Opinión

Ciegos en Gaza

Uri Avnery
Uri Avnery
· 11 minutos

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Lo malo de la guerra es que tiene dos bandos.

Todo sería mucho más fácil si la guerra tuviese un solo bando. El nuestro, por supuesto.

Y ahí estás tú, elaborando un plan maravilloso para la próxima guerra, preparándolo, entrenándote, hasta que todo sea perfecto.

Y entonces empieza la guerra y, para tu mayor sorpresa, parece que también hay otro bando, que también tiene un plan maravilloso, y que lo ha preparado y se ha entrenado para ello.

Cuando los dos planes confluyen, todo empieza a ir mal. Ambos planes fracasan. No sabes lo que va a suceder. Cómo seguir adelante. Haces cosas que no has planeado. Y cuando ya has tenido suficiente y quieres salir, no sabes cómo. Es mucho más difícil poner fin a una guerra que comenzar una, sobre todo cuando ambos bandos quieren declarar la victoria.

Y ahí es donde nos encontramos ahora.

¿Cómo empezó todo? Depende de por dónde quieras comenzar.

Como en todas partes, cada acontecimiento en Gaza es una reacción a otro acontecimiento. Un bando hace algo porque el otro bando hizo algo. Algo que hizo porque el primer bando hizo algo. Uno podría seguir así, intentando desenredar esto, hasta el comienzo de los tiempos. O al menos hasta el héroe Sansón.

Es mucho más difícil poner fin a una guerra que comenzar una, sobre todo cuando ambos bandos quieren declarar la victoria

Sansón, como se recordará, fue capturado por los filisteos, cegado y llevado a Gaza. Allí se suicidó echando abajo el templo sobre sí mismo y sobre todos los jefes y el pueblo, gritando: “¡Muera mi alma junto con los filisteos!” (Jueces 16:30).

Si eso es demasiado remoto, empecemos con el comienzo de la actual ocupación, 1967.

(Hubo una ocupación olvidada antes que esa. Cuando Israel conquistó la Franja de Gaza y todo el Sinaí en el transcurso de la guerra del Sinaí de 1956, y David Ben-Gurion declaró la fundación del “tercer reino de Israel”, sólo para anunciar con la voz rota, unos días después, que había prometido al presidente Dwight Eisenhower retirarse de toda la península del Sinaí. Algunos partidos israelíes le instaron a mantener al menos la Franja de Gaza, pero él se negó. No quería tener a cientos de miles de árabes más en Israel).

Un amigo mío me recordó un artículo que yo escribí menos de dos años después de la Guerra de los Seis Días, durante la cual ocupamos Gaza de nuevo. Yo acababa de descubrir que a dos trabajadores árabes de la construcción de carreteras, uno de Cisjordania y otro de la Franja de Gaza, que hacían exactamente el mismo trabajo, se les pagaban diferentes salarios. Al hombre de Gaza se le pagaba mucho menos.

Siendo miembro de la Knesset, hice algunas averiguaciones. Un alto funcionario me explicó que se trataba de una cuestión de política. El propósito era provocar que los árabes abandonasen Gaza y se estableciesen en Cisjordania (o en cualquier otro lugar), con el fin de dispersar a los 400.000 árabes que vivían entonces en la Franja, en su mayoría refugiados de Israel. Obviamente, esto no ha ido demasiado bien, ya que ahora hay allí alrededor de 1.800.000 árabes.

Después, en febrero de 1969, advertí: “(Si seguimos) tendremos que hacer frente a una terrible elección: sufrir una oleada de terrorismo que abarcará a todo el país, o participar en actos de venganza y opresión tan brutales que corromperán nuestras almas y harán que el mundo entero nos condene”.

Menciono esto no (sólo) para darme importancia sino para mostrar que cualquier persona razonable podría haber previsto lo que iba a suceder.

A Gaza le ha llevado mucho tiempo llegar a este punto.

Recuerdo una noche en Gaza a mediados de los años 90. Me habían invitado a una conferencia palestina (sobre los presos), que duró varios días, y mis anfitriones me invitaron a quedarme con Rachel en un hotel a la orilla del mar. Gaza era entonces un lugar agradable. Por la noche nos dimos un paseo por el bulevar central. Mantuvimos charlas agradables con la gente que nos reconocían como israelíes. Éramos felices.

También recuerdo el día en el que el ejército israelí se retiró de la mayor parte de la Franja. Cerca de la ciudad de Gaza se erigía una enorme torre de vigilancia israelí, de muchos pisos de altura, “para que así los soldados israelíes pudiesen mirar cada ventana de Gaza”. Cuando los soldados se fueron, me subí a lo más alto, pasando a cientos de muchachos felices que iban arriba y abajo como los ángeles en la escalera del sueño de Jacob de la Biblia. De nuevo éramos felices. Probablemente ellos sean ahora miembros de Hamás.

Israel se negó a permitir la construcción del puerto para evitar que se estableciese un Estado palestino viable

Esa fue la época en la que Yasser Arafat, hijo de una familia de la Franja de Gaza, regresó a Palestina y estableció su cuartel general en Gaza. Se construyó un nuevo y hermoso aeropuerto. Y empezaron a circular planes para un nuevo y gran puerto marítimo.

(Una gran corporación holandesa de construcción de puertos se me acercó discretamente y me pidió que usara mis relaciones de amistad con Arafat para conseguirles el trabajo. Me insinuaron que recibiría una gran gratificación. Me negué cortésmente. Durante todos los años que conocí a Arafat, nunca le pedí un favor. Creo que ésta fue la base de nuestra un tanto extraña amistad).

Si el puerto se hubiese construido, Gaza se habría convertido en un centro comercial floreciente. El nivel de vida habría aumentado considerablemente, la inclinación de la gente a votar por un partido islámico radical habría disminuido.

¿Por qué esto no sucedió? Israel se negó a permitir que se construyese el puerto. Al contrario del compromiso concreto de los Acuerdos de Oslo de 1993, Israel cortó todos los pasos entre la Franja y Cisjordania. El objetivo era evitar cualquier posibilidad de que se estableciese un Estado palestino viable.

Un senador se escandalizó al enterarse de que la pasta se consideraba un riesgo y no se permitía introducirla en Gaza

Es cierto que el primer ministro Ariel Sharon evacuó más de una docena de asentamientos a lo largo de la costa de Gaza. Hoy en día, uno de nuestros lemas derechistas es: “Evacuamos a toda la Franja de Gaza y ¿qué fue lo que obtuvimos a cambio? ¡Cohetes Qassam!” Ergo: no podemos renunciar a Cisjordania.

Pero Sharon no le cedió la Franja a la Autoridad Palestina. Los israelíes están obsesionados con la idea de hacer las cosas “de manera unilateral”. El ejército se retiró, la Franja se quedó sumida en el caos, sin gobierno, sin ningún acuerdo entre los dos bandos.

Gaza se hundió en la miseria. En las elecciones palestinas de 2006, bajo la supervisión del expresidente Jimmy Carter, el pueblo de Gaza, al igual que el pueblo de Cisjordania, le dio una mayoría relativa al partido de Hamás. Cuando a Hamás se le denegó el poder, tomó la Franja de Gaza por la fuerza, bajo el clamor popular.

El gobierno israelí reaccionó imponiendo un bloqueo. Sólo se permitían pasar cantidades limitadas de mercancías, aprobadas por las autoridades de la ocupación. Un senador estadounidense armó un escándalo cuando se enteró de que la pasta se consideraba un riesgo para la seguridad y no se permitía introducirla en la Franja. Prácticamente no se permitía que saliese nada, lo que era incomprensible desde el punto de vista de la “seguridad” sobre el “contrabando” de armas, pero bastante claro desde el punto de vista de la “asfixia” a la Franja. El desempleo alcanzó casi el 60%.

La Franja tiene aproximadamente 40 kilómetros de largo y 10 kilómetros de ancho. Por el norte y el este limita con Israel, por el oeste limita con el mar, que está controlado por la marina israelí. Por el sur limita con Egipto, que ahora está gobernado por una dictadura antiislámica brutal, aliada con Israel. Como dice una frase hecha, es “la mayor cárcel al aire libre del mundo”.

Ambos bandos ahora proclaman que su objetivo es poner fin a esta situación. Pero ambos quieren decir dos cosas muy diferentes.

El bando israelí quiere que el bloqueo se mantenga vigente, aunque de una forma más liberal. Que se permita introducir pasta y muchas más cosas en la Franja, pero bajo una estricta supervisión. Nada de aeropuerto. Nada de puerto marítimo. Hay que evitar que Hamás vuelva a rearmarse.

El bando palestino quiere que el bloqueo se elimine de una vez por todas, incluso oficialmente. Ellos quieren tener su puerto y su aeropuerto. No les importa la supervisión, ya sea internacional o del Gobierno de unidad palestino de Mahmoud Abbas.

Si se “destruye” a Hamás, Gaza tendría que ser entregada a la Autoridad Palestina (en concreto a Fatah)

¿Cómo cuadrar este círculo, sobre todo cuando el “mediador” es el dictador egipcio que actúa prácticamente como un agente de Israel? Es una clara señal de que la situación ha cambiado el hecho de que Estados Unidos haya dejado de tener el papel de mediador. Después de los inútiles esfuerzos de mediación por la paz de John Kerry, ahora se le desprecia en general por todo Oriente Medio.

Israel no puede “destruir” a Hamás, como nuestros políticos semifascistas (también en el gobierno) demandan con fuerza. Tampoco es lo que realmente quieren. Si se “destruye” a Hamás, Gaza tendría que ser entregada a la Autoridad Palestina (en concreto a Fatah). Eso significaría la reunificación de Cisjordania y Gaza, después de todos los continuos y exitosos esfuerzos israelíes para dividirlos. Esa no era la idea.

Si Hamas se mantiene, Israel no puede permitir que la “organización terrorista” prospere. La relajación del bloqueo sólo será limitada, como mucho. La población apoyará a Hamas aún más, soñando con la venganza por la terrible devastación causada por Israel durante esta guerra. La próxima guerra estará a la vuelta de la esquina, como casi todos los israelíes creen de todas formas.

Al final, estaremos donde estábamos antes.

No puede haber una solución real para Gaza sin una solución real para Palestina.

El bloqueo debe terminar, con los graves problemas de seguridad de ambos bandos debidamente abordados.

La Franja de Gaza y Cisjordania (junto con Jerusalén Este) deben reunificarse.

No tiene sentido tratar de “resolver” cada  problema por separado. Deben y pueden ser resueltos en conjunto

Los cuatro “corredores seguros” entre los dos territorios, prometidos en los Acuerdos de Oslo, deben de abrirse por fin.

Tiene que haber elecciones palestinas, aplazadas desde hace tiempo, para la Presidencia y el Parlamento, con un nuevo gobierno aceptado por todas las facciones palestinas y reconocido por la comunidad internacional, incluyendo a Israel y los Estados Unidos.

Se deben empezar y concluir, en un plazo de tiempo razonable, unas negociaciones de paz serias basadas en la creación de dos estados como solución al conflicto.

Hamás debe comprometerse formalmente a aceptar el acuerdo de paz alcanzado con estas negociaciones.

Las preocupaciones legítimas de Israel sobre su seguridad deben ser abordadas.

Se debe abrir el puerto de Gaza y permitir a la Franja y a todo el Estado de Palestina importar y exportar mercancías.

No tiene sentido tratar de “resolver” cada uno de estos problemas por separado. Deben ser resueltos en conjunto. Se pueden resolver en conjunto.

A menos que queramos ir dando vueltas y vueltas, de un “asalto” al siguiente, sin esperanza ni redención.

“Nosotros”, israelíes y palestinos, unidos para siempre en un abrazo de guerra.

O hacer lo que Sansón hizo: suicidarse.

Publicado en Gush Shalom | 16 Agosto 2014 | Traducción del inglés: Fátima Hernández Lamela