Donde reside la esperanza

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Publicado el 21 Ene 2017

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A medida que los llamamientos a las protestas reciben cada vez más atención por parte de los medios de comunicación y de los ciudadanos que durante tanto tiempo los han ignorado, comienzan a surgir muchas preguntas relevantes sobre la trayectoria de Egipto hasta el momento. La situación actual de Egipto es posiblemente la más desalentadora de toda su historia reciente.

Dejando a un lado el gran número sin precedentes de abusos de los derechos humanos, es obvio tanto para los residentes como para los espectadores que la economía de Egipto se dirige rápidamente hacia el colapso financiero. La clase dirigente del país se esfuerza cada vez más en mantenerse a flote, al mismo tiempo que la esperanza, buscada durante tanto tiempo, de una estabilidad política se vuelve cada vez más frágil.

Las decisiones las toman funcionarios no elegidos democráticamente de los cuerpos de seguridad

Lo que hace que esta situación sea aún más trágica no es la falta de esperanza, sino su presencia fugaz. El camino de Egipto hacia la recuperación económica ha estado claro desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los intereses económicos de los legisladores han torpedeado cualquier voluntad política de recorrerlo. Dejando a un lado las cifras económicas, las perspectivas futuras se basan ante todo en la confianza. A medida que las condiciones del país empeoran y los intereses de la élite política se hacen cada vez más transparentes para el ciudadano medio, la confianza en la directiva actual de Egipto se marchita.

Los males económicos de Egipto no son otra cosa que los síntomas de sus achaques políticos, y éstos requieren una cura urgente. Egipto necesita emprender reformas políticas inmediatas para establecer un sistema capaz de llevar a cabo proyectos a largo plazo que sean beneficiosos para el futuro del país.

En este momento, la mayoría de las decisiones las toman funcionarios no elegidos democráticamente que pertenecen a distintos cuerpos de seguridad. Dichos funcionarios tienen tres motivaciones fundamentales: su propios intereses particulares, la protección del régimen actual y un plan de venganza contra los islamistas y la oposición laica. Sus decisiones no se supervisan. Los miembros del Parlamento, cuidadosamente seleccionados, actúan más como representantes de los organismos de seguridad que del pueblo.

Cuando el Ejército hace negocios, no paga impuestos, y usa a reclutas mal pagados

Del mismo modo, todo el sistema político carece de un sistema de separación de poderes. No existe la posibilidad de enfrentarse a los dirigentes sin pagar un alto precio. El auditor de mayor rango de Egipto, Hisham Geneina, fue destituido de su puesto tras hacer unas declaraciones sobre los hallazgos de su informe que evidenciaban una corrupción masiva. En teoría, eso debería haber puesto en marcha una investigación dentro de los órganos de gobierno acusados de llevar a cabo irregularidades financieras, pero ocurrió justo lo contrario y Geneina fue enviado a juicio.

La ausencia de un sistema de control también ha corrompido el mercado financiero de Egipto. Aunque el Ejército ya lleva mucho tiempo implicado en la economía del país, es ahora cuando está más involucrado en la política que nunca. Esto significa que los generales controlan toda la participación del Ejército en las licitaciones públicas, así como la participación en el mercado de todas las empresas que no son propiedad militar. Por lo tanto, no es solo el imperio económico del Ejército lo que afecta al mercado, sino la total hegemonía que posee sobre las políticas económicas y comerciales.

Muchas empresas civiles son subcontratadas por el ejército, pero no tienen recursos para litigar contra éste si sufren algún tipo de extorsión o si sus pagos se retrasan. Cuando el Ejército hace negocios, no paga impuestos; usa a reclutas mal pagados, y su presupuesto no recibe supervisión por parte del Parlamento. Incluso si el ejército produce bienes o lleva a cabo proyectos de construcción a un coste inferior, no hay forma de asegurar que las ganancias obtenidas se volverán a invertir en la economía. Todo el dinero se saca del ciclo monetario.

Las empresas privadas tienen que competir con industrias militares que no tienen que pagar mano de obra, impuestos, tasas de aduana o transporte, y que no tienen problemas a la hora de encontrar divisas para cerrar acuerdos con socios en el extranjero. Sin ninguna duda, este convenio no tiene en cuenta un crecimiento económico a largo plazo.

La esperanza de Egipto reside en la capacidad de enfrentarse a estas políticas gubernamentales, económicas y sociales. Egipto debe priorizar los intereses del país antes que los de unos cuantos individuos que disfrutan de impunidad o de gratificaciones corruptas.

El Ejército debe distanciarse gradualmente de su papel hegemónico en la economía

Para hallar esperanza, se debe restaurar la confianza en el proceso y en la cúpula política que dirige el país. Hay que dar una oportunidad a dirigentes inteligentes y competentes. En términos concretos y factibles, la esperanza reside en un Parlamento compuesto por representantes del pueblo elegidos por éste que estén dispuestos a enfrentarse al gobierno, en la liberación inmediata de todos los presos políticos (cuyo número se estima en torno a decenas de miles) y en derogar la fallida Ley de Protestas. Debe terminar el acoso a la sociedad civil, para que esta pueda ser enérgica y capaz de enfrentarse al abuso de poder, y debe respetarse la Constitución a la hora de afrontar todas las decisiones y medidas extrajudiciales llevadas a cabo por los funcionarios del Estado.

Es en estos pasos donde reside la esperanza para inculcar confianza a corto plazo, pero para que pueda tener alguna posibilidad de éxito, se requiere mucho más. El Ejército debe distanciarse gradualmente de su papel hegemónico en la economía y permitir a las empresas operar en un mercado financiero que sea justo y próspero. Tiene que haber también un compromiso por parte del Gobierno para acabar con la brutalidad policial y trazar una reestructuración organizativa que cuente con una supervisión significativa. La Judicatura debe también acabar con los fallos punitivos al servicio del régimen.

Una convención juvenil más realista habría tenido que celebrarse en las cárceles

La juventud de Egipto, su recurso y su símbolo más importante para el futuro, se ve expuesto al acoso en lugar de experimentar aceptación. Muchos jóvenes sufren difamación, encarcelamiento, marginación o simplemente desaparecen. En lugar de involucrar a este sector de la población, el régimen opta por una convención juvenil ostentosa en Sharm El-Sheikh. La reunión fue considerada por muchos como un insulto al verla como un intento de tapar los abusos sistemáticos cometidos diariamente contra los jóvenes egipcios.

Una convención juvenil más realista habría tenido que celebrarse en las cárceles donde se encuentran retenidos muchos jóvenes ilustrados políticamente. Como resultado de esta asamblea más legítima habríamos visto reaparecer a muchos jóvenes egipcios forzosamente ‘desaparecidos’ , para que volvieran a casa con sus familias.

La retórica vacía y la obstinación es la alternativa del régimen a un cambio significativo. Las falsas promesas de un futuro mejor sólo consolidan a Egipto cada vez más en su trayectoria fallida. El futuro de Egipto reside en invertir en los jóvenes y en su responsabilidad; todas las esperanzas puestas en que la trayectoria de Egipto va a cambiar milagrosamente sin llevar a cabo ninguna reforma son completamente falsas.

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