«Estoy hasta los cojones de tanta bandera»

Robe Iniesta

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 17 Oct 2017

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Robe Iniesta | © Eduardo Navarro / Cedida
Robe Iniesta | © Eduardo Navarro / Cedida

Sevilla | Octubre 2017

La cosa empieza mal:
Robe Iniesta (Plasencia, 1962) no comparece puntual a la cita telefónica. Después de algunas gestiones, su voz suena algo rota al otro lado del teléfono. “Aquí estoy de pastillas de todos los colores, se me había olvidado la llamada”, se disculpa. ¿Vuelta a los tiempos salvajes? Nada de eso. Las pastillas (“y las infusiones”) son para curarse del resfriado que ha puesto en peligro la cita del sábado en Sevilla, donde presentará su último disco, Destrozares.

Pero el Robe de 2017 es muy diferente al rockero empeñado en vivir en la cuerda floja de los primeros años de Extremoduro, la banda que le hizo célebre. Ha madurado la persona y el músico, por más que se mantenga en ambos ese aura de poeta maldito que hace las delicias de sus numerosos seguidores. Tampoco ha cambiado su costumbre de hablar sin pelos en la lengua de lo que le indigna y le preocupa.

Usted viene de una tradición de rock con rebeldía, con mensaje. ¿Hay cada vez menos espacio para el mensaje entre tanto entretenimiento?

«Voy un poco al contrario de la tendencia, cada vez ofrezco más mensaje»

Puede que sí, al menos bandas de rock cada día salen menos, los únicos grupos con mensaje tal vez sean los de hip hop, pero en todo caso son cosas minoritarias. Lo mayoritario ahora es la música bailable, más que otra cosa, el reggaetón, el perreo… Canciones que no tienen mensaje, y las que lo tienen, te cagas.

¿Usted, en cambio, apuesta cada vez más por las letras con contenido?

Sí, la verdad es que no sé si lo que hago ahora es rock, pero sí sé que es transgresivo. Voy un poco al contrario de la tendencia, cada vez ofrezco más mensaje. Lo que pretendo y siempre he pretendido es hacer pensar a la gente

En su música, con el tiempo, parece haber menos rabia y más amor. ¿Es eso madurar bien?

Bueno, no sé, ojalá sea eso, ojalá haya madurado bien. Pero rabia sí que hay, sobre todo en este último disco. Ahí pongo mis carencias, mis errores, mi mala leche, mis momentos de cabreo… No pienso que lo mejor que podría ocurrir sería que hubiera ahora una guerra nuclear, pero sí hay rabia.

“La única bandera / son sus bragas negras”, canta en uno de los últimos temas. Antes había hablado en otra canción de que “las banderas de mi casa son la ropa tendía…” Tantas banderas estos días en la calle, ¿qué le producen?

Pues estoy un poco hasta los cojones de tanta bandera, ¿no? En España y en el mundo tenemos problemas más acuciantes. Esto de llenar los balcones y de salir a la calle todo el mundo con su banderita me parece demasiado, me da la impresión de que la gente se lo está tomando a la tremenda. Estamos en el siglo XXI, y estas cosas no deberían hacerse con tanta crispación.

El hecho de vivir cerca de una frontera, ¿le ha enseñado algo? ¿Hay algo de portugués en los extremeños?

«Me queda Portugal bastante lejos; llama la atención el poco intercambio cultural que hay»

Quizá en algunas partes se hayan sentido más cercanos a Portugal, pero piensa que Extremadura son solo dos provincias, pero muy grandes a lo largo y a lo ancho. Los pueblos muy pegados a la frontera sí pueden sentirlo más cercano, pero a mí me queda Portugal bastante lejos, aunque esté cerca. Y no sé por qué, llama la atención el poco intercambio cultural que hay. El idioma es parecido, la gente es la misma, pero aunque los grupos tocamos por todas partes, allí no lo hacemos nunca, ni los grupos portugueses vienen a tocar aquí. Siempre ha sido una frontera muy cerrada.

La Humanidad es un concepto permanente en su obra, pero siempre desde una óptica bastante fatalista. ¿Le da pocas razones para el optimismo?

Parece que sí, me dicen que me he puesto muy pesimista con el último disco, aunque no sé si me he puesto más bien realista. Los problemas de siempre siguen ahí e incluso se hacen más gordos, y vienen problemas nuevos. No vamos por buen camino. Yo no soy capaz de plantearme un tema y componer sobre él: o me sale o no me sale. Destrozares lo compuse en un momento muy concreto, justo después de acabar el álbum anterior, por eso quizá ha salido más conceptual, y más apocalíptico, porque es difícil evadirse de lo que pasa y cantar a la alegría. Pero tampoco puedes estar siempre preocupándote por todo, claro. Si nos tomamos en serio todos los telediarios, nos volvemos locos o nos deprimimos.

El disco se subtitula Canciones para el final de los tiempos. ¿No siente que sean estos mejores que los 80 en los que empezó?

Bueno, es verdad que los 80 y los 90 fueron difíciles. Ahora veo a la juventud más sana en algunos aspectos, pero muy perdida en otros. Por ejemplo, todo esto de internet, de lo virtual, es algo muy nuevo, no ha pasado ni una generación para tener perspectiva. Es como en los 80, no habíamos visto aún a yonquis hechos polvo, pero con el ejemplo que le dimos a los chavales tenemos hoy unos jóvenes más sanos. Pero en esa vida virtual se confunde lo real y lo irreal. Estoy un poco preocupado con eso, los veo demasiado empeñados en grabar los conciertos y subirlos, si no, es como si no lo hubieran vivido. O en tener muchos amigos que no conocen, ignorando las relaciones normales, cara a cara.

¿Es por eso que quiso prohibir los móviles en sus conciertos?

«En el aire libre tampoco me gustan los móviles, no sé por qué cojones la gente nos graba»

Es una batalla que tengo, pero bueno, tampoco quiero ser intransigente. Lo cierto es que hemos tocado en teatros, y ahí hay que respetar un poco más. No puedes estar metiendo luces por todas partes, haciendo ruido… La música ahí es más para escuchar. En el aire libre, qué quieres que te diga, tampoco me gustan los móviles, no sé por qué cojones la gente nos graba. Nosotros sacamos luego vídeos bien editados para que la gente tenga el recuerdo, así que me parece una estupidez eso de querer grabar una canción de cualquier manera.

¿Siente algún otro rechazo relacionado con las nuevas tecnologías?

Creo que la publicidad está haciendo ahora un daño que no ha hecho a otras generaciones. Hay cosas que parecen gratis y no lo son. Ves un anuncio en la tele con los payasos de Telefónica, que te muestran un concierto, todo el mundo con los brazos en alto, y te dicen: si te compras tal cosa, tú vas a ser el primero en colgarlo en la red. Y los chavales se dejan engañar, porque los conciertos no son así, son para disfrutar del presente, para llevártelo en los ojos y en la cabeza. Como si necesitaras que la gente lo vea y lo crea… No entiendo ese afán.

¿Cree que la publicidad de antes era menos manipuladora?

Era más clara, la de ahora es más subliminal. Y los chavales han crecido acostumbrados a ella. Yo le pregunté a uno si Facebook tenía publicidad, y se quedó pensativo, “creo que no”, me dijo. Se lo comen y no se dan cuenta, hay muchos sitios donde te comes la sopa que te han preparado. Y no puedes pensar que eres inmune frente a eso. Estas generaciones están abrasadas por la publicidad y por el mundo que se les muestra en la tele. Todo es consumo.

¿Se le ocurre alguna solución?

Yo creo que la libertad de expresión aquí debería estar coartada. Sí, como lo oyes, a mí me parece bien que cada cual diga lo que quiera, pero no puede ser que gente de todas las edades esté expuesta a la publicidad todo el día. Especialmente a una edad en que tu cabeza es más delicada. Eso es un pasote.

Hablando de libertades, algún compañero suyo se ha quejado de censura y de boicot por parte de ciertos ayuntamientos, incluso de persecución. ¿Usted ha sufrido alguna vez algo parecido?

«Siempre hay ayuntamientos que no te dejan tocar, o que te ponen mil zancadillas, que es peor»

Sí, claro. Siempre hay algún tonto que quiere darse publicidad a costa tuya, siempre nos ha pasado. Ayuntamientos que no te dejan tocar, o que te ponen mil zancadillas, que es peor. Y hay que saber que casi todos los sitios grandes son de los ayuntamientos. En Plasencia hubo un alcalde al que echaron del PP por facha, que no nos dejaba tocar ni a nosotros, ni a Dover, que cantan en inglés. ¡Y todo el mundo traduciendo las canciones de Dover, a ver qué coño decían! [risas] A mí todas las opiniones me parecen respetables, pero acuérdate que tenemos un gobierno que lo primero que hizo fue la Ley Mordaza. No puede ser que con los problemas que tenemos haya gente ocupada en un chiste sobre Carrero Blanco o qué. Son ganas de salir en la prensa, no lo entiendo. O de joder la marrana.

Renunció a una subvención de 42.000 euros del ayuntamiento de Plasencia para un concierto suyo. ¿Por qué lo hizo?

Cuando me enteré de esa cantidad, dije que no podía ser. No estoy en contra porque fuera mi pueblo, aunque algunos esperaban que lo hiciera por eso. Soy consciente de que en un pueblo pequeño a veces no puedes hacer cosas sin subvención, sobre todo si tienes un aforo reducido o quieres poner un precio barato en taquilla. Pero hay muchas maneras de verlo. Si tocas con una entrada cara, de 30 o 35 pavos, con un aforo suficiente para ganar dinero si lo llevas, entonces no entiendo que haya que dar esa cantidad. No es que se trate de un engaño, porque es muy difícil hacer las cuentas de un concierto antes de que pase. Y más en Extremadura, donde en las ciudades hay menos gente joven, las distancias son grandes entre un pueblo y otro…

Recibió la Medalla de Extremadura. ¿Pensó en algún momento en renunciar a ella, en rechazarla, viniendo de los políticos a los que ha fustigado?

Claro que me lo pensé, todo hay que pensarlo. Pero quise creer que si esos políticos querían dármela era porque eso era lo que la gente quería, y los políticos siempre quieren agradar a las mayorías. No quise hacer el feo a esas personas, por eso lo acepté. Pero no recogí la medalla de un partido, sino del presidente de Extremadura, me da igual del partido que sea. Y no creo que tengas que esperar a que haya un político que no sea corrupto para aceptar un premio así. ¡Si no, tendría que esperar hasta que el presidente de la Junta fuera Rosendo!

Introducir en su banda un violín o un clarinete, ¿puede ser considerado alta traición por algunos fans de Extremoduro?

«No puedes querer que toque Deltoya ahora. Si querías eso, tendrías que haber ido entonces»

Son cosas que no me preocupan. Un artista no puede hacer lo que la gente quiere, sino lo que le motiva. Puede que haya quien crea lo que dice la canción, “Perdí la dignidad y el sentido del honor…”. Yo no busqué esos instrumentos, busqué sorprenderme. Si no te sorprendes a ti mismo, no puedes sorprender a los demás. Yo conocía al batería, le pregunté por músicos y me habló de David, que toca el clarinete y el saxo, y luego de Carlitos, violín, y me pareció estupendo. El único instrumento buscado fue el piano, para rellenar, para juntarlo todo, y el acordeón. Pero me lo he pasado muy bien, experimentando, viendo que se pueden hacer cosas muy bonitas. No sé si es rock, pero tiene mucha intensidad y mucha marcha.

Quizá el público ha madurado en ese sentido, y ya no necesita que todo lleve la etiqueta ‘rock’ para aceptarlo…

Es que esas son cosas sobre las que no mando. Ni sobre esto ni en mi corazón. Salen de una manera o de otra, pero las cosas las tienes que sentir, no hacerlas porque se lleve un determinado tipo de música. Por eso también empecé esta historia en solitario –que no es en solitario, la hago con una banda–, porque tenía ganas de hacer algo sin que la gente espere nada de ti. Con Extremoduro la gente quiere encasillarte, pero yo necesitaba algo nuevo para oídos nuevos. Extremoduro está ahí, estuvo y estará cuando acabe lo que estamos haciendo, solo depende de que tengamos canciones y ganas. Pero no puedes querer que toque Deltoya ahora. Si querías eso, tendrías que haber ido entonces a oírnos, ahora es tiempo de otra cosa. No puedo vivir tu presente.

Todo lo contrario de canciones fosilizadas, ¿no?

«No puedes estar en un escenario y pensar solo lo que tienes en la nevera, sin cosas nuevas»

Todo lo contrario. Mola mucho que todo el mundo se venga arriba cuando tocas los viejos temas, pero no vives solo de eso. Debes hacer cosas que gusten en el presente, eso es importantísimo. Al principio era lo que más miedo me daba, pero también lo que más ilusión me hacía. Y ves cómo la gente responde.

La mejor canción de Robe Iniesta, ¿es siempre la que está por llegar?

Sí, por supuesto, y no lo digo porque quede bonito. Cuando hago una canción, creo que es la mejor. Si no, malo. Si creo que es mediocre, probablemente se quede atrás.

O sea, que si le piden Jesucristo García…

¡Lo mismo lo evito! Esta gira al menos no es para esas cosas. Una cosa es guiñar a Extremoduro, y otra… Mira, yo no quiero ser como los Rolling, AC/DC y esos grupos. Los respeto, pero tengo que evolucionar o me aburro. No puedes estar en un escenario y pensar solo lo que tienes en la nevera, sino sacar cosas nuevas y ver cómo cambian en la gira, cómo las va asimilando todo el grupo. Esa Jesucristo García, cantada ahora, no va a ser lo mismo, es como el agua que corre. Ni tú eres el mismo, ni se toca igual, ni yo voy a volver a la era del caos, a cantar casi sin cantarla, o a hacerlo tirado en el suelo. Y lo de ahora es igual: si no vienes, te lo perderás. Los conciertos son un momento único por eso. A lo mejor te gusta ver una foto con tus amigos de hace diez años, pero un concierto es para comérselo en el momento.

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