunificar Chipre

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Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la sección internacional del diario El Confidencial , después de una década como corresponsal en Asia y el Mediterráneo, los últimos cinco años en Turquía.

Publicado el 14 Abr 2014

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 Puerto de Girne en Chipre Norte (2012) |  © Ilya U. Topper

Puerto de Girne en Chipre Norte (2012) | © Ilya U. Topper

Estambul | Marzo 2014

En los mentideros de la política internacional, al conflicto de Chipre se le suele llamar “la tumba de los diplomáticos”. Numerosos altos cargos han tratado sin éxito de medrar entre los dos bandos, incluyendo a algunos tan experimentados como Richard Holbrooke (arquitecto del plan de paz para Bosnia) o el propio Kofi Annan. Por ello, cuando el pasado febrero el presidente grecochipriota Nikos Anastasiades y el turcochipriota Dervis Eroglu volvieron a reunirse para tratar de alcanzar una solución a la división de la isla, que dura ya cuatro décadas, muchas cejas se enarcaron con escepticismo. Las negociaciones, paralizadas desde 2012, podrían no ser sino el enésimo intento de acercamiento entre ambas partes. Pero esta vez hay nuevos elementos que invitan al optimismo.

“Esta vez los factores externos están jugando un papel muy importante. A diferencia de las veces anteriores, ahora Estados Unidos se involucra de forma muy, muy activa en la cuestión de Chipre”, explica el turcochipriota Ahmet Sözen, profesor de la Universidad del Mediterraneo Oriental y asesor del comité negociador durante las conversaciones de 2008. “De hecho, desde hace un año, el asesor especial de la ONU, Alexander Downer, está de algún modo fuera de juego. Es persona non grata para los grecochipriotas, y no está mediando realmente. Y este vacío lo han llenado los americanos, especialmente el embajador estadounidense John Koenig”, asegura.

El yacimiento Afrodita posee entre 140 y 230 mil millones de metros cúbicos de gas, más de lo que Chipre puede consumir en un siglo

Estados Unidos, dice Sözen, tiene numerosas razones para involucrarse. “Los estadounidenses están muy interesados en tener un Mediterraneo oriental estable”, dice Sözen. Eso incluye la resolución del conflicto de Chipre, pero también el desencuentro actual entre Israel y Turquía. Pero además existen poderosos incentivos económicos, como el descubrimiento de entre 140.000 y 230.000 millones de metros cúbicos de gas por explotar en el llamado yacimiento Afrodita. Más de lo que Chipre puede consumir por sí solo en un siglo.

Un gasoducto para el Mediterráneo oriental

Dicho descubrimiento ha sido realizado por una compañía estadounidense, Noble Energy, que lleva realizando exploraciones en el Mediterráneo oriental desde hace más de una década. “Los yacimientos más comerciales hasta ahora han sido encontrados en aguas israelíes, pero también hay un potencial significativo en el litoral de Chipre”, dice Hugh Pope, analista para Chipre del prestigioso think tank International Crisis Group. El total de la cuenca mediterránea, que incluye zonas situadas en aguas territoriales de Israel y áreas que Líbano reclama como suyas, se estima en unos 3.454 millones de metros cúbicos de gas y unos 1.700 millones de barriles de crudo, lo que representa el 2 % de las reservas de gas y el 0,1 % del petróleo de todo el mundo.

“La forma más barata, rápida, segura y rentable de llevar este gas al mercado es probablemente a través de un gasoducto hasta Turquía. Pero dicho gasoducto tendría que pasar a través de la Zona Económica Exclusiva de Chipre, y un alto funcionario grecochipriota nos asegura que no hay forma de que Nicosia permita que eso suceda sin que haya un acuerdo sobre Chipre o, al menos, hasta que haya buenas perspectivas al respecto”, comenta Pope.

Los grecochipriotas prefieren una reunificación total o una federación laxa; los turcochipriotas, la máxima autonomía y separación

El conflicto, en todo caso, no parece fácil de solucionar. Chipre permanece dividido en dos mitades desde 1974, cuando el ejército turco lanzó una invasión militar a gran escala para proteger a la población turcochipriota de las matanzas que se desencadenaron tras el golpe de estado ultraderechista que derrocó al Arzobispo Makarios. La operación militar turca, sin embargo, se hizo sin miramientos, y dejó varios miles de muertos y desaparecidos en pocos días, y un cuarto de millón de desplazados a uno u otro lado del frente. Desde entonces, unos 30.000 soldados turcos permanecen acantonados en la parte norte de la isla, a los que hay que sumar al menos 150.000 colonos de Anatolia traídos por las autoridades turcas, y que los grecochipriotas perciben como uno de los principales obstáculos para la paz.

Para complicar aún más las cosas, en 1984, el líder turcochipriota declaró de forma unilateral la creación de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), profundizando la división de la isla. Desde entonces, los grecochipriotas prefieren una solución que permita la reunificación total o, en su defecto, una federación lo más laxa posible. Los turcochipriotas, que temen ser absorbidos dentro de la mayoría griega, optan a su vez por el máximo grado de autonomía y separación.

Así, en negociaciones de paz anteriores se ha acordado la creación de “una federación bizonal, bicomunal”, aunque persisten las discrepancias sobre la forma que dicha entidad estatal debería tomar. Otros asuntos, como el regreso de los desplazados o el pago de las compensaciones por las propiedades que quedaron en manos turcochipriotas tras la invasión, son asimismo cuestiones peliagudas.

“Dado que más del 75 por ciento de la tierra de propiedad privada en el norte de Chipre pertenece a grecochipriotas, es inevitable que los propietarios afectados por el status quo actual no disfruten de un derecho absoluto a la restitución”, dice Nikos Skoutaris, investigador asociado en la London School of Economics y experto en la cuestión de Chipre. “Y aquellos cuyos derechos de propiedad sean restablecidos tendrán que vivir bajo administración turcochipriota”, comenta. Algo que no gusta a muchos de ellos.

La crisis financiera grecochipriota está llevando a muchos a aceptar las compensaciones por sus propiedades perdidas en el norte

Pero en este sentido, la severa crisis financiera grecochipriota también está cambiando el panorama: por ejemplo, muchos grecochipriotas, que hasta hace poco seguían exigiendo que se les permitiese recuperar sus inmuebles en territorio turco, han decidido optar ahora por una compensación económica. La Comisión de la Propiedad Inmobiliaria de la RTNC, creada para este fin, que entre 2006 y 2010 apenas registró 168 casos anuales, recibe ahora en torno a un millar cada seis meses. “En las últimas semanas se acercan a preguntar entre quince y treinta personas al día y nos cuentan que hay mucha más gente interesada. Pero somos una oficina pequeña y no damos abasto con tantas peticiones”, declaraba hace unos meses Güngör Günkan, presidente de la comisión, a la agencia EFE.

“Todos los partidos grecochipriotas parecen haber comprendido que no pueden permitirse decir no a las negociaciones”, afirma Sözen. “El líder grecochipriota es un tipo inteligente, más realista y menos dogmático que sus antecesores. Ha comprendido cómo está la situación, y que si no da este paso la división se convertirá en permanente”, asegura. “Al mismo tiempo, ha visto los incentivos positivos. Se ha dado cuenta que si no resuelve la crisis, no podrán disfrutar plenamente de los beneficios de los hidrocarburos. Los grecochipriotas se consideran los gobernantes legítimos de la isla, pero los principales actores internacionales también están diciendo que hay que contar con los turcochipriotas”. El caso más extremo es el de Turquía, que hace dos años llegó a amenazar con enviar a su armada a Chipre si los grecochipriotas iniciaban la explotación del gas por su cuenta.

Turquía, partidaria de la solución

El actual presidente turcochipriota, Dervis Eroglu, mantiene posiciones ultranacionalistas mucho más duras que su antecesor, el comunista Mehmet Ali Talat. Sin embargo, según Sözen, esto no tiene por qué ser un obstáculo insalvable. “Es sin duda un halcón, que prefiere la partición de la isla antes que una solución federal. Pero Turquía le vigila de cerca, así que no puede permitirse decir que no quiere una federación”, afirma.

Y Turquía también está a favor de una solución: “El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, necesita aliados externos, y uno de ellos solía ser la Unión Europea”, asegura Sözen. Dada la presión interna a la que se enfrenta el mandatario turco, este “vuelve a necesitar de nuevo el apoyo de la UE, y una forma de conseguirlo es mediante Chipre. Por eso Turquía está jugando un papel tan positivo en el inicio de las negociaciones”.

En 2004, un 65 % de los turcochipriotas votaron a favor del Plan Annan para la reunificación, pero los grecochipriotas lo rechazaron

Sin embargo, el proyecto que se baraja es muy similar al llamado Plan Annan, que en 2004 fue sometido a referéndum ante la población de ambas partes. Un 65 % de los turcochipriotas votaron entusiastamente a favor, pero los grecochipriotas lo rechazaron, pensando que tras su entrada en la Unión Europea –que iba a producirse unos días más tarde- su posición negociadora mejoraría.
“No es sólo que las negociaciones hayan sido retomadas innumerables veces –al menos tres en los últimos diez años-, sino que su evolución sigue el mismo patrón. Hay optimismo al principio, frustración a medida que pasa el tiempo, y simple decepción al final”, comenta Skoutaris.

En el mismo sentido se expresa Sözen: “La negociación es una parte, pero no lo es todo. Las negociaciones actuales deberían ser apoyadas por medidas de construcción de confianza, que contrarresten los recelos entre ambas comunidades. No creo que sea una buena idea poner un referéndum frente a la gente sin involucrarla primero, prepararla. Y ese elemento no ha sido tenido en cuenta”, dice. “Tal vez ambas partes alcancen una solución, pero no creo que sea saludable que se aísle a las comunidades de la solución. La gente tiene que ser parte del proceso”, afirma.

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