Entre Pinto y Valdemoro

Publicado por

Lucía El Asri

@LuciaElasri

Periodista (Madrid 1991) . Vive en Madrid. Actualmente es responsable de contenidos en el departamento de comunicación de U-tad, Centro Universitario de Tecnología y Arte Digital.

Publicado el 29 Nov 2014

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Madrid

 

Si hablamos de Madrid más de uno pensará en Lavapiés. Es lógico, lugar bonito y pintoresco donde los haya. Pero ese no es mi barrio. Yo vivo mucho más al sur, en un pequeño pueblo que bien podría confundirse con barrio también y que, por lo pronto, es igual de llamativo aunque mucho menos multicultural – hasta que llegó mi padre, uno de los primeros extranjeros que habitó Torrejón de Velasco. No somos más de 3.000 o 4.000 personas y tenemos el privilegio de haber contribuido a colocar las cosas “entre Pinto y Valdemoro”. Porque sí, estamos ahí mismo.

Nuestra vida gira en torno a la plaza, circular y con soportales, que antes se utilizaba para torear. Más allá de ella las calles son tristes, habitualmente vacías y apagadas, aunque con mucho encanto. Quien más y quien menos todos se conocen, aunque últimamente se nos empiezan a escapar los “forasteros”, como los llaman los que son de aquí desde siempre (vamos, aquellos que incluso nacieron en la casa de sus padres).

Aprovechan para recordarnos que hasta hace bien poco las ovejas aún paseaban en rebaño por nuestras calles

La gente del lugar se enorgullece del pueblo por ser “el que tiene más terreno de la zona”. Otros, los de Torrejoncillo (Torrejón de la Calzada, apenas a dos minutos de nosotros), aprovechan cualquier oportunidad para recordarnos que hasta hace bien poco las ovejas aún paseaban en rebaño por nuestras calles, que muchos de nuestros vecinos aún se dedican a la recogida de patatas, que en muchas épocas del año olemos a cebolla, que a día de hoy los Mercedes se cruzan con tractores o que, aunque nuestras fronteras conectan con casi todos los pueblos de la zona, estamos prácticamente incomunicados. Literal: tenemos un autobús cada hora punta (y entre semana), por suerte.

Por cierto, volviendo al tema de los toros, somos (o son) muy taurinos. Tanto que tenemos en el pueblo a dos lidiadores de prestigio y por aquí ha paseado más de una vez Ángela “la torera” y muchos son los jóvenes que quedan para disfrutar de una tarde en el campo y que en las fiestas corren los encierros y hacen “recortes”.

Otros, incluso, insisten en decirnos que somos más manchegos que madrileños porque, claro, el “camino a Esquivias” está ahí mismo. Sí, tenemos un camino que lleva al pueblo toledano. Lo cierto es que mi pueblo siempre ha sido fruto de rivalidades. Cuenta la historia que los de Illescas nos lo quemaron hace muchos muchos años y desde entonces no queremos saber nada de ellos que no tenga que ver con toros (que sí, que nos gustan mucho) y fiestas.

Los de Torrejoncillo nos robaron una virgen de oro de la iglesia y desde entonces se la tenemos jurada

Los de Torrejoncillo, por su parte, nos robaron una virgen de oro de la iglesia y desde entonces se la tenemos jurada y les exigimos que nos la traigan de vuelta. A nosotros nos encanta bajarles los humos al recordarles que su diminutivo viene de algo.

Pero es un hecho que nadie conoce nuestro pueblo ni aunque viva en Parla. A cualquiera que le preguntes te dice: “¡Ah sí!, Torrejón, ¿de Ardoz, verdad? ¿o de la Calzada? No, ninguno de esos. Pero los “torrejoneros” o “torrejonenses” (la verdad es que ni nosotros sabemos cuál es nuestro gentilicio) estamos orgullosos de serlo. Y de ir andando a la Santa Juana cada 9 de marzo. Y de haber conocido la taberna de Clara. Y de saber dónde están los pisos de “El Cholero”. Y de haber comprado gominolas en el kiosko de Fidel y de la Jose. Y de Andrea “La Gata”. De hecho no eres de Torrejón de Velasco si no sabes quién es ella o, mejor dicho, si ella no sabe quién eres tú y qué has hecho en las últimas 24 horas, si no ha ido a tu boda o a la comunión de tu hijo.

Pero tampoco eres de Torrejón de Velasco si no has ido andando o en bicicleta hasta “La Fuente de la Teja” y si no te has lanzado por el monte cuesta abajo (más de uno ha acabado gravemente herido en el hospital). O si no te han tirado al pilón de la fuente, si no has tenido de profesor a Don Jesús o de médico a José Luis “el practicante”, o si los mismos que te robaron la radio del coche no te la intentaron vender después.

También nos enorgullece utilizar brasero (del de carbón). Y que el pueblo huela a leña quemándose. Y conocer a “Los Rocha” (estos, por cierto, gente muy maja… lo sé por propia experiencia), tener un arroyo seco, el Cerro de los Batallones, y que la lluvia nos moje en las fiestas de octubre justo cuando sacan a San Nicasio en procesión. Aunque dicen los mayores que un año decidieron mover las fiestas a junio para evitar la lluvia… y llovió igual.

En nuestro castillo, una joven princesa fue emparedada, y varios equipos de psicofonías aseguran escuchar sus llantos

¡Ah!, y siempre que hacemos cualquier comentario de nuestro pueblo añadimos “y tiene castillo y una iglesia enorme, bonita y antigua”. En frente de ese castillo suele ser habitual encontrar a varias personas de cuando en cuando mirando hacia la fachada principal. A parte del escudo de armas (visible), se supone que hay tres estrellas de colores que todos tratan de encontrar. Aunque si soy sincera yo nunca las he visto. Y eso que me he quedado muchas veces mirando y mirando…

Como no podía ser menos, en todos los pueblos de la España profunda hay leyendas y en el nuestro también. Cuentan los antiguos que, precisamente en nuestro castillo, una joven princesa fue emparedada cuando era joven. Ahora sale cada noche para llorar su desdicha. Sí, muchos la han escuchado. Por eso, y también según cuentan las gentes del pueblo, han sido varios los equipos de investigación que han hecho psicofonías y que aseguran escuchar sus llantos. De momento, y dando gracias, aunque yo vivo muy cerca nunca he oído nada extraño.

Todas las casas del pueblo están conectadas entre sí mediante galerías subterráneas de la guerra civil

Algo que es digno de mención es que todas las casas del pueblo están conectadas entre sí mediante galerías subterráneas que fueron construidas por los republicanos durante la guerra civil. Y, por supuesto, esas cuevas conectan nuestro pueblo con todos los demás. Algunos osados han bajado a ellas y han vuelto a la superficie con el estómago revuelto al ver huesos abandonados desde hace tantos años. Más allá de una emocionante historia de guerra cabe decir que algunas de esas cuevas están provocando que las casas de algunos de nuestros vecinos estén bajo peligro de derrumbo.

Como he dicho antes todos nos conocemos. Quien no es vecino es primo y quien no tío o novio. La cosa llega a tal punto que nadie vota según sus ideologías políticas sino por amiguismo – salvo algunos casos, claro. Vamos, que los alcaldes del pueblo salen elegidos porque “nos caen bien”, porque “hemos estudiado en el colegio” con ellos o porque son “buena gente”. Y luego pasa lo que pasa, que Torrejón de Velasco se hace famoso a nivel nacional vinculado a la Operación Púnica. Sí, nuestro exalcalde (hasta hace pocos días alcalde de pleno derecho), Gonzalo Cubas, es cuñado del mismísimo Francisco Granados. Y sí, nuestro exalcalde es uno de los implicados en la trama que ha conmovido a España y a mis vecinos durante varias semanas.

Y, precisamente porque todos nos conocemos, es inevitable no enterarse de lo que se cuece. De hecho, por muy periodista que seas más de uno te ha gritado alguna vez: “¡¿pero no te has enterado de lo que le pasó a la tía de la vecina de la hija de…?!”, “¡Pues vaya periodista que eres!”

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